La Familia Real española.
EFE
Tras doce años de matrimonio y dos de separación de hecho, se pone fin a una relación que unió a la primogénita de los Reyes y al hijo de los condes de Ripalda
/>
/>
Los duques de Lugo han puesto fin a su matrimonio. ¿Pondrán fin las empresas en las que está presente Jaime de Marichalar a su relación contractual?
El pasado 28 de mayo, en plena separación y con la ruptura prácticamente consolidada, Cementos Portland anunció ya la salida del duque de su máximo órgano ejecutivo, al que había llegado en 2001.
La filial de FCC aseguró que su salida se debía a un recorte de costes, pero lo cierto es que ahora otras compañías podrían seguir su ejemplo.
Al margen de su valía profesional, Marichalar forma parte, por ejemplo, del consejo de administración de Sociedad General Inmobiliaria, cuyo propietario es el empresario austriaco Robert de Balkany, íntimo amigo del Rey Don Juan Carlos.
Dedicada a la explotación de centros comerciales, como La Vaguada y Plaza Norte en Madrid o Gran Vía en Barcelona, esta compañía ha logrado en los últimos años un crecimiento espectacular en España, pese a las restricciones que imponen las comunidades autónomas a la apertura de grandes superficies.
Ahora, sin embargo, ante la grave caída del consumo, la situación ha cambiado, y Balkany podría optar por una reestructuración del negocio, que dejaría fuera al ex marido de la Infanta Elena.
Sin ningún tipo de licenciatura, pero con una sólida formación en economía y marketing y tras haber realizado prácticas en diversas entidades financieras de París, Marichalar está presente también en los consejos de administración de Loewe y de varias de las filiales del grupo asegurador Axa Winterthur, además de ser miembro del consejo asesor de Credit Suisse.
Perteneciente a una familia aristocrática castellana, vinculada desde hace años a la Monarquía, en su árbol genealógico destaca la biografía de su abuelo, Luis de Marichalar y Monreal, vizconde de Eza, que fue ministro del Ejército y la Marina durante el reinado de Alfonso XIII. Pero, ¿les bastará a las empresas con eso?
Marichalar era hasta ahora un profesional muy reconocido, entre otras cosas, por su pertenencia a la Casa Real, pero tras su alejamiento de la misma, todo puede irse al traste.
DE MUTUO ACUERDO
Y eso que, como explican J. Romera y C. Enríquez en El Economista -"Un divorcio real y ¿empresarial?"- el anuncio del inminente divorcio de la Infanta Elena era una noticia esperada desde hace ya tiempo.
Pasados dos años del anuncio del cese temporal de la convivencia y las muestras evidentes de que no había indicio alguno de reconciliación de la pareja, el paso siguiente era este anuncio de divorcio de los duques de Lugo, que, según el comunicado de sus abogados, se produce de "mutuo y común acuerdo".
Tras doce años de matrimonio y dos de separación de hecho, se pone fin a una relación que unió a la primogénita de los Reyes y al hijo de los condes de Ripalda en una ceremonia que se celebró en Sevilla y que congregó a más de 1.500 invitados en la capital andaluza.
Al margen de lo que pueda pasar en las empresas, de momento el divorcio ha dejado ya a Jaime de Marichalar fuera de la Familia Real, lo que le supondrá la pérdida de un título nobiliario que sólo tenía en su calidad de consorte de la Infanta y que obtuvo tras la concesión del ducado de Lugo por parte del Rey a su hija con ocasión de su boda.
LA SEPARACIÓN DE BIENES
La separación de bienes y propiedades estaba perfectamente regulada en las capitulaciones matrimoniales, unos acuerdos ante notario que se inscriben en el Registro de la Familia Real y que, además de regular el régimen económico, suelen contener todo tipo de disposiciones en previsión de una posible separación.
En las capitulaciones se registran también habitualmente las donaciones propter nupcias, es decir, regalos de familia -joyas, cuadros, y demás bienes materiales pertenecientes a la dinastía- y, sobre todo, las cantidades económicas recibidas integradas dentro del presupuesto de 8,8 millones de euros de la Casa Real y que el Rey Don Juan Carlos concede a sus hijos por libre designación.
