Política
Joan Manuel Serrat y Pilar Rahola. PD

Nadie se puede llamar a engaño. Pilar Rahola, musa del más rancio separatismo, es otra que no admite críticas, siquiera de quienes considera amigos, al referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017.

Y precisamente una de las personas que tiene en su círculo de amistades, Joan Manuel Serrat, es objeto de sus invectivas en la tribuna de La Vanguardia donde sacude al cantante por posicionarse en contra de la consulta separatista. De paso, acaba breando a Ana Belén, Victor Manuel y Miguel Ríos.

Arranca así Rahola:

Leo las declaraciones de los míticos integrantes de aquel "el gusto es nuestro" que hace tantos años nos enamoró a todos, y que ahora están por las Américas de gira. Son grandes artistas, gentes de emociones cálidas y palabras densas que han acompañado nuestros mejores tiempos, y que aún hoy nos erizan el alma. Joan Manuel Serrat, Ana Belén, Miguel Ríos, Víctor Manuel, palabras al viento de la vida, complicidades tejidas a lo largo de tantas bellas canciones. Forman parte de nuestra educación sentimental, y si me permiten, sólo puedo albergar agradecimiento por tantos bellos ratos, al tiempo que un respeto profundo por su categoría artística.

Y en principio les concede la libertad y el derecho de opinar:

Por supuesto, tienen todo el derecho a opinar lo que quieran, y a pesar de que puedo entender el enfado de algunos por su posición respecto al conflicto catalán, me sonrojo y me indigno por los insultos que Serrat ha recibido. En estos tiempos de verbo fogoso, los hay que piensan con el estómago y ello ocurre en ambos lados de la trinchera.

Pero...

El debate es necesario y la crítica es pertinente, pero el insulto es el territorio inhóspito de la intolerancia. Y los que lo sufrimos a menudo sabemos hasta qué punto puede ser hiriente. En este sentido, mi solidaridad con Serrat y con cualquiera que, por opinar honestamente, sea atacado, piense lo que piense sobre el referéndum, Catalu­nya o Piolín. Sin embargo, y partiendo del respeto artístico, también es permisible elevar la crítica a sus posiciones, tan cómodas como, para muchos, francamente simples. Resumiendo, Serrat reniega del referéndum y pide que no votemos; Ana Belén hace suya la idea aznarista y asegura que el problema real está "entre catalanes y catalanes", y Miguel Ríos se suma al clásico de que esto es el delirio de cuatro gatos (la llamada de unos pocos a la subversión), asegura que no es cosa de partidos progres homologados y nos espeta que "esta no es la respuesta" que necesitamos, lo cual significa que él sabe lo que necesitamos. Gracias, Miguel, por reducirnos a una panda de tontos que siguen a cuatro locos.

Y concluye con un recital de palos:

Pero es igual, porque lo que me parece llamativo (y triste, y decepcionante) no es lo que opinan, con todo el derecho, sobre el referéndum, sino lo que callan con lo que está pasando. Realmente, estos gurús de los derechos civiles ¿no tienen ni una palabra en boca de que se envíen miles de policías a reprimir a gente pacífica, se persigan urnas, se amenace a periodistas, se ­prohíban actos, se intervenga a un Gobierno vía Fiscalía, se imponga a los Mossos a un señor que se vestía de azul para apoyar a Tejero, se cierren webs y, en definitiva, se agujeree seriamente el Estado de derecho? ¿Nada, Joan Manuel, Ana, Miguel, Víctor, nada
de nada? Vaya, quizás es culpa mía. Hubo un tiempo que imaginé que, además de grandes cantantes, erais iconos de las libertades. Debía ser que no, debía ser que sólo erais grandes cantantes.