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América
Mauricio López, Secretario Ejecutivo de la REPAM elucabista.com
Tenemos que encontrar dos ritmos simultáneos: el ritmo urgente de la denuncia profética... y un segundo ritmo que tiene que ver con un proceso paulatino, así como la propia revelación progresiva

(Luis Miguel Modino, corresponsal en Brasil).- El Sínodo de los Obispos de la Pan Amazonia es un tiempo propicio y especial, un verdadero kairós, una consecuencia de una serie de pasos dados por la Iglesia de América Latina. Mauricio López, Secretario Ejecutivo de la REPAM y uno de los mejores conocedores de la Iglesia y la realidad Pan Amazónica, nos da en esta entrevista algunas claves importantes para entender los motivos y posibles consecuencias de este acontecimiento histórico.

El Sínodo debe estar apoyado en una necesaria conversión pastoral y ecológica socio-ambiental, en opinión de Mauricio López, y va a actualizar el trabajo entregado de la Iglesia católica a lo largo de mucho tiempo, buscando un nuevo modo de estar de la Iglesia entre los pueblos amazónicos, con sus diferentes identidades, que haga posible hacer realidad una Iglesia con rostro amazónico, que sepa descubrir y asumir las semillas del Verbo existentes.

Para ello es necesario, en opinión del Secretario Ejecutivo de la REPAM, una mirada multidimensional, que nos lleve a entender los procesos vividos por los pueblos indígenas. Por eso, en la preparación, se deberá seguir el método del Papa Francisco en sus visitas, es decir, hablar con aquellos que han sido más excluidos, lastimados, rechazados o vulnerados por el sistema, dialogando con quien nunca fue escuchado.

Mauricio López no duda en afirmar que el Sínodo deberá promover una evangelización pensada a partir de la propia realidad pan amazónica, que nazca del análisis social, que reconozca los gritos y signos presentes, que tenga en cuenta la política, cultura y vida cotidiana. Por eso, insiste con énfasis en que en el encuentro sinodal, junto con los obispos, haya la mayor representatividad posible de las diversas culturas, pueblos y expresiones de la Iglesia en la Amazonia.

En este contexto, muestra la disponibilidad de la REPAM como instrumento al servicio del momento eclesial, haciendo un trabajo de conexión, de acortar distancias, de profundizar procesos, de ayudar a ser portadora de voz, de esperanza.

Ante las voces que reclaman que el Sínodo sea celebrado en la Amazonia, Mauricio López entiende sus reivindicaciones, pero comprende y apoya que sea en Roma en su fase final, pues eso hará posible que tenga una proyección estructural, con una perspectiva de largo plazo, destacando la importancia de la visita del Papa Francisco a Puerto Maldonado, Perú, en enero de 2018.

Al mismo tiempo, el Sínodo puede ayudar a afianzar expresiones litúrgicas ya existentes, que respeten la identidad católica, pero que sean más acordes con la propia realidad amazónica, desde una perspectiva de inculturación del Evangelio que abrace los rasgos propios de las culturas.

El Papa Francisco acaba de convocar el Sínodo de los Obispos para la Región Pan Amazónica, ¿qué puede suponer este Sínodo para la Región?

Como ya hemos reconocido en otros espacios, estamos viviendo un verdadero kairós, o sea un tiempo propicio, un tiempo especial. El Papa Francisco y la Laudato Si' están generando una nueva perspectiva o, de alguna manera, una renovación del camino de la Iglesia, que si lo vemos desde la trayectoria seguida está plenamente conectado con la visión del Concilio Vaticano II.

Creo que cuando respondemos a esta pregunta podemos llamarlo un verdadero "aggiornamiento", una puesta a la altura de los signos de los tiempos de una Iglesia en América Latina que no lo recibe como novedad, sino como consecuencia, y esto es muy importante. Es la caminata de los obispos, misioneros, religiosos, religiosas, laicos y laicas, que por décadas han venido caminando, entregando su vida, aprendiendo con muchas sombras, pero ciertamente también con muchas luces, la manera de estar en medio de la realidad Pan Amazónica en toda su diversidad.

El Sínodo significa una respuesta desde el nivel más alto de nuestra estructura eclesial y de un Papa Francisco que quiere renovar, reformar, llamar a una conversión, a una profunda metanoia. Creo que es una actualización, un "aggiornamiento", pero en este caso a la luz de todos los signos vivos, de una Iglesia que ha caminado aprendiendo en medio de esta realidad.

Así que yo creo que representa una oportunidad, pero sobre todo una gran responsabilidad para la Iglesia en América Latina y sobre todo en la Pan Amazonia, de poder actualizar frente a los grandes signos de muerte que vivimos todos los días, sobre todos los pueblos indígenas, comunidades campesinas, frente a intereses extractivos, frente a temas también de posesión de tierra y todo lo que tiene que ver con la región, y sobre lo que la Iglesia quiere decir una palabra más orgánica.

Ya lo dice cotidianamente en medio de la realidad, encarnada con las comunidades y los pueblos, pero hoy quiere y puede decirlo de manera orgánica, para poner como una nueva perspectiva, que se lance hacia el futuro en este gran kairós de Dios para los próximos quizás cincuenta años o más, que es lo que creo que el Papa Francisco también quiere hacer.

