Felipe González.
EFE
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Felipe González, qua aparece y desaparece en los medios como un Guadiana político, anuncia este 23 de julio de 2012 que "Rajoy está obligado a convocar un gran acuerdo nacional para salir de la crisis". Le ha concedido audiencia a Soledad Gallego-Díaz, una de sus veteranas exégetas, y desde el reposo del guerrero en una casa en El Escorial (que no queda claro si es suya, si la tiene alquilada, si se la ha prestado uno de sus admiradores/ras o, simplemente, pasa allí unos días como ilustre invitado), ha vuelto a sacar de su vieja chistera un remedio que fue milagroso hace más de tres décadas, pero que ahora sólo sería un remedio "placebo" de consumo interno: el espíritu de los pactos de La Moncloa.
Un pasivo del país; un activo de "El País"
Felipe, para algunos españoles, sigue siendo un activo del país. Para otros ya es sólo un activo de El País con comillas, con fundadas o infundadas sospechas de que pueda estar en nómina, a tantos euros el artículo o la entrevista. Y para muchos, que todavía no habían nacido cuando se produjo la mítica transformación de Isidoro a FG, del marxismo a la socialdemocracia, de la utopía en el exilio de Suresnes a la jaula de oro de La Moncloa, es un carroza, un abuelo Cebolleta que de vez en cuando sale a contar batallitas, como se le escapó a la actual portavoz parlamentaria del PSOE en El Congreso, Soraya Rodríguez, ante un indiscreto micrófono abierto.
En la nueva batallita de Felipe Cebolleta, el drama de España se produce en la década patética de 1998-2008. Abarca legislatura y media del gobierno Aznar y la primera legislatura del gobierno ZP.
De ahí en adelante, ya es todo historia basura, putrefacción del talante y el talento de Zapatero y fracaso precoz del gobierno de Rajoy. Fue la pérfida derecha, la que puso la primera piedra, el primer ladrillo de la burbuja inmobiliaria; la que permitió que la banca española repartiese créditos como caramelos; la que incitó a millones españoles (votantes del PP, del PSOE y de un amplio abanico de partidos), a gastarse lo que no tenían, a tirar de tarjeta visa y a vivir del cuento y pasar de las cuentas.
Luego, reconoce que ZP y sus chicas y chicos le echaron gasolina al fuego, pero le echa un capote, una larga cambiada, acusando a la placenta europea de obsesión de unidad monetaria y desdén por la unión económica.
Y se queda tan fresco. Él, Soledad Gallego y a saber cuántos miles de lectores del buque insignia de papel del Grupo Prisa.
Las sombras alargadas del Felipismo
Como si de 1998 para atrás la historia se hubiese quedado en blanco, Felipe blinda sus 14 años al frente del gobierno español de cualquier responsabilidad sobre el rumbo que ahora amenaza con el hundimiento del Titanic. Desde 1982 hasta 1996, el capitán del barco se deja regalar los oídos con las luces, pero se hace el sueco y ha diseñado un sofisticado entramado mediático para ahuyentar sus sombras.
Felipe es el fundador de la escuela política de la dictadura de los partidos, de "el que mueva no sale en la foto", del clientelismo, del corporativismo partidista por encima de las conciencias personales, de la listas electorales herméticamente cerradas, del Sagastismo imperante, dispuesto a admitir, como mal menor, paréntesis de Canovismo como concesión in extremis a un bipartidismo enfermizo.
Se queja de la burbuja inmobiliaria, pero ha sido amigo, como Presidente y como EX, de tiburones de la construcción como Luís García Cereceda, el discreto super-especulador del suelo, un as del pelotazo inmobiliario, cuya muerte en 2010 le dejó con el corazón partío.
Torrijos, Carlos Slim, Sarasola, hombres y nombres que han figurado en la agenda de un Presidente que condujo a la izquierda española desde el marxismo a la Tierra Prometida que ya anunciaba el que fue uno de sus paradigmáticos ministros de Economía: "España es uno de los países del mundo en el que se puede uno rico en menos tiempo" (Carlos Solchaga dixit). De aquellos polvos vienen estos lodos de los que ahora se queja amargamente el "jarrón chino" del PSOE español, y ahora, ´somos el país del mundo en el que uno se puede hacer pobre en menos tiempo.
Y el Gal, y Filesa, y el enojoso asunto de los fondos reservados, y nada menos que un Director General de la Guardia Civil metiendo la mano en la caja del estado, y Ministros y Secretarios de Estado disfrutando de largas vacaciones en Carabanchel.
De aquellos polvos estos lodos
¿De qué va Felipe González? Este señor fue una vez Pedro, se mantuvo 14 años al frente del pontificado oficial de España, S.A., y sobre esa piedra se montó la iglesia política inmune a los escándalos, al nepotismo, a la mediocridad, al caudillismo, a la corrupción, a las sucesivos plagios de "la escopeta nacional" de Berlanga, a la complicidad entre políticos, empresarios, banqueros e ídolos de barro sindicales de una tripulación (de todas las ideologías), que ha acabado dejando a decenas de millones de pasajeros que iban en el barco, ¡oh, el Titanic español!, encallados en las piedras de la historia, esperando indefensos, impotentes, resignados, un naufragio anunciado, como lo titularía el buen amigo de FG "Gabo" García Márquez.
La partícula de Dios es posible que explique el punto que dio origen al big bang del universo; pero la extensa biografía de luces y de sombras del primer presidente socialista desde la restauración de las libertades en España, ha dado lugar al descubrimiento de un "punto Filipino" que explica el caótico big bang que ha padecido la joven pero envejecida democracia española.
Como muestra, un botón. El máximo responsable español en el tratado de Maastricht (moneda única, euro y esas cosas), que salía sonriente en la foto con Helmut Hohl y François Mitterrand, se rasga ahora las vestiduras, en "El País" con comillas, exigiendo menos unión monetaria y más unión económica.
Se le podría haber ocurrido ya en Maastricht, ¿no? Y ya puestos a ser comprensivos, en vez de esperar a su retiro espiritual en El Escorial, este verano en que ya no vivimos peligrosamente, sino en estado crítico, se le podría haber ocurrido su infalible terapia europea en 2007, cuando lo incorporaron al Comité de Sabios, aquel elenco de mentes brillantes que formaban el Grupo de Reflexión sobre el Futuro de Europa.
El abuelo Cebolleta de Soraya Rodríguez, se acuerda ahora de los lodos, pero padece amnesia total sobre los polvos que han convertido a España en un lodazal.