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Marilza Lopes Schuina, presidenta del Laicado Brasileño, con el Papa

CNLB

Presidenta del Laicado Brasileño: "Francisco es el viento del Espíritu que sopla a nuestro favor hoy"

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Marilza Lopes Schuina: "La mujer en la Iglesia no puede continuar siendo tratada como objeto de quinta categoría"

"Ella tiene el carisma de estar más próxima de la vida de la gente; nosotras tenemos que hacerlo realidad"

Luis Miguel Modino, 24 de marzo de 2017 a las 22:43
Nosotros debemos aprovechar esa brecha que Francisco está abriendo y que es una gran oportunidad para asumir los procesos de organización y articulación
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Marilza Lopes Schuina con el Papa Francisco

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(Luis Miguel Modino, corresponsal en Brasil).- Marilza Lopes Schuina es presidenta del Consejo Nacional del Laicado de Brasil (CNLB). Ella misma reconoce estar al frente de un organismo que tiene como finalidad organizar y articular el laicado brasileño, del que forman parte diferentes movimientos, organismos, con sus distintas realidades y visiones eclesiales.

Desde hace más de 40 años el CNLB ha querido ayudar a reflexionar sobre la vocación laical, su misión y espiritualidad, en una estructura que se hace presente a lo largo y ancho del país, insistiendo en la necesidad de una articulación en la base.

En esta entrevista destaca la importancia del Papa Francisco, para la vida de la Iglesia y para el laicado, de quien dice ser el viento del Espíritu que sopla a su favor. Al mismo tiempo, hace ver que una parte del laicado todavía depende mucho del clero y denuncia su falta de iniciativa.

¿Qué es lo que representa ese organismo en la vida de la Iglesia de Brasil?

El CNLB, Consejo Nacional del Laicado Brasileño, es uno de los seis organismos de la Iglesia de Brasil, del mismo modo que la CNBB, Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, está para los obispos, la CRB, Conferencia de los Religiosos de Brasil, para los religiosos, habiendo también para los diáconos, presbíteros e institutos seculares. Su misión es representar el laicado brasileño.

Estamos con los desafíos de un organismo todavía nuevo, apenas cuarenta y un años, pero con esta tarea de trabajar el universo laical y profundizar en la vocación, misión y espiritualidad del laico y la laica.

¿Cómo ha evolucionado a lo largo de estos cuarenta y un años el Consejo de Laicos?

A lo largo de estos cuarenta años, el Consejo Nacional del Laicado de Brasil ha procurado hacer esa articulación a través de los regionales en que está dividida la Iglesia de Brasil. A excepción de un Regional, todos los regionales de la CNBB tienen sus articulaciones regionales con sus coordinaciones y articulaciones, e inclusive con presidencias constituidas.

Otro desafío es organizar el Consejo de Laicos y Laicas en cada diócesis. Este es nuestro mayor trabajo, vislumbrar que los laicos y laicas, en las diócesis, archidiócesis y prelaturas, puedan organizar los consejos de laicos, para que de hecho hagamos esa articulación en la base.

Tal vez, una cosa importante a decir es que no se trata de un nuevo movimiento, grupo o pastoral. El Consejo de Laicos tiene el papel de hacer esa articulación de los laicos y laicas que son de las comunidades, de los movimientos, de las pastorales, de los movimientos sociales, y organizar esa articulación para que de hecho el laico se introduzca cada vez más en la sociedad, además de su trabajo en la Iglesia.

El Papa Francisco no duda en afirmar que uno de los mayores pecados de la Iglesia actualmente es el clericalismo. ¿Cómo afecta eso a los laicos en la Iglesia brasileña?

Afecta, pues el clericalismo es una visión de Iglesia, de aquellos que piensan la Iglesia en una estructura jerárquica, de poder, donde unos piensan y mandan y la mayoría tiene que obedecer. Entre el laicado eso también está todavía arraigado.

El Concilio Vaticano II ha cumplido cincuenta años, pero todavía estamos viviendo, como diría Juan XXIII, esa primavera en la que Espíritu Santo sopló y continúa soplando en la historia para que nosotros, como Pueblo de Dios, actuemos como sujetos. Ser sujeto es participar, estar implicado en todos los espacios y en todas las instancias.

