Política
Inés Arrimadas, líder de Ciudadanos en Cataluña. EF
Los constitucionalistas ganan en votos y se quedan a entre uno y dos escaños de los independentistas

Esto pinta bien. Las fuerzas constitucionalistas, a falta de una semana para las elecciones del 21-D de 2017 en Cataluña, recortan distancias a los partidos independentistas después de la Declaración Unilateral de Independencia del pasado 27 de octubre, que provocó la aplicación del artículo 155.

Esa es la principal conclusión que arroja la última encuesta publicable antes de la celebración de estas cruciales elecciones en Cataluña y que ha hecho el diario 'ABC'.

Según la encuesta de GAD3, Ciudadanos ganaría las elecciones autonómicas tanto en votos (23,2 por ciento) como en escaños (31-32).

Se confirma así la tendencia constatada en otros sondeos que señalan al partido naranja como el gran beneficiario del aumento de la participación, que se situaría en un histórico 82 por ciento.

También los socialistas mejoran notablemente sus registros en comparación con las elecciones de septiembre de 2015. Llegan al 16,3 por ciento de los votos y obtendrían entre 22 y 23 escaños.

En conjunto, los partidos constitucionalistas llegarían al 45,7 por ciento, sumando el 6,2 por ciento del PP, que perdería más de dos puntos porcentuales de apoyo y entre tres y cuatro escaños respecto de 2015.

A pesar de este retroceso de los populares, estos partidos, despectivamente calificados por los nacionalistas como la «coalición del 155», superaría al bloque separatista en dos décimas, pero el reparto de escaños entre provincias seguiría dándole una mayoría que no llegaría a ser absoluta, aunque se acercaría peligrosamente a ella.

Los datos coinciden con los de la encuesta de Metroscopia que saca 'El Pais', lo que hace presumir que los sondeos marcan tendencia.

Ciudadanos afronta la recta final de la campaña electoral catalana como principal dique de contención del independentismo y se acerca a las elecciones del 21 de diciembre en condiciones de ganar tanto en número votos como en escaños.

El panorama electoral catalán dibuja, por primera vez, un bloque de partidos constitucionalistas que supera en votos (44,9%) a las formaciones independentistas (43,8%).

Los secesionistas, sin embargo, suman más escaños, aunque ni un bloque ni el otro alcanza la mayoría absoluta. Los comunes, el partido de Xavier Domènech y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, refuerzan su papel como árbitro de la situación; todo ello en un escenario marcado por un nivel récord de participación, que alcanzará entre el 81 y el 82%.

A medida que se acercan las elecciones del 21-D se observa con mayor claridad que será necesaria una suma de hasta cuatro partidos para fraguar un bloque que sume 68 diputados, la cifra que fija el umbral de la mayoría absoluta en el Parlamento de Cataluña.

El sondeo de Metroscopia para EL PAÍS, otorga la victoria a Ciudadanos con el 25,2% de los votos y entre 35 o 36 escaños, diez más que en la actual legislatura. La formación de Inés Arrimadas capitaliza de esta forma la mayor parte del voto de protesta por cinco años de proceso independentista que ha acabado con la autonomía intervenida, el expresidente Carles Puigdemont huido en Bruselas y buena parte de sus exconsejeros en prisión preventiva.

Esquerra Republicana llega a la recta final con signos de flaqueza interna y en segunda posición. Encabeza el voto independentista por primera vez en unas elecciones autonómicas pero se queda lejos de las expectativas que tenía hace apenas seis meses. El partido de Oriol Junqueras y Marta Rovira suma el 23,1% de los votos y 33 escaños.

El PDeCAT, los antiguos socios de los republicanos en la coalición Junts pel Sí y que hoy se presentan bajo la marca Junts per Cataluña, llega desfondado a la cita electoral. La lista de Carles Puigdemont frena su remontada y se queda con 22 diputados y el 14,3% de los sufragios. De esta manera, Esquerra Republicana se hace con buena parte del legado electoral de Junts pel Sí y Puigdemont no consigue rentabilizar electoralmente su estrategia de fuga a la capital belga.

Los socialistas quedan en cuarta posición, abandonan la caída de los últimos años y remontan hasta conseguir 20 escaños, cuatro más de los que tienen en la actualidad. La remontada, que les permite recolectar el 14,3% de los votos, no les permite, sin embargo, liderar el bloque contrario a la independencia, que queda holgadamente en manos de Ciudadanos.

