Política
Soraya Sáenz de Santamaría y Pablo Casado (PP). David Mudarra.

Es lo nuevo contrra lo de siempre en el PP. Y lo nuevo lo encarna Pablo Casado y lo de siempre, Soraya Sáenz de Santamaría.

 Más allá de los estandartes más visibles -como los ex ministros más recientes Álvaro Nadal, Íñigo de la Serna o Fátima Báñez-, la ex vicepresidenta cuenta con nombres que han organizado las campañas y diseñado las estrategias desde hace décadas en el PP.

Nombres como los de Javier Arenas, que fue ya ministro de Trabajo con José María Aznar, o como Pedro Arriola, que lleva siendo el gurú electoral de los populares desde la época del primer presidente de España de este partido.

El triunvirato de asesores de este cuartel general se completa con otro nombre clásico: Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda en la última etapa de los populares en el poder -con Mariano Rajoy-, pero que fue igualmente secretario de Estado en los tiempos iniciales de Aznar.

El Partido Popular debe cuidar su imagen hasta el último detalle de cara al próximo Congreso Extraordinario que se celebrará en Madrid los días 20 y 21 de julio de 2018.

La principal referencia del centroderecha en España ni puede ni debe culminar un proceso de Primarias tan determinante con unas votaciones más propias de una república bananera que de una formación con un peso específico como la de Génova 13.

La fase final para elegir al nuevo presidente del PP ha de estar dominada por la limpieza ética y estética.

Ética para que reine la concordia y la deportividad entre ambas candidaturas en pos de un proyecto sólido.

Estética porque una cita tan importante no puede depender de un sistema de votaciones donde la transparencia y la ejemplaridad brillen por su ausencia, por muy barato que sea.

Si el PP quiere volver lo antes posible a La Moncloa, el camino para conquistar a los electores desencantados empieza por dar una imagen impecable en el cónclave de Madrid.

Votaciones sin cabinas, sin la suficiente intimidad, o cualquier sospecha de coacción supondrían un duro golpe para el candidato ganador en particular y para el propio partido en general. Dos candidatos tan brillantes como Pablo Casado y Soraya Sáenz de Santamaría no pueden arriesgar el vigor de su potencial elección por una chapuza.

De ahí que el Comité Organizador del Congreso (COC) tenga la obligación de hacer un esfuerzo para que la imagen de regeneración, limpieza y renovación esté vigente desde el mismo instante en el que se elija al futuro líder del partido.

Estas Primarias han vuelto a activar la ilusión dentro del Partido Popular con una profusión de propuestas y proyectos interesantes que pueden ser la antesala de una etapa esperanzadora.

No obstante, todas esas buenas sensaciones podrían desvanecerse si la organización de las votaciones y del propio Congreso Extraordinario no está a la altura de la circunstancias. Queda tiempo, pero el PP ha de saber que su futuro empieza antes incluso de tener dirigente.