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Mario Moronta, obispo de San Cristóbal, Venezuela

Agencias

"Desde la Iglesia nos la jugamos por el pueblo venezolano, por su libertad y paz"

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Mario Moronta: "No creo, como tampoco lo deseo, que haya guerra en Venezuela"

"No dejamos de ofrecer la disposición de la Iglesia de tender puentes en todo momento"

José Manuel Vidal, 28 de mayo de 2017 a las 20:50
El Gobierno ha querido indicar que estamos en desobediencia hacia el Papa. Lejos de nosotros
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Paz para Venezuela

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(José M. Vidal).- El obispo de San Cristóbal, Mario Moronta, no cree como tampoco quiere que haya guerra en Venezuela. Sí piensa que el país pende de un hilo, por lo hace más necesario que nunca el papel que la Iglesia del país siempre ha querido desempeñar, el de constructor de puentes. Ni la crisis, ni el oficialismo -comenta Moronta a RD- podrán romper la comunión de los obispos con el pueblo. Y hasta tal punto en que los primeros ya han hecho suya la demanda del segundo: "que haya elecciones ya y que se puedan dar soluciones ante la crisis de alimentos y medicinas".

¿Hay riesgo de guerra en Venezuela?

Ciertamente que la situación social del país, debido a la crisis política y económica se ha ido complicando. No creo como tampoco lo deseo que haya guerra. El presidente de la CEV indicaba que para haber guerra se necesitarían dos ejércitos, y eso no está sucediendo en Venezuela.

Sin embargo, como lo advertimos claramente los obispos en nuestra más reciente exhortación, sí se puede empezar a sentir la tentación de confrontaciones entre grupos. Lamentablemente hay mucho odio y deseo de revancha en algunos grupos y eso lleva a posibles confrontaciones. No creo que se vaya a dar una guerra fratricida entre nosotros. Pero la violencia ha crecido y no se limita sólo a acciones violentas, sino también en el lenguaje ofensivo, descalificador...

Muchos mensajes enviados por redes sociales contienen deseos de venganza, ofensas, llamados a actuar en contra de quien no piensa igual. Ha habido linchamientos a delincuentes (hace unos días se linchó a una persona y se salvó de milagro; luego se dieron cuenta que no era ningún delincuente, sólo que fue confundido). Hay episodios tristes y hay división en sectores de la población. Aquí entra la Iglesia con un mensaje que invita y busca construir la reconciliación.

¿Comparte la tesis del cardenal Parolin de que la única solución es la celebración de elecciones?

La tesis del cardenal Parolin es el deseo y la voluntad de la inmensa mayoría de venezolanos y de la CEV. Esto conlleva dos cosas importantes: el encuentro de los diversos bandos políticos para encontrar acuerdos que permitan tanto las elecciones y el respeto a los resultados, como el poder decidir cuándo serán las elecciones.

Según la Constitución ya debían haberse realizado las elecciones regionales. Si esto se da, sería un gran paso en la solución a la crisis.

Pero hay que añadir otro elemento importantísimo: atender el clamor de la gente. Hay escasez de alimentos y de medicinas. Cuando uno habla con la gente en la calle, en las comunidades y en particular, lo que uno escucha es eso: que haya elecciones y que se puedan dar soluciones concretas y permanentes ante la crisis de alimentos y medicinas.

¿Qué sensación sobre la situación del país predomina entre sus compañeros obispos en la recién terminada Asamblea extraordinaria?

Primero que nada un sentido de estrecha comunión entre nosotros y de nosotros con el pueblo. De hecho, en la última exhortación quedó claramente expresada nuestra comunión con el pueblo, del cual formamos parte y al cual servimos desde el compromiso ministerial y desde el Evangelio.

Esa comunión entre nosotros ha querido ser resquebrajada por los factores políticos del oficialismo. Además es una comunión estrecha con el Papa y su representante. El Gobierno ha querido indicar que estamos en desobediencia hacia el Papa. Lejos de nosotros. Actuamos en plena sintonía con Francisco, quien además de estar muy bien informado. Ha manifestado mucho cariño, preocupación y cercanía con este pueblo venezolano, que lo quiere y respeta.

Por otra parte, en un clima de diálogo no sólo durante la asamblea, sino permanentemente por los medios de los que disponemos, mantenemos una continua y estrecha comunicación, con la que nos apoyamos, con la que brindamos nuestro apoyo a los sacerdotes, diáconos, religiosos y laicos que trabajan tesoneramente en la Iglesia a favor del pueblo.

