• Director: José Manuel Vidal
América
Monseñor Sucunza y el Padre Ángel
Al Papa le gustan los desafíos. Cuando aparecen, es cuando se pone más brillante

(José M. Vidal).- Hijo de pastores de Lecumberri que, en el año 1948, emigraron a Buenos Aires, Joaquín Sucunza (Pamplona, 1946) llegó a obispo auxiliar de Buenos Aires y 'mano derecha' del Papa Francisco mientras fue arzobispo de la capital argentina. Asegura que Bergoglio "va cuatro años por delante de la jerarquía", que, si se retira, irá a vivir a Buenos Aires y que se crece ante los desafíos y los retos. Al prelado porteño, con raíces navarras, también le "duele lo que está pasando en Cataluña".

¿De Pamplona ciudad?

Éramos de Lekunberri, pero mamá tenía partos difíciles, asi que íbamos a nacer a la maternidad de Pamplona.

¿Lekunberri, está cerca de Pamplona?

Sí, a unos treinta kilómetros. Y mis padres, ambos, eran de Uitzi.

¿Emigraron juntos a la Argentina?

Sí. Llegamos a Argentina al día siguiente de la Declaración de los Derechos del Hombre, que fue el 10 de diciembre del 48. Desembarcamos el 11 de diciembre. Yo iba a cumplir tres años.

Por la misma fecha, más o menos, que la familia del Papa Francisco. ¿O ellos se fueron antes?

No tengo presente cuándo fueron ellos. Me parece que fueron antes.

¿Su familia se afincó en Buenos Aires?

Nosotros fuimos al campo, porque papá era pastor y agricultor. Él tenía allí un hermano, que había llegado antes, y le consiguió el trabajo. Estando ya en el campo, unas hermanas religiosas, que tenían el hospital de ese pueblo, nos llevaron a la capital, a Buenos Aires, en el 56. Apenas la caída de Perón.

Como yo ya quería ser sacerdote, había un colegio para los que les faltaba terminar el nivel primario. Entré al seminario a los diez años; sin contar esos años, tengo el récord de seminario porque me tocaban todas las prolongaciones, porque coincidió con muchas crisis y se iban haciendo pruebas, estiramientos...

¿A qué edad se ordenó sacerdote?

A los 25. Pero me hubiese ordenado a los 22 porque había hecho algunos grados, pero se estiró un año más. Se alargaba todo lo que pudiese ayudar a que la decisión no fuese de manada -digamos-, sino que cada uno pudiese decidir tranquilamente.

¿Quién le eligió obispo: Quarracino o Bergoglio?

Bergoglio.

¿De qué año estamos hablando?

Del 2000.

¿Toda su vida sacerdotal se desarrolló en Buenos Aires?

Sí. Pero dos años desde la muerte de Quarracino, Bergoglio me eligió para que hiciese de vicario zonal -Buenos Aires está dividido en cuatro zonas-. Entonces, era párroco y vicario zonal. Después, en el 2000, salió lo del episcopado.

¿Y fue obispo auxiliar durante todos esos años con Bergoglio?

Claro. Y me llevó, enseguida, de mano derecha de él.

Y vicario general

Sí, vicario general. Y también me sumó lo de vicario de asuntos económicos y legales. Y lo de moderador de curia. Me lo concentró todo.

¿Sigue con todos esos cargos?

Sí.

¿Qué pensó cuando Bergoglio fue elegido Papa? ¿Se lo esperaba?

No me lo esperaba. A pesar de que tenía muchos indicios, no hice mucho caso porque pensé que ya no estaba para eso. Fue una sorpresa para mí. Después, razonando, me di cuenta de que era lógico.

¿Cambió tanto como dicen? Cuando se ven las fotos de Buenos Aires, está como muy serio y, ahora, está siempre sonriente.

Sí. Me llamó a la mañana siguiente de que lo eligieron, tenía ganas de conversar y hablamos durante 45 minutos. Él me dijo: "cuando vi que el número era ya irreversible en el canto de los votos, me tomó un estado que pensé que me moría. Una cosa rarísima, dentro mía. Cuando pasé eso, que fue un momento, me sentí diferente. No sé que me pasó, pero me sentí diferente"

Como si estuviese en manos del Espíritu

Sí. Él es un hombre de mucha oración. Oración larga a la mañana, -se levanta a las cuatro- y larga a la noche.

El otro día, le habló a todos los obispos nuevos en un encuentro. Esa locución es importantísima, porque habla del tema del discernimiento. De manejarlo bien.

Él es un hombre muy autocrítico, pero se añade algo más. Me lo comentó el otro día el otro obispo mayor, que estaba conmigo en la curia: "Mirá, para que entiendas a Bergoglio, tienes que pensar todo dos años por delante."

O sea, que va por delante

Las decisiones que toma... Yo, ahora digo que, de Papa, va cuatro años adelante.

