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América
Elisabete Corazza (d), religiosa paulina irmaspaulinas.org.br

(Luis Miguel Modino, corresponsal en Brasil).- Elisabete Corazza pertenece a la Congregación de las Hijas de San Pablo, conocidas como Paulinas, y actualmente desarrolla su trabajo pastoral dentro de su congregación en el Servicio de Animación Bíblica, que tiene como objetivo la formación bíblica de los líderes laicos de las comunidades, a través de cursos sistemáticos y ocasionales.

La sede de este Servicio está en la ciudad de Belo Horizonte, uno de los centro teológicos más relevantes de Brasil, pero como ella misma reconoce sus viajes por el país son continuos, para así poder contribuir mejor en la formación del Pueblo de Dios, dando cursos que son organizados por las Librerías Paulinas, en una amplia red distribuída por todo el país, así como por diferentes comunidades y diócesis.

Al iniciar el mes de la Biblia, que en Brasil es sinónimo de un tiempo dedicado más intensamente al estudio de la Palabra de Dios, la religiosa paulina nos ayuda a entender un poco más sobre la importancia de la Palabra en la vida del cristiano, como elemento que nos hace reflexionar y asumir un compromiso cada vez mayor.

Este año en Brasil, durante el mes de la Biblia, será estudiada la Primera Carta a los Tesalonicenses, que ayuda a entender la importancia de la comunidad en la vida del discípulo.

Junto con esto, la Palabra de Dios es la fuente donde se inspira la dimensión profética de la Iglesia, que se está manifestando en estos últimos tiempos en el compromiso de la Iglesia con los pobres y excluidos y que se ha concretizado en los continuos mensajes del episcopado brasileño contra los desmanes del gobierno Temer.

Elisabete Corazza insiste en que este mes ayuda a sentarnos en comunidad y, a partir de la Palabra, descubrir que todos podemos compartir lo que en ella vamos descubriendo, entendiendo que eso nos da poder de opinar y conocer cada día más ese mensaje de Dios para nuestra vida.

Uno de los aspectos presentes tradicionalmente en la Iglesia católica, que fue uno de los motivos de la Reforma Protestante, fue el distanciamiento de los católicos con la Biblia. ¿Esta dinámica todavía continúa o es una realidad que poco a poco va cambiando?

Es algo que va cambiando paulatinamente, pues con el Vaticano II dimos un gran paso, especialmente con la Constitución Dei Verbum, que presenta desafíos y angustias de grupos de dentro de la propia Iglesia que percibían que la Biblia no podía continuar cerrada, ni ser monopolio de algunas personas de la jerarquía, sino que debe estar donde nació, con el pueblo. Con la Dei Verbum se fomentó un camino alternativo que pudiese favorecer al pueblo el acceso a las Escrituras y al estudio de las Escrituras.

¿Cómo se concretiza eso en Brasil?

Tenemos muchas formas, muchas maneras, bien sea en cursos sistemáticos, ocasionales, círculos bíblicos y un gran movimiento, que comenzó en 1971, que es el mes de la Biblia, que nació en Belo Horizonte, Minas Gerais, con la intuición de favorecer, pues la archidiócesis estaba conmemorando sus 50 años de existencia, varios momentos de la fe y de la experiencia como celebraciones de este evento.

Un grupo de hermanas paulinas, junto con otros líderes, propusieron un trabajo de formación bíblica, tanto con formaciones como desfiles con los personajes bíblicos, una exposición de biblias en la estación de autobuses de Belo Horizonte. Con ese momento se dió el inicio, que después se fue llevando a cabo de una forma más sistematizada, del mes de la Biblia, que comenzó celebrándose en Belo Horizonte, después en el Regional Este II de la CNBB, Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, por sus siglas en portugués, y después de algunos años fue asumido por la CNBB. Hoy se celebra a nivel nacional y también en algunos países de América Latina y de África.

Cada año se estudia un libro bíblico durante el mes de la Biblia, ¿cuál es el libro que va a ser estudiado este año?

Es bonito percibir que desde 1971 no hubo ningún año en que no se celebrase el mes de la Biblia, a pesar de que en torno al año 2000 hubo un gran movimiento que defendía que no era necesario dedicar un mes, pues todos los días, todos los meses es el mes de la Biblia.

