Política

Hace ahora justo 30 años, en la madrugada del 11 de noviembre de 1987, una brutal explosión reducía a escombros la casa-cuartel de la Guardia Civil situada en la zaragozana Avenida de Cataluña.

El 11 de noviembre quedó grabado a sangre y fuego en la historia de España y, en especial, de Zaragoza capital.

El resultado: once vidas segadas, cinco de ellas niñas, y 88 heridos. Los autores materiales fueron juzgados y siguen encarcelados, pero uno de quienes lo decidieron continúa fugado: José Antonio Urrutikoetxea Bengoetxea, más conocido por el apodo de Josu Ternera.

Considerado por las fuerzas de seguridad como el autor «intelectual» de aquella matanza, Josu Ternera se dio a la fuga en noviembre de 2002, justo cuando tenía que comparecer ante la Justicia por su presunta participación en aquel atentado.

Por entonces, Josu Ternera se había hecho hueco como diputado en el Parlamento vasco. Allí llegó a ejercer como representante de la izquierda proetarra en la Comisión parlamentaria de Derechos Humanos, algo que las víctimas del terrorismo consideraron una macabra burla.

Ternera había sido señalado por destacados etarras como uno de los jefes de ETA en los años más duros de la banda, cuando se produjo la matanza de Zaragoza. Por eso fueron reabiertas varias causas judiciales y se apuntó de nuevo contra Josu Ternera, histórico miembro de ETA que ahora está a punto de cumplir 67 años. En vez de comparecer ante la Justicia, se dio a la fuga.

Por aquella masacre de Zaragoza fueron juzgados y están encarcelados los exdirigentes de ETA Francisco Múgica Garmendia («Pakito») y José María Arregui Erostarbe («Fitipaldi»), ambos detenidos en la famosa operación de Bidart (Francia) que descabezó a la banda terrorista en 1992.

Los autores materiales del atentado de Zaragoza también cayeron a manos de las Fuerzas de Seguridad y cumplen condena. Se trataba de los integrantes del sanguinario «comando itinerante», formado por los hermanos franceses Jean y Henri Parot -el primero está preso en Francia y el segundo en España-, Frederic Haramboure y Jacques Esnal, ambos recluidos también en prisiones galas.

El coche bomba contra la casa-cuartel de Zaragoza formaba parte de la estrategia con la que la cúpula de ETA había decidido encarar las «Conversaciones de Argel», uno más de los fracasados intentos de negociación entablados entre el Gobierno español y los terroristas. La dirección etarra apostó por masacres para doblegar al Estado ante la negociación.

La brutal explosión se llevó por delante las vidas de las niñas Rocío Capilla Franco (13 años), Silvia Pino Fernández (7), Silvia Ballarín Gay (7), y las gemelas Miriam y Esther Barrera Alcaraz, de 4 años. En el atentado murieron también seis adultos, entre ellos el padre de las gemelas Miriam y Esther. Otras 88 personas resultaron heridas.