Corrupción, urbanismo, vivienda y política.
PD
La sociedad asiste entre atónita y abochornada al espectáculo casi diario de un nuevo caso tras otro y de cómo se forran o se han forrado horteras, magantes, chulos y paniaguados
La corrupción ahoga a España. Entre la perplejidad y la indignación, los ciudadanos asisten en las últimas semanas al desfile de políticos y ex políticos que comparecen ante los jueces como imputados por prevaricación, cohecho, fraude fiscal y otros delitos perpetrados al amparo de un cargo público y destinados a llenar bolsillos privados.
Salpican a todos los partidos y se extienden por toda la geografía española. Usando datos que figuran en las memorias de la Fiscalía, el diario El Mundo calcula en su edición de este domingo que en los últimos diez años son más de 4.100 millones de euros lo que han robado en ayuntamientos, diputaciones y otras entidades públicas,
Se trata de una estimación realizada a partir de los casos en los que ha habido sentencia judicial o, al menos, un sumario en curso.
El montante real es, sin duda, muy superior a este cálculo. Las encuestas reflejaban que dos de cada tres españoles piensan que hay corrupción en su municipio.
EL RANKING MUNDIAL DE LA CORRUPCIÓN
En el año 2005 España se encontraba en el puesto 23 del ranking de corrupción mundial, según un informe de la ONG Transparencia Internacional. Ahora, tras descender cinco niveles en ese sonrojante escalafón, ahora ocupa el puesto 28.
En 1999, cuando salió a la luz el saqueo I de Marbella, la ciudadanía se echó las manos a la cabeza al comprobar que Roca, Muñoz y otros facinerosos habían defraudado 25 millones de euros.
En el reciente "Caso Pretoria", donde han sido detenidos el alcalde socialista de Santa Coloma de Gramanet y dos ex altos cargos de Convergencia, entre otros, se calcula que el fraude asciende a 45 millones de euros.
UN CÁNCER TRASVERSAL
Y ya nadie se extraña, porque vienen a sumarse a los implicados en el saqueo de El Ejido, a los que se han forrado con el Palma Arena o recalificando en Baleares, y la panda de engominados del "Caso Gürtel".
Entre los sospechosos de meter la mano en la caja están desde María Antonia Munar, líder de Unión Mallorquina, a Juan Enciso, alcalde del Ejido por el PAL, pasando por diputados del PP a representantes del PSOE.
Estamos en presencia de un fenómeno transversal que afecta a todos los partidos, como demuestran de forma concluyente las últimas operaciones policiales.
Nadie está libre de pecado, y por ello la opinión pública exige a unos y otros una reacción rápida y eficaz para frenar el deterioro evidente de la clase política.
LA CHARCA HEDIONDA DEL URBANISMO
La gestión urbanística es el ámbito más propicio para este tipo de tramas, relacionada muchas veces con la «economía del ladrillo».
Los diferentes casos de corrupción demuestran que hay una mezcla de intereses turbios en la que confluyen políticos sin escrúpulos y delincuentes disfrazados de empresarios. Y que esa mezcla se extiende como el cáncer por toda la geografía española.
Es imprescindible revisar la legislación y endurecer las penas, pero no basta con eso.
La gran reforma pendiente es la modificación de un sistema electoral que estimula los minipartidos bisagra y permite a un tránsfuga cambiar de signo un ayuntamiento, una diputación o el gobierno de una comunidad autónoma.
DEPURACIÓN MORAL
Y a la vez, se vuelve imprescindible la depuración moral de los partidos, para evitar que prosperen los tipos sin escrúpulos y se tapen los latrocinios en aras del resultado electoral.
La degradación de la función pública contribuye a facilitar las maniobras de los corruptos.
Frente al funcionario que accede al cargo por méritos propios y goza de garantías para su independencia, es moneda común en España el nombramiento de "cargos de confianza", sistema que permite -como demuestra lo ocurrido en Estepona- colocar en posiciones clave a los que después actúan después como cómplices y colaboradores del saqueo.
La sociedad asiste entre atónita y abochornada al espectáculo casi diario de un nuevo caso tras otro y de cómo se forran o se han forrado horteras, mangantes, chulos y paniaguados.
Y la gente no sabe ya cómo diferenciar entre los «buenos» y los «malos», incluso dentro de un mismo partido.
La ciudadanía, agobiada por una crisis económica sin precedentes, está harta. Y aquí, quienes mandan en los grandes partidos, parecen no enterarse.