Dentro de esas propuestas siempre buscamos, juntamente con la Comisión Bíblica Catequética de la CNBB y las instituciones bíblicas, entre ellas el Servicio de Animación Bíblica (SAB), que pertenece a las hermanas paulinas, proponer un libro o un texto bíblico que todavía no haya sido suficientemente trabajado. Este año es la Primera Carta a los Tesalonicenses, que es el primer libro, el primer escrito del Nuevo Testamento.

Siempre se propone un tema y un lema. El tema trabaja un enfoque nacido de la Conferencia de Aparecida, que fue la última Conferencia del Episcopado de América Latina y el Caribe, y tiene como hilo conductor, en un proyecto de cuatro años, que comenzó el año pasado, "para que en Él tengan Vida", de la Carta a los Tesalonicenses.

El lema traduce un poco aquel escrito bíblico, que al ser de Pablo, el primer escrito del Nuevo Testamento, la apertura de las comunidades, la dimensión de la evangelización, tenemos como lema, "Anunciar el Evangelio y donar la propia vida", que es una referencia a 1 Tes. 2, 8, traduciendo que Pablo siente que su misión no es sólo, lo que ya sería mucho, la dimensión del anuncio del Evangelio, sino que él se siente como un padre que genera una comunidad, en su paternidad, en la concepción en la fe cristiana, concebir para la fe en Cristo.

Es anunciar ese Evangelio, es la Buena Noticia, que es el propio Cristo Crucificado y Resucitado y que en esa dimensión es impregnado por la propia vida, en el donar la vida, en el desgastar la vida en pro del Reino de Dios.

Este año se cumplen diez años de la Conferencia de Aparecida y se insiste en el mes de la Biblia en uno de sus aspectos claves, que todos tengan vida, una idea que por otra parte siempre estuvo presente en la Iglesia latinoamericana. ¿Cómo se hace realidad hoy en día ese aspecto?

Creo que tenemos muchas realidades y situaciones que claman por la vida, situaciones que precisan ser reconocidas como algo propio de las personas, en su dignidad, acción y clamores, diciendo que la vida no es sólo para algunos o para algunas realidades.

Dentro de eso, mirando la inmensidad de Brasil, especialmente las regiones donde existen otras fronteras que necesitan ser destruidas, que son las fronteras de las personas que son excluidas, en su vida y en su todo, en la vivienda, en la dimensión social, en su dignidad y también en sus expresiones religiosas.

Hablamos de los pueblos indígenas, de los marginados, de los sin techo, de los ribereños y de tantas otras situaciones, como también en otros ámbitos, como son otras exclusiones sociales, como en los medios digitales, en el mundo de la comunicación, de las relaciones, donde tenemos situaciones y realidades que es necesario que las veamos y, al mismo tiempo, que las propias personas también hablen en su nombre y no sólo a través de personas que hablan en su nombre.

Además de eso, se trata de reconocer las cosas bonitas que se dan en tantas situaciones, eventos, trabajos que dan valor a la vida y que en los medios generalistas no son vistas y no se les da espacio. Creo que son varias situaciones y hermanos, situaciones que claman por la vida, que ya son trabajadas pero que no conocemos, porque los medios de comunicación tradicionales no las revelan y no ayudan a conocer esos trabajos bonitos de laicos, de fieles, de cristianos, de misioneros, de discípulos y discípulas que donan la vida y hacen realidad tantas cosas bonitas, ayudando a las personas a ser más de Dios y más ellas mismas, en una vida con dignidad.

Estas ideas fundamentan las actitudes de los obispos, quienes delante de la situación socio-política que el país vive, publicaron diversos mensajes defendiendo la vida y los derechos de los más pobres, lo que ha generado críticas de una parte de la sociedad brasileña, inclusive de pequeños grupos de dentro de la Iglesia católica, que se posicionan contra esa actitud profética de los obispos. ¿A partir de la Biblia, es necesario hoy, en nuestra sociedad, tener esa postura de defender la vida, defender los derechos de los más pobres?

Si vemos la historia salvífica a partir de los acontecimientos bíblicos, vamos a ver que nuestro Dios es el Dios que clama por la vida del pobre y del excluido. Veamos toda la experiencia exodal, de la opresión para la liberación, de la no-vida para una vida con dignidad.

Después la dimensión profética, de profetas y profetisas que hablan en nombre de ese pueblo, que estaba sin ser reconocido en sus derechos, en el derecho y también en las situaciones de injusticias y opresiones.

