Cristóbal Montoro y los Hombres de Negro.
Dariana Rojas
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No es tan sencillo tener la oportunidad de matar dos pájaros de un solo tiro. En España se repite el latiguillo como si fuese algo cotidiano, que se puede presenciar a la vuelta de cualquier esquina.
Pero en realidad suele ser un hallazgo de magnitudes comparables a aquel acontecimiento histórico que le anunció Leire Pajín a los habitantes del Planeta: la coincidencia, a ambos lados del Atlántico, de la presidencia progresista de Obama en EE UU y la presidencia progresista de Zapatero en la Comunidad Europea. Al final el contenido no hizo historia, pero hay que reconocer que el continente fue trending topic.
Este 17 de julio de 2012 se produjo uno de esos fenómenos en la Cámara Alta que, más tarde o más temprano, convertirá en realidad lo que piensa millones de españoles de todas las cosas "altas", incluido el cementerio político de elefantes ubicado en la Plaza de la Marina Española: que más dura será la caída.
Astracanada en la Cámara Alta
Comparecía el señor Ministro de Hacienda ante el amplio elenco de actores secundarios y extras de la trama nacional parlamentaria, cuando se produjo una secuencia de esas que permiten a la opinión pública practicar la caza de dos pájaros de un solo tiro. Cristóbal Montoro, "el ordeñador", exponía ante los senadores el alcance de las últimas medidas y recortes recién aprobados en el Congreso. En el delicado momento de exponer la supresión de las pagas de Navidad a los funcionarios, el señor Ministro lanzó un anuncio-trampa para aplacar los alterados ánimos del personal administrativo:
"Aprovecho la ocasión para anunciar que, los funcionarios mileuristas, entre diez mil y quince mil beneficiados, si recibirán la paga de Navidad"
Ante semejante osadía de don Cristóbal (que curiosamente lleva el nombre del considerado patrón de los viajeros, en un momento en el que España circula por la historia perdida, hacia ninguna parte), reaccionó airadamente el senador socialista José Miguel Camacho, esgrimiendo en su mano el último número del BOE y tildando de caradura al demudado miembro del Gobierno:
"Cómo se atreve usted a disfrazar de anuncio lo que ya ha salido publicado en el BOE"
Montoro reacciona: "Tiene usted razón, señoría, pero teniendo en cuenta la poca repercusión que ha tenido en los medios, aprovecho la ocasión para que la opinión pública se dé por enterada"
Un nuevo vodevil parlamentario. Otra astracanada política que, en otras circunstancias nacionales, podría arrancar lágrimas de risa al personal pero que, en estas que estamos padeciendo, sólo puede arrancar sentidas lágrimas de pena.
¿En qué manos estamos?
¿Con quién nos estamos jugando los cuartos, el presente y el futuro? Con un Titular de Hacienda que debe estar en la luna, y llama mileuristas a personas que no pasan de los 962 euros brutos al mes. Un miembro de un Gobierno, acusado de errores garrafales de comunicación, que el mismo día que provoca un incendio en las calles de España con su nuevo tijeretazo, ni siquiera recuerda que, entre 10 mil y 15 mil funcionarios de ínfimo nivel salarial, iban a quedar exentos del "embargazo" de las pagas extras de Diciembre. Un veterano político que ha intentado darle gato por liebre al pueblo, una agradable sorpresa por una resolución ya publicada en el BOE.
Eso es "trilerismo" parlamentario y pura bufonada política. Pero quizá sólo estén legitimados para indignarse los españoles de a pie, sin escaño donde posar eternamente su culo, ni privilegios vitalicios, ni inmunidades discriminatorias.
Pero el pronto teatral de José Miguel Camacho, en un escenario de cartón piedra como el del Senado, que debería estar ya cerrado por derribo, es de un cinismo desalentador. Se supone que un senador está ahí, viviendo de la sopa boba, para simular que está representando al pueblo, ¿no? Y para 10 mil o 15 mil ciudadanos, lo importante es que sus pagas de diciembre estuviesen garantizadas en el BOE, y no el uso o la manipulación de esa información por parte del ministro.
¡Cuánto tiempo y cuánta pasta pierde España con El Senado!
Pero al senador Camacho le importó un bledo la buena noticia y se centró en la anécdota de intentar desenmascarar a Montoro, de dejarle con el culo al aire, en beneficio y al servicio de su partido ¡Qué magnífico ejemplo de alta esgrima parlamentaria! ¡Qué lucidez por parte de su señoría, en estos tiempos de cólera nacional contra los chiringuitos institucionales! Han aportado una nueva disculpa para que aumente el número de españoles que se unan al coro de voces que claman desde hace meses en el desierto: ¡que cierren el Senado, coño!
Lo de ayer ni siquiera fue una conjunción planetaria de esas que permiten matar dos pájaros de un tiro. Ayer, frente al televisor o en los palcos de invitados, los españoles pudieron contemplar la caída de tres figuras de barro en la democracia española en una sola escena: un senador ocupando su tiempo en tonterías, un ministro perdiendo la dignidad y el tiempo en la Cámara Baja y toda España perdiendo el tiempo (a saber a cuánto euros la hora, el senador, los gastos de desplazamiento, la administración, etc...) con ése ente fantasmagórico al que todavía seguimos llamando El Senado.