Política
Pablo Iglesias y Alberto Garzón (UNIDOS PODEMOS). PD

La moción de censura presentada por Podemos contra el Gobierno de Mariano Rajoy, y que se celebrará el 13 de junio de 2017, no tendrá un carácter constructivo sino puramente «mediático».

La dirección de Podemos ha diseñado la moción de censura contra Mariano Rajoy como una estrategia oportunista de desgaste tanto del presidente del Gobierno, como del PSOE, más aún tras la elección de Pedro Sánchez en las primarias como nuevo secretario general socialista.

ABC ha tenido acceso a un documento que revela este planteamiento, dirigido a la cúpula de la formación morada.

Es un escrito que confirma que la insolvencia política de la moción de censura que propondrá a Pablo Iglesias como candidato a la presidente del Gobierno es el precio que Podemos quiere pagar por trasladar al Congreso de los Diputados su política de agitación callejera.

Explica Mayte Alcaraz en 'ABC' este 4 de junio de 2017 que la coincidencia en los plazos con las primarias socialistas confirma la voluntad de Iglesias de marcar los tiempos de Pedro Sánchez, intención reforzada con el ofrecimiento posterior de retirar su moción para que presentara otra el secretario general electo.

Lo mismo se reúnen en la Puerta del Sol que en el hemiciclo, lo que lejos de ser un ejercicio de autenticidad política demuestra la incapacidad de los dirigentes populistas para adaptarse al desarrollo de la política institucional.

Era evidente que la moción de censura contra Mariano Rajoy sólo aspira a conseguir para Iglesias unas horas de protagonismo cuyo objetivo principal será el nuevo secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. Una que vez que Mariano Rajoy ha cerrado un pacto presupuestario con visos de estabilidad más allá de la votación final de las cuentas para 2017, la moción contra el presidente del Gobierno pierde el escaso o nulo margen de eficacia política que hubiera podido tener.

Como es lógico, Rajoy recibirá numerosas críticas porque los líderes de los partidos de la oposición no querrán dar lugar a equívocos sobre su oposición a la moción de censura. Pero el fracaso de Pablo Iglesias se verá en el resultado final de una Cámara que no lo quiere en La Moncloa.

Ese fracaso será más agudo según cuál sea la posición final del PSOE, si la abstención o el voto negativo. Cualquier muestra de complacencia o flirteo del PSOE con Podemos -«me siento cercano a los votantes de Podemos», afirmó Sánchez- puede hacer que Iglesias dé por buena la derrota de la moción.

Iglesias quiere poner en un brete al PSOE y sabe que si del debate parlamentario sale la idea de que los socialistas podrán sumarse a un frente común de izquierdas más adelante, el objetivo estratégico de la moción se habrá conseguido.

Si por el contrario el PSOE se opone a lo que formalmente es una moción de censura contra Rajoy, pero materialmente es el asalto de Podemos al liderazgo de la izquierda, la estrategia de Iglesias habrá fallado y el PSOE habrá dado un primer paso para recuperar su identidad política. Pero para ello, el líder socialista deberá dejarse de esos cortejos preventivos a la ultraizquierda que tan mal resultado le han dado. Entre Podemos y su copia serigrafiada en la camiseta socialista, el votante de izquierdas huido en los catastróficos años del se quedará con lo primero.