Política
Albert Rivera (CS) señala hacia los nacionalistas catalanes que acaban de insultarle en el Congreso de los Diputados. EP
El amago de Rajoy: ¿bastará un 'no' de Puigdemont para desactivar el 155?

Sea lo que sea, diga lo que diga ahora Puigdemont, los que han delinquido y son muchos y recalcitrantes, tienen que ser empapelados y sin miramientos.

Es la tesis de Albert Rivera, que sintoniza con el sentir de decenas de millones de ciudadanos y de topdos los catalanes que se sienten españoles: si al Gobierno Rajoy se le ocurre entrar en el juego de 'empezamos de nuevo', 'borrón y cuenta nueva', el Estado de Derecho sufrira en españa un golpe letal y para siempre. Nadie se sentira obligado a obedecer la ley y los golpistas habrán triunfado.

Lo tienen claro los sediciosos y sus compinches y la prueba más palpable la tuvimos este 11 de octubre de 2017 en el Congreso d elos Diputados.

Pablo Iglesias y Carles Campuzano atacaron con virulencia a Albert Rivera. Uno le llamó "operador principal de Aznar" y otro fue mucho más allá al tildar su discurso de "falangista".

El presidente de Ciudadanos se convirtió contra pronóstico en el enemigo público número uno de Podemos y el PDeCAT en el pleno celebrado este miércoles en el Congreso de los Diputados. Además, el malestar de Cs con el Gobierno (y viceversa) se visualizó en el hemiciclo.

La pantomima-trampa protagonizada por Puigdemont en la tarde del martes no dejaba al Gobierno, al PSOE y a Ciudadanos más opción que activar conjuntamente los mecanismos previos a la aplicación formal del artículo 155 de la Constitución.

Los partidos independentistas tendrán ahora cinco días -hasta el lunes- para aclarar si ha existido o no una declaración de secesión. Si no contestan o reconocen su existencia, se les darán otros tres días de plazo -hasta el jueves- para rectificar y acatar el orden constitucional.

A estas alturas, las palabras se agotan para describir la virulenta crudeza con que el secesionismo diseñó su golpe de Estado. Por eso, el mensaje de unidad que dejan los partidos constitucionalistas, una vez que el PSOE parece haber superado sus complejos y ambigüedades, es crucial para el aseguramiento futuro de la convivencia en Cataluña. Puigdemont está en un callejón sin salida.

Despreciado como un traidor en ámbitos del independentismo, y sin crédito político para negociar nada que afecte al futuro de Cataluña, lo mejor que podría hacer es forzar que las instituciones catalanas desistan de separarse de España. De lo contrario, la aplicación taxativa del artículo 155 será inminente.

Es cierto que tanto la vía de intervención constitucional como la actuación penal de nuestros Tribunales es lenta y no siempre comprendida por muchos ciudadanos, incapaces de entender cómo después de esta intentona golpista aún no se han producido detenciones, y suspensiones e inhabilitaciones de cargos públicos. Puigdemont, Junqueras, Turull, Forcadell, Trapero, los responsables de Òmnium Cultural y la ANC... hace tiempo que deberían haber sido suspendidos para evitar el referéndum del 1-O y el manejo a su antojo de la opinión pública internacional ante las carencias del Gobierno para evitarlo.

Sin embargo, y no siendo previsible que Puigdemont renuncie a su chantaje, el dato objetivo es que la aplicación del artículo 155 ya está en marcha en medio de una profunda sensación de derrota del separatismo. Incluso, la UE fue ayer taxativa en su respaldo al Gobierno de España.

La lástima es que todo haya tardado tanto porque se ha permitido a la propaganda independentista campar a sus anchas.

También es relevante que Sánchez haya obtenido de Rajoy un compromiso para abordar una incipiente reforma constitucional a cambio de su apoyo político al 155. Podrá ser un debate jurídico y social necesario, pero no solo es prematuro, sino que ya es posible adelantar que será difícil alcanzar acuerdos solventes si cualquier reforma pone en riesgo la unidad nacional.

De momento, lo prioritario es terminar de conjurar el golpe de Estado sin dudas ni titubeos, sin mediaciones y sin diálogo hasta que desaparezca la amenaza de una declaración unilateral, y la restauración inmediata de la legalidad pisoteada.

Anna Gabriel y su mayor estupidez dicha en pleno discurso en el Parlament.