Política
El Rey Juan Carlos y la Reina Sofía TV

Algunos dirán aquello de 'a buenas horas mangas verdes', anque otros también afirmarán lo de 'más vale tarde que nunca'. El caso es nunca es tarde si la dicha es buena, caso que nos ocupa, y que tiene por protagonista al Rey emérito, que ha decidido sentar la cabeza tras cumplir 80 años de edad.

Y es que su entorno segura que el monarca quiere terminar sus años en paz. Y para ello ha diseñado un detallado "propósito de enmienda".

Se trata de un cambio de registro o de intenciones para con errores del pasado. Errores que él ha reconocido en público (léase el desafortunado capítulo de la cacería en Botswana​) o en privado, en su ámbito familiar.

Según informa 'EsDiario', ese histórico "lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir", frase solo superado en fama por aquel "por qué no te callas", marcó el declive de su reinado y ahora un motivo personal le está haciendo rectificar antiguos comportamientos.

Para el Rey emérito, que ha sufrido problemas muy graves de salud, llegar a cumplir los 80 años era una meta que le ha hecho replantearse cosas, como acercarse a su familia. En este capítulo ha cambiado su actitud con su mujer, la Reina Sofía, con quien no se dirigía la palabra y evitaba coincidir con ella. Ahora ha cambiado, sigue haciendo vida separa pero se ha acercado a ella y tienen una relación más que afectuosa. Un giro radical que ha sorprendido gratamente a toda la familia y a la Casa Real.

De hecho, esta misma semana ambos viajaron a Roma para inaugurar la nueva iluminación de la basílica romana de Santa María la Mayor, cuya vinculación con la monarquía española subrayó el monarca emérito, también protocanónigo de este templo papal.

"Soy un verdadero romano de Roma", dijo el rey durante un breve discurso pronunciado en español e italiano, en el que aseguró que esta visita a la capital italiana, la ciudad en la que nació en 1938, le agrada "particularmente". Un viaje que podría haber realizado solo pero que decidió efectuarlo con Doña Sofía.

Este acercamiento familiar se hace extensivo con el resto del clan. Estas Navidades reunía en su mesa a gran parte de sus parientes Borbones, algo nada habitual en Juan Carlos I pero que sí hacía su padre, Don Juan de Borbón, invitación que repetía en la comida ofrecida con motivo de su 80 cumpleaños.