Pero infelizmente todavía tenemos una buena parte del laicado que sólo actúa si el obispo o el padre manda o deja. Si no recibe una orden para hacer, no se siente sujeto para actuar. Tenemos que romper esa relación de laicos y laicas que actúan como objetos, que se sienten de segunda o tercera categoría. Universalizar la vocación laical es que el laico y la laica se perciba como Pueblo de Dios.

¿Cuáles son los pasos que deberían ser dados para romper esa estructura piramidal y crear una Iglesia circular?

Es necesario pensar en procesos de actuación y de participación en el ámbito de la Iglesia, en su acción colegiada, en sus estructuras, para que de hecho no existan consejos pastorales en los que sólo una parte de la Iglesia puede decidir. Hay algunos espacios de Iglesia en que es necesario que el laico se incorpore y actúe, dentro de su organización estructural.

Un segundo desafío, todavía mayor, es organizar las bases en los pequeños grupos, en las comunidades principalmente, para que de hecho no nos distanciemos de la gente, estar cada vez más implicados donde la gente está, en todos los lugares, y eso se va a dar en pequeños espacios, en las comunidades eclesiales de base, en los grupos de reflexión, implicados en las pastorales, en los movimientos más próximos de la vida de la gente.

Además de estar pensando en estar presente en los espacios de articulación de la estructura, como puede ser una asamblea diocesana o parroquial o los consejos de pastoral, donde uno tiene la posibilidad de hacerse ver y dar a conocer lo que piensa, pero sin olvidar que siendo esto importante, es necesario estar en la base.

Habla de los consejos pastorales, pero el propio Código de Derecho Canónico, en la medida en que dice que los consejos son consultivos y que quien decide son los ministros ordenados, se aleja de ese modelo eclesial con un protagonismo laical. ¿Cómo enfrentar esa realidad que muchas veces causa desánimo entre el laicado?

Existe una cuestión que el propio Código de Derecho Canónico coloca en el canon 215, donde habla de la libertad de los laicos para organizarse en asociaciones. Por eso, es necesario apostar cada vez más en la organización del laico y la laica, para que de hecho pueda tener una autonomía de reflexión y actuación efectiva en la Iglesia y en la sociedad principalmente.

No es fácil comprender las estructuras jerárquicas, piramidales, que son milenarias en la vida de la Iglesia. Romper esa estructura no es fácil, pues el propio laico necesita romper con sí mismo, ya que es una estructura que está encarnada en nosotros.

Se incorporó eso de una forma tan profunda que hoy, con apenas cuarenta años de articulación del laicado y cincuenta del Concilio Vaticano II, es difícil romper esas estructuras. De hecho es necesario comenzar, tener los consejos de laicos para que podamos dialogar con la Iglesia local y la propia Iglesia universal.

La Iglesia católica es una Iglesia de mujeres, pero éstas tienen un papel secundario. ¿Qué podría hacerse para que las mujeres, que son la gran mayoría dentro de la Iglesia, no se vean sometidas constantemente a las decisiones de los hombres?

Este, tal vez, sea nuestro mayor desafío como laicos y laicas, pensar en la función y el papel de la mujer en la Iglesia, que no puede continuar siendo tratada como objeto de tercera, cuarta o quinta categoría.

Entre los hombres hay distinción, entre la jerarquía que debe mandar y los demás que obedecen. Entre los que obedecen, la mujer es todavía más marginada. Aunque se diga que la mujer tiene actuación efectiva en las comunidades, ella hace que las pastorales tengan lugar, es ella quien anima la vida de la comunidad, pero a la hora de ir para los espacios de decisión, como una asamblea diocesana o un consejo de pastoral, esta mujer no está presente, pues ahí quien va a decidir es el hombre.

Cada vez es más necesario organizar grupos y asociaciones de mujeres, aquellas que están implicadas en la vida de la comunidad, para que podamos mostrar el modo de ser Iglesia como mujeres, como lo fue María, quien al oír el saludo del ángel no se quedó quieta donde estaba y se puso en camino para visitar a Isabel y en esa visita simbólica está presente la necesidad de visitar a todo mundo, allí donde se encuentran. La mujer tiene el carisma de estar más próxima de la vida de la gente y nosotras, como mujeres, tenemos que hacer realidad eso en la vida de la Iglesia.