Más allá de sí mismo, el Papa Francisco quiere invitarnos a abrazar este kairós y a poner los medios para esta conversión y reforma en un sentido muy positivo, muy constructivo de esta manera de la Iglesia de responder, actualizar y, de alguna manera, potenciar su modo de estar en la Pan Amazonia.

El principal objetivo, en palabras del propio Francisco, es buscar caminos nuevos para evangelizar la región, ¿qué es lo que está faltando en la evangelización de la Pan Amazonia? ¿Por qué son necesarios esos nuevos caminos?

El Sínodo como bien dices también es un tema que está asociado a preguntarse sobre la manera de estar de la Iglesia, y ahí está implícito y explícito el tema de la evangelización. Yo creo que la Iglesia ha ido, como decía, aprendiendo mucho su manera de estar en medio del territorio, pero también reconoce que la propia realidad Pan Amazónica representa desafíos particulares.

La identidad de los pueblos pan-amazónicos, indígenas, campesinos, su espiritualidad, su relación con todo lo que es el contexto, la mirada sobre el cuidado de la Creación, relaciones sociales, económicas, políticas, nos llaman a preguntarnos cuáles son los nuevos caminos de evangelización. El Papa lo ha llamado, id pensando una Iglesia con rostro amazónico. Nuestro presidente, el cardenal Hummes, habla específicamente de la necesidad de que los propios sacerdotes, obispos, actores que estén en el territorio, sean personas de la Amazonia, y ello requiere también una manera de ver la realidad, de comprenderla, para pensar propuestas distintas, actuales, adecuadas a esta realidad.

Hemos visto experiencias como la de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, sus diaconados permanentes. Parece que ahí hay muchos signos de vida que nos ayudan a pensar cómo hacer una evangelización.

Para el Papa tener una Iglesia con rostro amazónico, en el próximo mes de noviembre vamos a tener toda la experiencia de Teología India, dentro del CELAM, en el departamento de Cultura y Educación, y vamos a tener la experiencia de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, para poder tener esa evangelización encarnada, articulada a la organización propia de los pueblos y comunidades indígenas y campesinas, respetando sus sistemas de usos y costumbres, cargos, pero con toda la claridad pastoral y teológica que requiere.

Son procesos de muy largo aliento. La Amazonia no se puede equiparar inmediatamente con otras realidades, porque su histórico es distinto, la territorialidad es distinta, pero ahí hay signos profundos. Por otro lado hay muchos misioneros, congregaciones religiosas, salesianos, franciscanos, capuchinos, jesuitas, equipos, como el Equipo Itinerante, que han ido pensando otras perspectivas también sobre la evangelización.

Sin perder en nada la centralidad de poder llevar el proyecto del Reino a esta realidad, asumiendo esas semillas del Verbo, esas presencias de Dios profundas ya en estas realidades y en un diálogo constructivo, que permita que la Iglesia encuentre también estos signos para hacer una evangelización desde el diálogo profundo, fraterno, inculturado, y sobre todo promoviendo que paulatinamente puedan surgir esos rostros concretos, propios de la Amazonia, que sean ellos mismos quienes nos puedan determinar y marcar cuáles son los rumbos que se quieren tener en absoluta comunión con el Pueblo de Dios y con la Iglesia.

Creo que ésta es una oportunidad que nos pide mucho de obispos, misioneros, sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos y laicas para profundizar en la comprensión del territorio en su gran diversidad, reconocer en clave de ecología cultural para los pueblos indígenas cuáles son expresiones, procesos, caminos y signos de Dios y que con esa comprensión sincera y genuina podamos emprender una discusión sinodal.

Sin eso, me preocupa profundamente que el Sínodo pueda tener rasgos profundos, inspiradores, pero que estén disociados de la realidad territorial, donde de hecho la Iglesia actúa, camina y sigue teniendo legitimidad en medio de las comunidades en la mayoría de los casos, donde tiene una actitud abierta, cercana, respetuosa y de aprendizaje mutuo, de intercambio de diálogo y de saberes.

Evangelización especialmente de los indígenas, a menudo olvidados y sin perspectiva de un futuro sereno, ¿cuáles son los aciertos y los errores en el trabajo evangelizador que la Iglesia católica está llevando a cabo actualmente en la Amazonia?

La realidad de los pueblos indígenas, desde su perspectiva, hoy tiene que estar obligadamente asociado a comprender la categoría ecología integral en la Encíclica Laudato Si'. Necesitamos tener una mirada multidimensional como nos presenta esta categoría, desde lo que es ecología humana, política, ambiental, económica de la vida cotidiana y sobre todo cultural.

Entender el proceso de los pueblos indígenas es entender su historia, su identidad, su cultura, su lengua, sus luchas y también tenemos que entender que una respuesta a la Pan Amazonia no puede, ni debe obviar en un Sínodo los grandes signos de muerte que están viviendo los pueblos indígenas en el territorio.

