Política
Ignacio González y su mujer, fuera de la carcel

El ex presidente de la Comunidad de Madrid abandonó la cárcel de Soto del Real el pasado miércoles después de reunir una fianza de 400.000 euros y tras pasar seis meses y 18 días en prisión. A la salida, su familia le esperaba con los brazos abiertos, una actitud muy diferente a la de sus amigos, quienes parece que le han dejado de lado, ya que todavía no se han puesto en contacto con él.

Según publica Informalia, "Muchos aquellos que antes le mostraban su apoyo, que lo hicieron incluso cuando se conoció la operación Lezo, ahora no le han llamado, ni siquiera se interesan por cómo está", ha desvelado una fuente cercana al político a El Mundo. Una de sus grandes decepciones ha sido Edmundo Rodríguez Sobrino con el que mantenía una excelente relación y quien ha dicho falsedades para salvar a su hija.

Por suerte para González, su familia no le ha dado de lado y siguen siendo su mayor apoyo. Para que no le faltara de nada, su mujer, Lourdes Cavero, pidió a Juana, la empleada doméstica que trabaja con ellos como interna, que rellenara la nevera. Su hija, Lourdes, que canceló su boda cuando Ignacio entró en prisión, también quiso recibir a su padre en casa junto a sus dos hermanas.

"La familia estaba feliz con Nacho en casa, son muy tradicionales y la falta del padre, sumado al desprestigio, les ha costado aceptarlo. Ella, ahora que él está en casa, intenta dar imagen de tranquilidad y normalidad, aunque Nacho no quiere salir el fin de semana", han desvelado las amigas de Lourdes al mismo medio. Estas mismas fuentes han explicado que el político solo quiere disfrutar de su familia y recuperar su estado físico: "Pese a la delgadez, de ánimo está muy bien, está convencido de que podrá restaurar su imagen y de que no tienen una sola prueba contra él", aseguran.

Además de la relación con sus amigos Ignacio González tiene otro motivo de preocupación que tiene que ver con la salud de sus padres: "Entiende que la investigación abierta también contra su padre, que tuvo que ir al juzgado en silla de ruedas, y tiene 91 años, es una crueldad", aseguran.

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