¿Qué significa Francisco para el mundo laical?

Francisco es el viento del Espíritu que sopla a nuestro favor hoy. Si pudiésemos decir que tenemos un símbolo palpable, visible, es Francisco. Creemos mucho que el Espíritu Santo no está durmiendo, está cada vez más despierto. Cuando tuvo lugar la renuncia de Benedicto XVI, la mayor preocupación era si el que vendría después tendría un cambio, una renovación en la forma como la Iglesia estaba siendo conducida o si tendríamos una continuidad.

Francisco viene poco a poco, bien despacio, haciéndose presente, pero no de una forma tímida y silenciosa que apenas escucha. Es mucho más que eso, él escucha, propone y hace. Francisco está mostrándonos efectivamente que la Iglesia Pueblo de Dios puede hacerse realidad.

Como laicado tenemos esa esperanza, en la persona del Papa Francisco, aunque sin dejar de hacer nuestra parte, pues no podemos centramos en la figura del Papa y acomodarnos, dejando de cumplir nuestra parte.

Monseñor Severino Claessens, Presidente de la Comisión del Laicado de la CNBB (Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, por sus siglas en portugués), dijo en el último Intereclesial de las Comunidades Eclesiales de Base que los laicos y Francisco construyeron un puente que pasó por encima de la jerarquía. Parece que hoy en día, para el laicado, la referencia no es tanto la jerarquía como Francisco. ¿Cómo se percibe eso en la vida de la organización laical, los laicos tienen más valentía para enfrentar al clero cuando estos tienen actitudes contrarias a aquello que deberían hacer?

Si tenemos un gran compañero de caminada hoy es Francisco, quien consiguió establecer esa conexión directa, no sólo con los laicos y las laicas de la Iglesia católica, sino con todo mundo. Eso significa romper con esa estructura jerárquica de la Iglesia, que nosotros amamos y queremos, pero que debe modificarse y estar cada vez más próxima de la vida de la gente.

Francisco ha dejado la marca de la presencia efectiva junto a la gente, consiguiendo establecer un hilo de diálogo efectivo y directo con el Pueblo de Dios. Nosotros, los cristianos laicos y laicas, cada vez más organizados y articulados, nos aprovechamos de esta relación que hemos conseguido, de cierta forma, muy próxima a Francisco.

A través de sus pronunciamientos y publicaciones él ha criticado a los laicos y laicas que asumen esa posición de una Iglesia clerical y jerárquica, resaltando cada vez más a los laicos y laicas que actúan como sujetos en la Iglesia y en la sociedad, dejando claro y mostrando que las posibilidades existen y que el camino de actuación efectiva puede ser ejercido por los laicos y laicas. Nosotros debemos aprovechar esa brecha que Francisco está abriendo y que es una gran oportunidad para asumir los procesos de organización y articulación.

Es necesario resaltar que si nosotros, cristianos laicos y laicas, no asumimos nuestra propia causa, la causa de Jesús y del Evangelio, si no nos incorporamos como parte integrante, efectiva, de la gran familia del Pueblo de Dios y no somos sujetos efectivos en la Iglesia y en la sociedad, nadie lo va a hacer por nosotros. Es nuestra misión, estar donde la gente está, en todos los rincones de este país y de todo el mundo, donde nadie más coloca los pies, donde el obispo no va, los padres mucho menos, donde ni siquiera Francisco va a llegar, pero es allí donde el laico y la laica está, en la vida sufrida del pueblo, junto a quienes estamos, cumpliendo nuestra parte.

 

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Si tenemos un gran compañero de caminada hoy es Francisco, quien consiguió establecer esa conexión directa, no sólo con los laicos y las laicas de la Iglesia católica, sino con todo mundo

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Nosotros debemos aprovechar esa brecha que Francisco está abriendo y que es una gran oportunidad para asumir los procesos de organización y articulación

Es necesario resaltar que si nosotros, cristianos laicos y laicas, no asumimos nuestra propia causa nadie lo va a hacer por nosotros

Es nuestra misión, estar donde la gente está, en la vida sufrida del pueblo, junto a quienes estamos, cumpliendo nuestra parte

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