DOS ESTILOS DE VIDA
Las razones que han llevado al matrimonio a la ruptura hay que buscarlas en las diferencias abismales que siempre ha habido en los modos y estilos de vida de Elena de Borbón y Jaime de Marichalar.
Volcada ella en sus actividades institucionales, en la educación de sus hijos y en la práctica del deporte de la hípica, que ha sido una de sus grandes pasiones, la Infanta era poco proclive a estar presente de forma asidua en fiestas sociales, presentaciones de artículos de moda y de gran lujo, saraos en los que se reúnen los protagonistas de la vida social y mundana madrileña.
Un ámbito en el que el todavía Duque de Lugo se mueve como pez en el agua, dadas sus dotes de hombre culto, con dominio de varios idiomas, gran conversador y amante de las relaciones sociales.
LOS SARAOS Y EL TRASNOCHAR
Ya es un tópico que la Infanta a veces relataba a sus amigos y conocidos que ella prefería no trasnochar e ir a dormir pronto para poder montar a caballo cada mañana, mientras que su esposo, Jaime de Marichalar, prácticamente salía a cenas y eventos a la hora que ella se retiraba a descansar.
El ictus que sufrió Marichalar poco antes de las Navidades de 2001 fue el punto de inflexión en las relaciones del matrimonio de la Infanta y su marido. Según informes de los expertos en este tipo de accidentes vasculares, la reacción de los enfermos que sufren este tipo de ataques bascula entre la depresión del enfermo al darse cuenta de la gravedad de su enfermedad y el afán por continuar con su actividad normal e incluso incrementarla para demostrar que la han superado.
En el caso del marido de la Infanta Elena, el camino seguido fue el segundo, lo que le llevó a descuidar la imprescindible rehabilitación que necesitaba para recuperar los movimientos de la mitad paralizada de su cuerpo por el ataque cerebral.
Una actitud ésta que disgustó profundamente a la propia Infanta y al resto de la Familia Real, que veía con honda preocupación cómo Jaime no avanzaba en su recuperación y se entregaba a una vida frenética de viajes y actos sociales.
MUCHA JUERGA
La rebeldía de su marido en un asunto de tanta importancia ahondó las diferencias que podían existir ya en las relaciones de la pareja hasta el punto de que fue el propio Rey Juan Carlos el que instó a su yerno a trasladarse a Nueva York durante unos meses para someterse a un tratamiento intensivo en el Hospital Monte Sinaí que le ayudara a mejorar.
Los resultados fueron bastante visibles a su regreso, cuando se establecieron definitivamente en un amplio piso del barrio de Salamanca, propiedad exclusiva de Jaime de Marichalar y en el que se quedó a vivir después de la separación.
Frente a lo que pueda ocurrir con el ex duque, el divorcio de Doña Elena y de Jaime de Marichalar va a significar pocos cambios en la vida de la Infanta.
Ella vive desde hace unos meses en un piso cercano al Parque del Retiro, adquirido después de un primer momento de su separación de hecho y que no reunía las condiciones necesarias de seguridad y privacidad.
Está totalmente integrada en la vida de esa zona de la capital madrileña y es frecuente verla los fines de semana en las instalaciones del Retiro destinadas a pasear en bicicleta, montando con Felipe y Victoria, sus dos hijos de 11 y 9 años.
O con los dos niños con los patines puestos, en las proximidades del paseo de coches del Parque.
PROYECTOS CULTURALES
Seguirá también Doña Elena con su trabajo como directora del área de proyectos culturales y sociales de la Fundación Mapfre, una tarea en la que se ha metido a fondo desde su nombramiento en septiembre de 2009.
La atención a las personas discapacitadas en España y la integración educativa de los niños en varios países iberoamericanos centran la labor de la Infanta, que vuelca así su interés de siempre por las tareas sociales y humanitarias.
Es frecuente ahora que Doña Elena viaje a esos países donde la Fundación Mapfre actúa.