Periodismo
Carlos Herrera. COPE
La Constitución cumple 39 años el día después de que el juez Llarena retirara la euroorden de detención sobre Carles Puigdemont

La retirada de las órdenes europeas de detención y entrega cursadas por la juez Carmen Lamela contra Carles Puigdemont y otros cuatro fugados es un sorprendente y audaz golpe de mano del magistrado Llarena contra la estrategia política del expresidente catalán ante la Justicia belga.

Con esta decisión, el Tribunal Supremo evita cualquier riesgo de que el juez belga que tenía que decidir sobre la euroorden la concediera sólo por delitos leves, como el de desobediencia.

La Justicia española habría tenido que acatar esa mutilación de acusaciones contra Puigdemont rompiendo así el juicio conjunto por todos los delitos cometidos con conexión por los responsables del proceso de ruptura unilateral de Cataluña con España.

Sin orden de detención, desaparece la coartada de la persecución política y Puigdemont queda, como personaje de su tragicomedia, reducido a un cobarde que no ha tenido la decencia de asumir los riesgos que sí han asumido sus compañeros de delincuencia separatista.

Además, el juez Llarena ha puesto a todos los fugados en Bélgica ante la alternativa de permanecer indefinidamente en fuga o de venir a España para enfrentarse a una segura prisión provisional y a un juicio por todos los delitos por los que están siendo investigados.

Y si no viene, Puigdemont no podrá tomar posesión de ningún cargo político, lo que rematará su proceso imparable de ostracismo político.

El auto de Llarena demuestra que, desde la más estricta legalidad, es posible para la Justicia española gestionar con inteligencia los riesgos de la situación procesal creada por los delitos denunciados por la Fiscalía General del Estado.

El principal de ellos era que la Justicia belga recortara hasta la irrelevancia las acusaciones por las que podría ser juzgado Puigdemont. Todo apuntaba a que esta hubiera sido la decisión que habría notificado el 14 de este mes el juez de Bruselas encargado del caso.

El fiscal belga ya había excluido de la euroorden contra Puigdemont el delito de prevaricación.

Además, no era fácil encajar en la legislación penal de Bélgica otros delitos como el de rebelión. Todas estas amenazas contra la posibilidad de juzgar a los prófugos por todos los delitos han desaparecido con el auto de Llarena.

Puigdemont no ha mejorado su situación. La ha empeorado claramente porque ya no tiene término medio entre vivir como un prófugo o encarar un juicio que puede llevarle a prisión por más de 25 años.

El expresidente de la Generalitat iba de listo y se ha topado con una Justicia, la española, que ha demostrado que lo es más que él.

Y que además ahora acumula más experiencia para prever cómo actúan algunos jueces belgas y proceder, desde el principio, en consecuencia.

Con ese telón de fondo, ha arrancado Carlos Herrera su filípica cotidiana este 6 de diciembre de 2017 en la Cadena Cope:

"Señoras, señores, me alegro, buenos días...

