Periodismo
Alfonso Ussía y Elisa Beni. PD

Cachondeo del bueno este 8 de agosto de 2018 en la contraportada de La Razón con el artículo del siempre genial Alfonso Ussía. En esta ocasión, el objeto de su invectiva es la periodista Elisa Beni, colaboradora habitual de Antena 3 y laSexta que celebró la salida de la cárcel del sanguinario Santi Potros.

Ussía, que podía haber tirado perfectamente de palabras gruesas contra la tertuliana, ha optado por darle a su texto un tono irónico que casi es más hiriente para una Beni que no deja de estar en el centro del huracán por meterse de hoz y coz en todas las polémicas (y además siempre hacia el mismo lado):

Dice Ussía que:

A medida del paso del tiempo, las ilusiones menguan y se entregan a los hábitos. La vida deja de ser una sorpresa y pasa a constituir una costumbre. Mis sueños, hoy por hoy, están sujetos por la medida. Uno de ellos, sin duda alguna, es el de conocer personalmente a la gran humanista e intelectual de La Sexta, Elisa Beni. Creo que supera en bondad a la misma Pilar Urbano, si bien no ha recibido todavía el reconocimiento episcopal. Elisa Beni, esa flor fresca que crece en los rastrojos, me ha dado en veinticuatro horas una lección de beatitud, capacidad de reflexión, gozo por el perdón y torrencial misericordia, que hoy, cuando escribo, lo hago avergonzado. Insisto en mi desilusión de no conocerla personalmente, y en la posibilidad, nada remota, de no conseguirlo jamás. He leído todos sus libros, pero no me he atrevido a llevarle un ejemplar a la Feria para que me lo firme.

Aclara el columnista que:

Me sucede con los intelectuales que admiro. No tengo ningún libro dedicado de Elisa Beni, y me hiere la situación. De Pilar Urbano guardo uno como oro en paño. Se trata del libro que escribió en homenaje a Baltasar Garzón, el juez condenado por prevaricador. Pilar sabe dar la vuelta al tópico y lo convierte en un afanoso trabajador en pos de la justicia social en España. Y la dedicatoria es preciosa. «A Francisco López-Tabladés, con cariño y simpatía». Sucedió algo terrible. Al fin, un día me atreví a hacer cola en un Corte Inglés en el que firmaba ejemplares de su magna obra nuestra santa en vida. Cuando llegué hasta ella, la estancia redobló su luz y se iluminó. Alguien del Corte Inglés se refirió al derroche energético, pero comprendió que aquella luz no procedía de Iberdrola, sino directamente del Cielo. Con una dulzura que no cabe en descripción humana, y una sonrisa que le mantenían dos angelitos regordetes que revoloteaban sobre su cabeza, me preguntó: -¿Cómo te llamas?-. Y yo, nervioso, sin tino, mientras me alzaba y arrodillaba ante la santa en vida le respondí lo más absurdo que he contestado en mi vida a una pregunta tan directa y concreta. -¿Mi nombre? Francisco López Tabladés-. Y de tal guisa me lo dedicó.

Asegura Ussía, con mucha coña, claro, que hay que reconocer el trabajo complicado de la 'beata' Beni:

El pasado 7 de agosto se publicó un artículo bajo mi firma que era la síntesis de la rabia, de la venganza, del odio a un pobre pecador de Lasarte que en sus peores momentos asesinó directamente o planeó matar a cuarenta inocentes. Yo pedía para él la venganza y el rechazo. Pero he leído que la gran humanista e intelectual Elisa Beni, con esa voz de fruto maduro, de melocotón temprano, de puré de patata de Robuchon; esa voz que jamás se altera ni cambia de tono o ritmo, ha reconocido sentirse feliz por la libertad del travieso Santi Potros, porque -según ella-, cuarenta años en la cárcel son inhumanos. La santidad no es fácil. Lo cómodo es lo mío, que deseo para el terrorista las vivencias más terribles y desoladoras.

La santidad, y en este caso, el sosiego intelectual y anímico resplandecen cuando una intelectual como Elisa Beni se sitúa del lado del malvado para trasladarle el perdón de una parte de la sociedad. No he tenido fuerzas para ver su bella intervención en directo. «In vídeo véritas». Pero sí he conseguido leer el resumen de sus palabras, y me considero afortunado de ser parte de una sociedad que cuenta entre sus miembros a una santa civil de esa envergadura. Con su defensa permanente del denostado injustamente monseñor Setién, Pilar Urbano alcanzó la santidad religiosa, en tanto que Elisa Beni, ha recogido la antorcha de la beatitud como santa civil. Lo propongo a los responsables del Protocolo del Reino. A partir de ahora, los santos religiosos en trance de ser canonizados en vida, ocuparán sitial de honor a la derecha de las autoridades, y los santos civiles, como Elisa Beni, a la izquierda de jerarquías y potestades. Me ha llegado al alma su reflexión y su apertura hacia el perdón. «Cuarenta años de cárcel son inhumanos». Ello significa, que cuarenta asesinatos están bastante bien, que se puede mejorar la marca. Azoto mi cuerpo y siento el placer del buen castigo. ¡Santas!