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José Luis Rodríguez Zapatero.

La Historia no puede enmendarse cuatro siglos después

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La abuela morisca de Zapatero

Una ocurrencia dictada por el afán de notoriedad o por la ignorancia de la Historia

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Fermín Bocos, 25 de noviembre de 2009 a las 17:50

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Inventar cortinas de humo para distraer a los cuatro millones de ciudadanos en paro a los que a falta de curro
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La expulsión de los moriscos.

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  • La expulsión de los moriscos.

Teníamos pocos problemas y... ¡parió la abuela morisca! La iniciativa de un diputado granadino del PSOE para compensar a los descendientes de los moriscos que fueron expulsados de los reinos de España en tiempos de Felipe II y Felipe III es la última ocurrencia.

Una ocurrencia dictada por el afán de notoriedad o por la ignorancia de la Historia. O por ambas. La "memoria histórica" hay que dejarla en manos de los historiadores; no es honrado manejarla a la carta y convertirla en un brindis al Sol dictado por la frivolidad.

Los errores y horrores políticos de antaño no pueden enmendarse hogaño.

Es verdad que a los mudéjares -musulmanes que vivían en territorio español dominado por los cristianos- se les obligó ya en 1501, en tiempos del emperador Carlos I, a optar entre recibir el bautismo o ser expulsados de los reinos peninsulares, disyuntiva ante la que la gran mayoría optó por convertirse al cristianismo.

También es verdad que la imposición del bautismo vulneró los acuerdos signados por los Reyes Católicos tras la conquista del Reino de Granada.

Pero no es menos cierto que los moriscos o "cristianos nuevos" -así pasaron a ser llamados los mudéjares- eran una minoría de la que, no sin fundamento, se recelaba que pudiera actuar de "quinta columna" de los corsario otomanos y de sus primos, los piratas de Túnez y Argel.

Mala cosa fue la expulsión, pero la Historia no puede enmendarse cuatro siglos después. Siguiendo la lógica del diputado Pérez Tapias acabaríamos en el esperpento: reclamando a Damasco, capital de los omeyas, por la invasión de Tarik y Muza que fue el prólogo de la conquista violenta de la Hispania visigoda; reclamando a la canciller Merkel por los destrozos causados por las invasiones de suevos, vándalos y visigodos; pidiendo cuentas a Berlusconi por la invasión de Roma y la destrucción de Cartago Nova; a Túnez por lo de Aníbal en Sagunto.... y así sucesivamente hasta llegar al colmo del surrealismo o el absurdo.

O a inventar cortinas de humo para distraer a los cuatro millones de ciudadanos en paro a los que a falta de curro y de planes creíbles para salir de la recesión se les puede entretener con este tipo de ocurrencias. Al parecer, ahora toca hablar de la abuela morisca.

 


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