Política

De momento, ya tiene esta vieja activista por la secesión una querella en toda regla de la Fiscalía. Es la segunda autoridad de Cataluña, una mujer de armas tomar que se quedó como una momia cuando la iracunda diputada podemita, Ángels Martínez, retiró del Parlamento catalán las banderas de España.

Y no es que estuviera sedada este miércoles 6 de septiembre de 2017, sino que la presidenta del Parlament comulgaba de pleno con la iniciativa, algo que no se esforzó mucho en disimular. No en balde estuvo antaño al frente de la Asamblea Nacional de Cataluña -desde 2011 a 2015-, y fue miembro de multitud de asociaciones separatistas. Carme Forcadell sabe desde luego de qué va el paño, y el que no le gusta es, precisamente, es el que representa a España.

Y para muestra el vídeo que abre estas líneas, grabado en mayo de 2013. Toda una declaración de intenciones:

"Tenemos que tener muy claro quién es nuestro adversario. Nuestro adversario no es Convergencia, ni es Unió Democràtica (entonces ambas existían), ni es ERC, ni es Iniciativa, ni es la CUP ni son los socialistas. Nuestro adversario es el Estado español. Debemos tenerlo muy claro, debemos tenerlo muy claro. Y los partidos españoles que hay en Cataluña, como Ciudadanos y el Partido Popular, que no debería llamarse Partido Popular de Cataluña sino Partido Popular en Cataluña".

La mentada, filóloga de profesión, miembro fundadora de 'Plataforma per la llengua', de Òmnium Cultural de Sabadell, y para rematar de ERC, obtuvo la recompensa a su compromiso separatista en forma de cargo público: fue la número dos de Junts pel Sí en las elecciones autonómicas catalanas del 27 de septiembre de 2015.

Hoy, como es sabido, ocupa la presidencia de la Cámara con un sueldo fijo de 7.794,77 euros brutos, a los que se suman otros 1.565,19 euros por los gastos de representación, es decir, un total de 9.359 euros al mes. Como percibe 14 pagas, su salario asciende a 131.026 euros brutos. Justo el doble que el presidente de Gobierno.

De momento, su mayor logro ha sido el de haber protagonizado las horas más tristes de la democracia española.