No falta la esperanza, aún en medio de las dificultades. En esta última asamblea extraordinaria pudimos sentir y reafirmar esa comunión y esa disposición de seguir siendo testigos del Resucitado en medio de la crisis que se vive y con una actitud de servicio para nuestro pueblo. Puedo decir que lo que ha pedido Francisco estamos haciéndolo realidad: "el gusto espiritual de ser pueblo".

¿Hay alguna posibilidad de que el Gobierno escuche las peticiones de la CEV? ¿Hay margen para una salida negociada y dialogada?

Posibilidades siempre existen. Pero vemos cuesta arriba que se escuche a la CEV y otras instituciones, porque hay demasiados intereses particulares en juego.

No dejamos de ofrecer la disposición de la Iglesia de tender puentes en todo momento. El Gobierno podría dar una señal muy clara si aceptara los acuerdos que se hicieron el pasado año con la presencia de monseñor Celli, facilitador enviado por el Santo Padre.

Si el Gobierno abriera los espacios para las elecciones, para el reconocimiento de la asamblea nacional y la liberación de los detenidos de carácter político, sería una buena señal. Y sobre todo si escuchara el clamor de la gente y permitiera a la Iglesia y otras instituciones realizar un canal humanitario para poder recibir ayudas en alimentos y medicinas para todos.

Con esto se podría dar una señal importante. Pero la respuesta gubernamental ha sido la de proponer una Asamblea Constituyente de tipo comunal que profundizaría la crisis: le daría mayores características hegemónicas al gobierno y podría tener otras consecuencias más serias. La inmensa mayoría de nuestra gente no la quiere. Esto le fue comunicado al Gobierno ante sus representantes que se reunieron con una comisión de obispos designadas por la CEV. Lo hemos ya expresado en comunicados y exhortaciones.

¿Es verdad que el oficialismo pretende hacer creer a la gente que una cosa es lo que piensa y dice el Papa sobre Venezuela y otra, lo que piensan y dicen los obispos?

Ya lo señalé. Pero el mismo gobierno se engaña con esa intencionalidad. El Papa ha escrito una carta al episcopado y en ella muestra su cercanía. Nosotros hemos estado siempre en comunión con el Papa y él está muy bien informado acerca de lo que sucede y acerca de lo que todos en la Iglesia estamos haciendo.

Nuestras relaciones, incluso, con el nuncio Aldo Giordano, son amables, fluidas, fraternas y de gran comunión. También hay otros grupos de personas -minoritario- que se expresa muy mal del Papa, porque no hace lo que ellos quisieran. Los obispos y todos los católicos estamos en plena sintonía, adhesión y comunión con el Santo Padre.

Usted acaba de condenar la violencia "venga de donde venga". ¿Hay violencia por ambas partes (Gobierno y oposición)?

Ciertamente condeno la violencia venga de donde venga y con sus variadas maneras de expresión. Desde la represión inhumana hasta la descalificación y ofensas con calumnias que circulan por las redes y medios de comunicación.

Hay sectores de la oposición que realizan actos de protestas violentas y no las podemos aceptar: barricadas, lanzamiento de bombas molotov... A esto se añade la presencia de grupos irregulares que van atacando a las comunidades o a las personas que protestan pacíficamente.

Ahora se nos está presentando en varios sitios otra situación irregular: ante la falta de protección y seguridad, bandas delincuenciales se están haciendo presentes en vecindarios, instituciones y hogares para robar y hacer sus fechorías. En nuestra región tachirense, frontera con Colombia, la acción inescrupulosa de estos grupos irregulares ha motivado el saqueo de comercios, instituciones y hasta de hogares. Eso también es violencia.

Lo triste es la cantidad de muertos que son causadas por estos actos violentos de todo tipo, desde la represión policial inhumana hasta los ataques de estos grupos irregulares. Ya pasan de 40 muertes en este momento. El dolor causado a sus familias es muy difícil de consolar, aunque lo hacemos con lo que es propio de la caridad y del Evangelio.

Finalmente, quisiera decir que desde la Iglesia, con lo que es propio nuestro, nos la jugamos por el pueblo, por su libertad y paz y para que se dé una solución pronta a esta crisis que vivimos.

El pasado 21 de mayo tuvimos la Jornada de Oración por la Paz en Venezuela, y la respuesta fue mayor de la que pensamos. Eso no significa que nos quedemos sólo en este tipo de iniciativas. Pero la oración nos puede y debe ayudar a estar en sintonía con Dios y recibir de Él su sabiduría para implementar lo que sea necesario para salir adelante.

En nuestra Diócesis de San Cristóbal, en los próximos días, inclusive, estaremos realizando asambleas parroquiales para diseñar, con la gente misma, iniciativas que sirvan de aporte a lo que hemos de hacer todos para que en Venezuela se restaure la justicia, la paz y la fraterna convivencia.

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