Luis De Guindos desiste de la entrevista en El Gato al Agua con Antonio Jiménez.
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La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, y el ministro de Economía, Luis de Guindos, durante una rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. EFE
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El ministro de Economía, Luis de Guindos, y el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, durante el foro económico de la Fundación Adenauer el pasado lunes en Santiago de Compostela. EFE
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Como dice un verso de Mario Benedetti, "es preciso ponernos mutuamente de acuerdo". 47 millones de españoles, 400 y pico millones de europeos, consumen en estos tiempos una gran parte de sus vidas pronunciando conceptos de economía en vano: deuda soberana, déficit, crecimiento, prima de riesgo, políticas activas de empleo, reforma financiera, reforma laboral, recortes, keynesianismo, reminiscencias de la Escuela de Chicago y un horror de palabros y de expresiones que han ido convirtiendo a los habitantes de occidente en autodidactas de la ciencia menos exacta, entre las muchas que maneja la especie humana.
Aquí, en España, podríamos empezar a poner en práctica el sabio consejo del poeta uruguayo y ponernos de acuerdo en todas estas cosas:
Como los sucesivos presidente de los gobiernos españoles a penas manejaban, con dificultades, la "Introducción a la Economía" de Samuelson, se buscaban inmediatamente un valido, un Conde Duque de Olivares que les hiciese las cuentas mientras ellos se encargaban de contarnos sus cuentos.
Desde Abril Martorell, pasando por Solchaga y Boyer, por Rato, por Solbes y Elena Salgado, hasta llegar a esa extraña pareja pareja con incompatibilidad de caracteres De Guindos-Montoro, los historiadores del futuro tienen material para rellenar otra Biblioteca Nacional con esperpentos de esta última etapa del Reino de España.
Los validos de antes te montaban "motines de Esquilache" por imponer recortes en la vestimenta y cosas de esas; los de ahora los montan metiendo las tijeras en las cosas de comer, olvidando el sabio consejo, transmitido de generación en generación, que lleva siglo repitiendo que "con esas cosas no se juega"
¿Qué coño es la economía?
Un breve repaso a las distintas y distantes definiciones de economía, entre diferentes alquimistas que han buscado la "piedra filosofal" para repartir la escasez entre la raza humana, quizá le permitiría a la mayoría de los españoles detenerse en la definición de la Real Academia Española de la Lengua, que probablemente no esté traducida al alemán, seguramente no se ha leído De Guindos, como no está en catalán se la pasa Artur Más por su arco del triunfo, y como no cita textualmente el Estado de Bienestar provoca frigidez en los sindicatos e indiferencia en la calle Ferraz:
"La ciencia que estudia los métodos más eficaces para satisfacer las necesidades humanas materiales, mediante el empleo de recursos escasos"
¡Que levante la mano cualquier español decente, no contaminado por las ideologías, sin carné de partido en la boca, si estómago agradecido, que no reciba paja, que no espere pesebre, que piense que los Solchagas, los Boyer, los Rato, los Solbes, las Salgados, los De Guindos, se han acostado y se acuestan todas las noches pensando en "las necesidades humanas materiales"! Lo más cerca a lo que ha llegado alguno es a plantearse "las necesidades de sus respectivos partidos de los votos humanos"
El valido De Guindos
Ahora toca ponernos mutuamente de acuerdo en el papel que está jugando De Guindos, el Conde Duque de Rajoy, en estos tiempos de cólera económica. Es evidente que es el valido.
Que a Montoro lo ha dejado de chico de los recados fiscales. Que a Soraya, que aparecía en el reparto como la chica de la película, la está condenando a cameos post Consejo de Ministros que ratifican lo que ya había anunciado a priori el Ministro de Economía más locuaz de Europa. Soria es un muñeco manejado por hilos.
Margallo es el megáfono de De Guindos, que ha reducido los asuntos Exteriores de España a puros y duros asuntos económicos. El señor ése de Defensa, no recuerdan ni como se llama una inmensa mayoría de españoles.
A Ana Pastor le dejan jugar con el AVE, de aquí para allá, de fecha en fecha, entretenida como una chiquilla con su "Ibertren" nuevo. Y a Fátima Ibañez, la Ministra de Empleo del país con más paro de Europa, le queda el consuelo de que el Vaticano la proclame mártir algún día.
Este es el panorama. Un presidente abducido por una réplica economicista del célebre Rasputín de la madre Rusia, que ha decidido encomendar su espíritu, su salvación o su dura caída desde esa gran altura de una mayoría absoluta, en las manos De Luis De Guindos. Incluso le ofrece sacrificios humanos como el de su viejo compañero de gobierno Rodrigo Rato.
Está claro que solo pueden ocurrir una de estas dos cosas: que se caiga del guindo a tiempo, o que se le caiga el guindo encima y lo deje aplastado. Porque en las Moncloas del mundo, con bastante más experiencia en estas cosas, además de la gobernanza económica, se practica la amplia, compleja, indispensable y tradicional gobernanza política.
Rajoy ha apostado toda su caja en una arriesgada jugada de poker: el discutible olfato de un "hombre Lehman Brothers" que ha dejado huella en Portugal y España. Esperemos que no vuelva a tropezar con la misma piedra por segunda vez.