Política
Pablo Iglesias cuando la prensa comía de su mano y ahora cuando sólo le llaman los Ruiz y Ferreras. PD

Ya lo había advertido este 1 de marzo de 2018 David Gistau en ABC, que Pablo Iglesias y su partido, Podemos, han conseguido cansar al personal, especialmente a los periodistas que tienen que cubrir las comparecencias en sala de prensa o en los corrillos que se forman en el Congreso de los Diputados -David Gistau deja con el culo al aire a Pablo Iglesias poniendo sobre la mesa su decadencia personal-.

Gistau definía el hartazgo y la decadencia del personaje de una manera muy clara:

Unos tam-tams y unos cuantos bailes alrededor de la hoguera faltaron en el anuncio de Podemos de que ahora se proponen derribar el Gobierno esta misma primavera, no con la fuerza de los escaños, que para este menester son escasos, sino con la furia de las movilizaciones en la calle.

En opinión de Gistau, el anuncio de Podemos revela dos cosas:

Ambas las sabíamos ya pero recobran vigencia por la decadencia personal de Iglesias. La vía institucional, probada cuando las expectativas permitían apropiarse por anticipado de vicepresidencias y ministerios distópicos, es insuficiente, sobre todo si el anhelo es revolucionario. El Parlamento en el que entró la Gente Fetén después de su ocupación por androides o marcianos podría volver a ser, por tanto, el Parlamento que No Nos Representa.

Y este 3 de marzo, en la sección confidencia de Okdiario, 'Ok Macuto', se asegura que el líder de Podemos ya no atrae el interés de los periodistas apostados en los pasillos de la Cámara Baja en busca de reacciones.

El chico de la coleta sabe que ha pasado de rock and roll star a ciudadano sorpassado por los acontecimientos. Esos acontecimientos dicen que Podemos cada vez pinta menos en la política española y, a tenor de las cifras que dan todos los barómetros, menos que va a pintar. Una realidad que pesa en el ambiente y que cada vez le hace estar más distante con los periodistas.

Existe un intenso aroma de ignorancia entre los compañeros de profesión cuando el secretario general de los morados pasa por delante de los corrillos. Algo que antes era impensable y que ahora es una constante. Su rostro taciturno, casi melancólico, es propio de alguien que en tiempo récord ha dilapidado la confianza de sus votantes. El 'asalto a los cielos' se paró en seco e Iglesias vaga entre las sombras del interés público.