  • Hoy es el día de la Constitución y hoy cumple 39 años. Seguramente el año que viene vamos a decir lo mismo que hoy, que es también lo mismo que dijimos el año pasado: que esta Constitución es la que nos ha dado el periodo más largo de estabilidad política, con todos sus defectos, y de progreso, a la nación española.
  • Han sido 39 años en los que esa Constitución que ya se preocuparon los constituyentes de hacerla difícil de reformar, para evitar las cosas que normalmente pasan en España -si quieren les recuerdo el siglo XIX lo que era-, ha sentado unas bases que probablemente habrá que reformar. Todo hay que reformarlo en la vida: los pueblos, las constumbres...
  • Las cosas evolucionan y hay que ajustar las normas elementales a las nuevas tradiciones y a las nuevas formas de vida de las sociedades. Eso, todas las constituciones del mundo lo hacen. Y la Constitución Española claro que hay que reformar algunos asuntos, adaptarlas a las necesidades, para que siga siendo una vía de progreso para la sociedad española.
  • El problema es que también es un lugar común hablar de la reforma de la Constitución y luego no decir en qué. Porque, más que otra cosa, esa reforma pendiente de la Carta Magna, se ha convertido en un eslogan político.
  • Está muy bien reformarla, pero ¿tiene usted la bondad de decirme en qué? Porque todos los que dicen que hay que reformar la Constitución dicen que sí, que hay que hacerla más federalizante... pero eso qué es. Y, exactamente, en qué artículo y con qué redacción se reforma.
  • Los españoles en el siglo XIX conocimos la del 12, la del 34 fue el Estatuto Real, aquello no sirvió. La del 37 es la que empezó a garantizar algunos derechos, la del 45, la del 69 -fíjense que les estoy hablando de constituciones que tienen seis, siete años de diferencia entre cada una de ellas- viene después de 'La Gloriosa', la revolución del 68, que es la primera que se redacata con una asamblea elegida por sufragio universal.
  • Hubo una en el 56 que se la cargó el general O'Donell y la del 73, que fue la de la Primera República, pero como aquello era un cachondeo... La de la primera República decía que España eran 17 estados y que cada uno tenía su propia constitución y duró lo que duró. Y luego la del 76 que fue a la vuelta de Alfonso XII cuando se restaura.
  • Desde la 1812, que supuso la gran novedad de todas las constituciones, las demás han sido equilibrios entre liberales, conservadores, progresistas, etc, muy de péndulo. Pero la de 1812 es la primera que la soberanía no la pone en la monarquía sino en la nación, y además se determina que es una nación de libres e iguales.
  • El pueblo español no estuvo a la altura de aquella constitución hecha en Cádiz, promulgada el día de San José, por eso se llamó 'La Pepa', y el mismo pueblo, poniéndole puente de plata para que volviera el rey Fernando VII se carga aquel intento.
  • Fíjense el siglo XIX lo que fue, tantas constituciones, una república, dos reyes traídos de fuera, Amadeo y Bonaparte, una Restauración, revoluciones, tres guerras carlistas... Muy entretenido.
  • Lo que ha conseguido la Constitución del 78 es que el siglo XX, durante 40 años, haya políticamente estable. Y de la estabilidad democrática y política nace el progreso de los pueblos, no de otras cosas. A ver si las propuestas de reforma son sensatas y todos nos ponemos a ello.
  • La noticia de ayer se conocía a mediodía y, en un principio, digamos que sorprendió mucho. Parecía una noticia confusa. La noticia era que el juez del Supremo, Pablo Llarena, anulaba la euroorden de Puigdemont y su secuaces refugiados en Bélgica.
  • La primera sensación es decir pero bueno, pero qué pasa, ¿renuncia la justicia española a tener este tío a buen recaudo? Consultados diversos ámbitos jurídicos, la inmensa mayoría han afirmado que esto ha sido una jugada maestra del juez Llarena.
  • Una jugada maestra que ha provocado una euforia muy tonta, si quieren ustedes, entre los afectados. Hoy dará una rueda de prensa este hombre e igual cree que se ha librado para siempre, que la justicia renuncia a juzgarle por sedición y por rebelión.
  • Esta jugada de Llarena lo que ha hecho ha sido arruinar la estrategia de la defensa de Puigdemont y los suyos, porque lo que viene a decir es "o vienes a España, o te puedes quedar libre por el mundo. Pero no vas a recoger tu escaño". Es decir, el día 18 se constituye el nuevo Parlamento catalán. Si Puigdemont quiere ser diputado electo tiene que venir a recoger su acta, si no acude perderá el acta. Pero es que si acude será detenido.
  • ¿Y qué diferencia hay en que lo enviara Bélgica en función de la euroorden? Pues que Puigdemont estudió muy bien Bélgica. La rebelión y la sedición en Bélgica lo son si hay armas de por medio. Con lo cual podía darse que la justicia belga enviara al señor Puigdemont solo para que fuera juzgado por malversación de fondos.
  • Crearía una diferencia. Otros están en la cárcel por rebelión, sedición... Y este solamente por un delito de característica menor que hubiera solventado su prisión.
  • La crítica a la imputación de esos delitos hubiese dado argumentos a la defensa. Si Bélgica no te lo envía por sedición ni rebelión, es negativo para la causa. De esta manera, Llarena acaba con el jueguecito de Puigdemont.
  • Segundo, le da un serio revés a esa internacionalización del conflicto. Ahora mismo Puigdemont es un turista en Bélgica. Y se puede quedar de turista toda la vida si tiene medios, si sabe qué hacer y con quién.
  • Pero si quiere seguir siendo el líder, el hombre que se presenta a las elecciones que hace y deshace, tiene que venir a España. Y en cuanto venga irá a la cárcel. Y va a la cárcel no solo por malversación, también por rebelión y sedición.
  • Él pretenderá hacerse el Tarradellas durante años -ya quisiera él estar a la altura de Tarradellas en casi todas las cosas que Tarradellas hizo en su día-, pero en realidad va a ser un señor que come mejillones en Bruselas, o bien un preso cuando llegue a España que tendrá que dar cuenta ante la justicia de todas de sus cositas".