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"Jerónimo obispo: un hombre entre los hombres"

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Jerónimo Podestá: homenaje de una mujer al obispo que la amó

Clelia Luro, su viuda, cuenta la pasión y la militancia del obispo tercermundista

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Redacción, 28 de julio de 2011 a las 19:06

Jerónimo Podestá y Clelia Luro

Jerónimo Podestá y Clelia Luro

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"Con el libro, quiero rescatar la figura de Jerónimo porque fue muy valiosa para la Iglesia y el país"
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Jerónimo, obispo

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Para no pocos argentinos, Jerónimo Podestá fue el obispo que se enamoró de su secretaria, suscitando una noticia de gran resonancia pública. Pero su compañera de toda la vida, Clelia Luro, no quiere que sea recordado sólo por ello, más allá de que ambos se convirtieron en emblema mundial de la lucha por el celibato optativo . Clelia anhela que se lo recuerde ante todo como una figura que luchó por una Iglesia más abierta, comprensiva y comprometida con los pobres y los derechos humanos. Como un pastor que, sin ocultar sus sentimientos, se empeñó en la vivencia de un cristianismo "más fiel al espíritu evangélico". Lo cuenta Sergio Rubin en Ñ.

En Jerónimo obispo: Un hombre entre los hombres (Ediciones Fabro), de reciente aparición, Celia busca plasmar su objetivo a través de la recuperación de sus escritos, en lo que define como una "autobiografía post mortem". No es su primer libro sobre su compañero, pero sí el más completo, acaso el que mejor patentiza su pensamiento y su lucha. Porque sus escritos -relatos en primera persona, cartas y mensajes ordenados de modo cronológico- son claros y elocuentes, llenos de pasión por sus convicciones, reflejo de una etapa intensa y conflictiva del país y la Iglesia: los años 60 y 70.

Después de un repaso de su niñez y juventud -y de la impresión que le causó haber sido testigo involuntario del bombardeo a la Plaza de Mayo-, Podestá cuenta que su desplazamiento como obispo de Avellaneda, a fines de 1967, no fue centralmente producto de su relación con Clelia, por entonces incipiente, sino de la fuerte presión del gobierno dictatorial de Onganía, contrariado con su prédica por la justicia social. Podestá estaba prendado por los aires renovadores del Concilio Vaticano II y, en particular, por la encíclica "Popularum Progresio", de Paulo VI, que consideraba socialmente revolucionaria.

Con todo, el mayor dolor que trasunta Podestá es que la Iglesia -tanto aquí como en el Vaticano-no sólo cedió a la presión de la dictadura, sino que no tuvo la menor contemplación con su situación. Que lo único que le importó fue pedirle que se apartara de Clelia en vez de acercarse hacia su persona y sus circunstancias desde una actitud más comprensiva.

Precisa que el único apoyo provino del emblemático obispo progresista brasileño Helder Cámara, que bendijo su pareja. De hecho, nunca quiso renunciar a su sacerdocio, lo que llevó, en 1972, a la suspensión del ejercicio de su ministerio.

"Con el libro, quiero rescatar la figura de Jerónimo porque fue muy valiosa para la Iglesia y el país", dice a Clarín Clelia. Y subraya que, además de "su prédica valiente, fue un hombre que advirtió acerca de la noche negra que sobrevendría en el país como consecuencia de la última dictadura. "En 1974, durante una visita al Vaticano, pronosticó que se venía un baño de sangre en la Argentina", señala. Los escritos patentizan sus llamados a los obispos para que asuman una clara defensa de los derechos humanos, como una carta de 1972, en la que les decía que un eventual silencio y complicidad "serán claramente juzgados".

Amenazado por la Triple A, Podestá debió exiliarse en Perú. Fueron seis años duros en los que Clelia volvía sigilosamente al país para ver a sus seis hijas, fruto de su primer matrimonio. Jerónimo no abandonó la lucha. Además, crecía su militancia por el celibato optativo: presidió la Federación Internacional de Curas Casados. E impactaba por ser el único obispo que recorría el mundo de la mano de una mujer, con la que se había casado por civil en 1972. En 1982, durante la guerra de Malvinas, llegó a donar al Fondo Patriótico el cáliz de su primera misa.

Clelia acaba de volver de Italia y España, donde presentó su libro y mantuvo numerosas reuniones con católicos críticos en las que, dice, percibió "sobre todo en la base, muchos deseos de cambios en la Iglesia". Abriga la esperanza de que esos cambios "llegarán, no con el actual Papa, pero llegarán".

 



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