El problema es que muchos obispos no le siguen

Este ha sido siempre su problema; cuando era jesuita y cuando fue obispo, hubo gente que no le entendía. Si yo no hubiese tenido tanto tiempo de estar juntos, -unos trece años de estar muy cercanos, todo el día juntos, con esas reuniones de todos los viernes y siendo confidente de él para todas las cosas- tampoco entendería los elementos que maneja para tomar hoy esta decisión, y mañana la contraria.

¿Puede y hace eso?

Sí.

Es una de las acusaciones que le hacen los más ultraconservadores, porque puede crear confusión

Sí. Pero es por este tema del discernimiento. A dos situaciones aparentemente semejantes, él sabe dónde encontrarles la diferencia. Tengo un montón de anécdotas de este tipo. Y, si uno no conociese su integridad...

Por ejemplo, los 75 años es la edad que el Código nos indica como referencia para la renuncia de los clérigos. Para los obispos, la letra es taxativa: a los 75, debemos presentar la renuncia. En el caso de los párrocos, es un consejo.

Unos tres años antes de que Francisco cumpliera los 75, veníamos charlando, porque era un viaje largo. Me dice: "Estoy pensando que ya le di a la diócesis todo lo que tengo que darle, y que debería renunciar, para dejar el lugar a otro que haga las cosas mejor"

No había ninguna crisis, ni nada. Pero él tiene siempre la preocupación de no estar ocupando el lugar para el bien de la Iglesia y de que otro lo hiciese mejor.

¿Lo que está haciendo es irreversible, a pesar de las resistencias? ¿Ya no hay marcha atrás, o sí puede haberla?

No tengo capacidad para analizar. Lo dicen muchos: que no hay marcha atrás. Ahora, habrá que ver en qué campos. Como afirmación general, no sé bien a qué está apuntando la cosa. Pero hay un estilo de trato con la gente, de cercanía, que me parece que sí es irreversible.

Por ejemplo, una de las primeras cosas que me dijo en las llamadas, porque me llama frecuentemente, fue: "rezá, porque me está costando convencerlos de poder quedarme en Santa Marta". Esto, que parece un capricho, significa muchísimo.

Están deseando que vaya a Argentina, me imagino

Allá, están las opiniones encontradas: hay gente que quiere y gente que no. Personalmente, creo que necesitan más que use el tiempo en los lugares de conflicto. Además, él no va a ir a Argentina a recibir aplausos. No es propio de él ir para que lo festejen. No le gusta. Por eso, pone como condición el tema de la unión de los argentinos.

Pero, si no va, tampoco se entendería en el resto del mundo: que no vaya a su patria, chirría un poco

Claro.

Si, dentro de unos años, renunciase, ¿cabe la posibilidad de que se vaya a vivir a Buenos Aires?

Mo me extrañaría que, si retira, no se quede aquí, sino que vaya allí a vivir.

¿Es ésa una hipótesis manejable?

Sí.

Pero, parece que ha alargado el tiempo: al principio, decía que cuatro o cinco años. ¿Está viendo que necesita más tiempo?

Sí. Gracias a Dios, la salud y el cuidado lo acompañan. Él ha sido técnico químico; es un hombre que sabe leer muy bien los síntomas del cuerpo, y sabe buscar quién lo aconseje. Y ha encontrado aquí médicos y consejos que le han resuelto algunos problemitas.

Porque la actividad física que desarrolla, es impresionante. Psicológicamente, ¿también aguanta la enorme presión de ser Papa?

Sí, y a él le gustan los desafíos. Cuando aparecen, es cuando se pone más brillante.

¿Se crece en las dificultades?

Sí.

Pues no le faltan. ¿A qué piensa usted que se deben esas resistencias, esas dubia, esas 'correcciones'...?

Creo que porque no es un hombre superficial. Y porque es un hombre muy inteligente. No es que no sepa teología ni derecho. Lo que pasa es que no le captan el fondo del por qué hace una cosa o la otra. La hace de golpe y pueden pensar que es por granjearse las simpatías, pero no es nada de eso.

¿Cuál es el fondo de su evangelio? ¿Qué cree usted que es lo que le mueve?

Es el evangelio. Además, es un gran lector: le gusta leer y sabe elegir qué leer. Es un hombre muy serio y muy espiritual.

Y, al mismo timpo, muy humano, ¿no?

Sí. Por ejemplo, es un maestro del teléfono. Como el Papa es el único que, cuando es elegido para la función, no lo vuelven a su casa, queda ahí congelado, en Roma. Y quedan todas sus cosas como estaban.

Al día siguiente, cuando me llamó por teléfono, le pregunté: "¿Qué hago con tus cosas?" Y entonces, me dice: "Mirá, solamente de una cosa tengo necesidad; una libretita que tengo en el cajón del escritorio de arriba. Házmela llegar rápidamente por nunciatura". Y ¿qué cree que había en esa libretita? Aniversarios, cumpleaños, casamientos... de su gente, de la gente que quiere.

Como Navarro de nacimiento, ¿le duele lo que está pasando en Cataluña?

Sí, en la medida que deja familias divididas y que deja roces. Que nosotros, allá, también tenemos las nuestras. Es muy triste que ocurra esto por algo que se podía haber evitado, según me dicen algunos entendidos.