Si vemos toda la experiencia de Jesús de Nazaret, alguien que asume el proyecto del Padre y su proyecto de vida, que quiere que las personas tengan vida y dignidad. Sus curaciones, bien sean de mujeres, niños, pobres, es siempre para traerlos dentro de la sociedad, sacarles de la exclusión para que puedan vivir una vida de dignidad, una dignidad de respeto, de cuidado, de todo lo que aparta de la muerte.

Mirando dentro del camino de Pablo, ese gran misionero, percibimos que va y anuncia, y trae para ese pueblo nuevas formas de poder vivenciar la fe, dentro de una comunidad donde había esclavos, la élite y la clase media, pero donde todos estaban sentados a la misma mesa. Eso es ser cristiano.

Hoy nuestros pastores, nuestros obispos, vuelven a esos elementos del Evangelio, de la Palabra, y eso es de Dios. Cuando en el propio ambiente cristiano no conseguimos percibir que las palabras de nuestros obispos son palabras que nos recuerdan el proyecto de Dios, podemos preguntarnos ¿soy una auténtica cristiana, un auténtico cristiano? Pues nuestra fe es una fe ética.

El mes de la Biblia también ayuda a un mayor conocimiento de la Palabra de Dios, y eso, en un país como Brasil, donde el 70% de las comunidades católicas no tienen misa dominical y son acompañadas por catequistas o animadores laicos, ¿cómo ayuda eso en la vida pastoral de la Iglesia católica en Brasil?

La propuesta del mes de la Biblia es sentarnos en comunidad, es compartir la Palabra. Obviamente que siempre tenemos el líder que nos ayuda a coordinar o a traer otros conocimientos, pero la propuesta del mes de la Biblia es sentarnos como círculos bíblicos, que parten de la vida para la Palabra y de la Palabra para la vida y desde ahí para gestos concretos, como compromiso de la Palabra.

Esa experiencia del mes de la Biblia favorece esa dimensión del compartir, donde todos podemos compartir, inclusive aquel o aquella que no sabe casi leer o es analfabeto. La Palabra de Dios ultrapasa lo escrito, pues transforma a partir de la vida y experiencia de fe. Ahí viene la cuestión del compartir y de la propia sabiduría del propio Dios, que nace de las experiencias de vida, que nace de la fe, que se fortalece y va iluminando las luchas diarias.

De eso todos pueden participar. Es esa la comunión, el diálogo, la dimensión del círculo. Nosotros vemos que la Palabra nos hace hermanos y hermanas y una Iglesia más comunitaria.

Que rompe con la dimensión jerárquica que fundamentaba la Iglesia preconciliar.

Mucho. También la dimensión del poder, que nace del conocimiento, pues el conocimiento nos empodera, lo que con los círculos bíblicos, a partir del Vaticano II, nos empodera a todos, no solamente a algunos líderes eclesiásticos.

Esto ayuda a hacer realidad esa Iglesia que el Papa Francisco nos propone, una Iglesia donde todos somos protagonistas, donde todo el mundo a partir del bautismo intenta ser instrumento evangelizador en la sociedad actual.

Es bonito ver eso, pues el Papa Francisco nos pone siempre dentro de una Iglesia en salida, una Iglesia donde somos sujetos, donde somos evangelizadores. Esa experiencia de la Palabra de Dios ultrapasa los espacios eclesiales y parte para la vida, para la sociedad, para la realidad de lo cotidiano.

Es bonito ver en la Primera Carta a los Tesalonicenses, donde ya tenemos las llamadas virtudes teologales, que es la dimensión de la fe, de la esperanza y de la caridad. Además de eso, vemos como Pablo presenta esa dimensión de vivir en comunidad, en constante acción de gracias, en constante oración y en constante acción.

Vivir en comunidad, pero también en las casas, pues una de las orientaciones que se dan en muchas diócesis de Brasil es que esos encuentros sean realizados en las casas de la gente.

En pequeños grupos. Puede ser en la propia comunidad, como en su barrio, con sus vecinos o en la propia familia. Lo importante es reunirse a partir de la Palabra, porque si yo tengo como centro una espiritualidad bíblica, tengo una espiritualidad que solidifica nuestra fe y también tengo parámetros para donde caminar.

Si me quedo reducida a una espiritualidad devocional, a todo eso que nosotros tenemos como historia de la Iglesia católica, la devoción, es algo bueno porque sustentó la vida de muchas personas, sin embargo una fe bíblica nos hace reflexionar, pensar, actuar, también hace brotar una oración espontánea, un compromiso con la realidad, provocando un cambio muy grande, estemos donde quiera que estemos. Eso es algo que transforma y que la Palabra de Dios provoca.

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