Cataluña en Comú, referente de Podemos en Cataluña, se mantiene como quinta fuerza más votada. Aspira a ejercer de bisagra entre los dos bloques, pero la existencia de vetos cruzados entre varias formaciones complica mucho la formación de cualquier mayoría de gobierno. Los comunes de Xavier Domènech y Ada Colau logran el 9,3% de los votos subiendo ligeramente respecto a los comicios de 2015 y manteniendo sus 11 escaños.

En la cola de los partidos más votados quedan, por este orden, la CUP y el Partido Popular. Los antisistema que han condicionado la legislatura catalana y la han abocado a la vía independentista unilateral seguirían conservando el 6,4% de los votos y ocho de los diez diputados que consiguieron en 2015.

En el caso del PP, cae hasta la última posición tras ceder espacio político a Ciudadanos. Los de Mariano Rajoy y Xavier García Albiol se quedan con el 5,4% de los votos y solo conservan entre cinco y seis de los 11 escaños que lograron en 2015, que ya fue su peor resultado de la historia en Cataluña.

Con estos resultados Cataluña se enfrenta a una situación de muy difícil gobernabilidad. Si se mantiene la actual dinámica de bloques entre independentistas y constitucionalistas, ni uno ni otro podrán gobernar. Los independentistas consiguen 63 diputados, cinco menos de los necesarios para alcanzar la mayoría absoluta. Los constitucionalistas se quedan con 61.

Tanto en un caso como en el otro necesitarían un cuarto partido, Catalunya en Comú, que insiste en que no piensa apoyar ni un Gobierno que siga defendiendo la independencia unilateral ni uno con el PP o Ciudadanos.

Ante esta situación comienzan a oírse voces en Cataluña que alertan de la posibilidad de un bloqueo y de que tengan que repetirse las elecciones. Los partidos están combatiendo estos mensajes con las llamadas de última hora al "voto útil" y a aquellas personas que no suelen ir a votar en unas elecciones autonómicas.

Estos mensajes parten del supuesto que los independentistas ya acudieron masivamente a votar en 2015 y elevaron la participación hasta el 75%. Todo o casi todo lo que pase de este nivel de participación sería pues voto de los constitucionalistas que, en aquel momento se abstuvieron en mayor número.

Participación récord

El sondeo de Metroscopia estima una participación de entre el 81% y el 82%, que sería la más elevada de todas las elecciones (autonómicas o generales) celebradas en Cataluña en la actual democracia. Superaría incluso el 80,8% registrado en las elecciones generales de 1982.

Este dato pone de manifiesto la intensa movilización actual de la ciudadanía catalana. Los partidos constitucionalistas constataron la creciente movilización de sus simpatizantes especialmente a raíz de las multitudinarias manifestaciones contra la independencia que se celebraron en Barcelona en octubre.

Entienden estas formaciones que aquellas manifestaciones sirvieron para romper el silencio de la parte de la sociedad no independentista. La batalla ahora de Ciudadanos, el PSC y el Partido Popular es disputarse ese segmento de voto.

El constitucionalismo también ha detectado que se expande el ámbito geográfico que les es propicio. Ya no solo la ciudad de Barcelona y su conurbación se decantan mayoritariamente por partidos no independentistas. Las provincias menos pobladas, sobrerrepresentadas a la hora de atribuir los escaños, también registran un auge de Ciudadanos.

En Gerona, donde el partido de Inés Arrimadas solo logró dos diputados en 2015 ahora puede alcanzar los cuatro. En Tarragona pasaría de cuatro a seis. E incluso Lérida, feudo histórico de los convergentes, experimentaría un aumento del voto a Ciudadanos. El PP es quien más perjudicado sale de este incremento, pero también los partidos independentistas.

¿HACKERS RUSOS?

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, ha enviado un mensaje de tranquilidad a la ciudadanía y los partidos políticos ante la amenaza de injerencias venezolanas y rusas en las próximas elecciones catalanas del 21 de diciembre.

«Este país si en algo tiene experiencia es en celebrar elecciones con una absoluta limpieza y así se va a hacer siempre», ha aseverado después de comparecer en la Comisión de Secretos Oficiales del Congreso para explicar las injerencias extranjeras detectadas por el Gobierno en la crisis catalana.

Sáenz de Santamaría ha explicado que el Ejecutivo ha creado un grupo de trabajo en el que participan el Ministerio del Interior, la secretaria de Estado de Comunicación, secretaria de Estado de Administraciones Públicos, expertos del Centro Criptológico Nacional y la empresa encargada del recuento para «garantizar que las elecciones del 21-D sean democráticas como han sido siempre en España».

«Son inasumibles cosas que estamos oyendo por ahí», ha criticado, en alusión a la teoría de que el resultado del 21-D podría ser hackeado desde territorios rusos o venezolanos.