Tenemos que encontrar dos ritmos simultáneos, el ritmo urgente de la denuncia profética que pueda acompañar las luchas por la identidad del territorio, donde la Iglesia está profundamente ya implicada, y un segundo ritmo que tiene que ver con un proceso paulatino, así como la propia revelación progresiva, como la mirada del Concilio Vaticano II, de ir encontrando esas semillas del Verbo ya presentes desde siempre en estas culturas y para poder trazar con los propios pueblos indígenas caminos que sean realmente generadores de vida.

Creo que tenemos experiencias muy significativas, como ya decía antes, tenemos que aprender de ellas. Me encantó el símbolo del Papa Francisco, recibiendo la traducción de la Biblia al tzeltal y tsotsil en Chiapas a inicios del año pasado, donde el signo también profundo es ir construyendo este proceso revelador de Dios sin perder un ápice, en nada, la fuerza pastoral de nuestra identidad católica, pero también haciendo una actualización y una lectura desde los propios signos de los tiempos y de la cultura.

En realidad, aquí la novedad es poder hacerlo en un entorno y un territorio particular como el bioma amazónico, pero el mandato y el llamado está ya trazado en el Concilio Vaticano II, en el Decreto Ad Gentes, en Gaudium et Spes y luego en el Magisterio de la Iglesia en América Latina, quizás más específicamente para la Amazonia en Aparecida, que tenemos que releer, estudiar y profundizar también, creo yo, para prepararnos para el Sínodo.

Tenemos dos años para preparar el Sínodo, desde su punto de vista, ¿cómo debe ser llevada a cabo esa preparación? ¿Quién debe intervenir en ella?

Consideramos que tiene que haber una actitud similar a la que el Papa Francisco está encauzando en todas sus visitas, es decir, hablar con aquellos que han sido más excluidos, lastimados, rechazados o los que han sido más vulnerados por el sistema en el que estamos viviendo hoy.

Creo que la preparación pasa por esa apertura al diálogo con aquellos que han estado tradicionalmente fuera de los espacios para decir su propia palabra. Lo que el cardenal Hummes dice acompañar como Iglesia a que los pueblos, sobre todo indígenas y campesinos, sean sujetos de su propia historia.

El Sínodo puede ofrecer esto, es decir, generar múltiples espacios, sea por país, conferencia episcopal, o por temas, para ir generando una metodología que pueda traer desde el territorio a esas diversas voces. En esto dependemos profundamente de los obispos, y hay tantos en la Amazonia que están abiertos, deseando también encontrar estos caminos, y que lo entiendan como una fase que les permita, si bien no todos podrán estar presentes, me refiero a las comunidades y representaciones eclesiales, sí que los obispos sean portadores de todas estas voces.

Una fase preparatoria va en la línea de lo que ya está sucediendo, la REPAM está teniendo diálogos diversos por territorios, países y REPAM nacionales con comunidades indígenas de respectivas cuencas hidrográficas o por territorios.

Pero también tenemos a las propias estructuras institucionales regionales, el CELAM, la CLAR, las Cáritas, la CNBB en su dimensión también tan amplia con respecto a la Amazonia, más del 65% del territorio amazónico está en Brasil, que están teniendo profundos espacios de diálogo sobre el tema ecológico, cultural y amazónico. Brasil ha tenido encuentros de todos los obispos de la Amazonia, ha tenido encuentros también sobre la evangelización con los pueblos originarios.

Insisto que hay por ahí todo un movimiento, el Sínodo llega no como novedad, llega como esperanza, pero llega como resultado y consecuencia de un caminar largo, mucho más largo que la REPAM, por supuesto, obviamente, desde el Vaticano II y la presencia encarnada de la Iglesia, y ahí creo yo que se tienen que poner como los elementos esenciales de este proceso sinodal.

¿Cuáles son los temas que no pueden faltar en ese proceso de preparación y reflexión?

Por supuesto, en primera instancia, la manera, el modo de estar y la manera de respuesta de la Iglesia en el territorio, la evangelización pensada a partir de la propia realidad pan amazónica.

Un segundo tema que no debe estar ausente es una reflexión y análisis de la realidad territorial desde sus distintas dimensiones, política, económica, social, cultural, ecológica y religiosa.

Entender cuáles son los gritos y los signos de la realidad presentes en la Pan Amazonia hoy para que la sinodalidad, la respuesta conjunta esté también en sintonía a lo que son los signos vivos, los de esperanza y los muerte, que están también hoy en la Pan Amazonia y desde la propia perspectiva de los territorios.

Nos parece que no pueden faltar de ninguna manera todas las entradas de la perspectiva de la Laudato Si' en cuanto ecología integral, la perspectiva de la ecología humana, del cuidado del ser humano, de su plenitud, de sus relaciones plenificantes, la ecología ambiental, todo el tema de la biodiversidad, cambio climático, la vulneración de este sistema hídrico, deforestación, explotaciones mineras, monocultivo, todo aquello que está presente.

La ecología política, cuáles son los signos estructurales que están generando esta desigualdad, esta exclusión y esta muerte por parte de estructuras de poder, corporaciones y a veces con una actitud permisiva de los gobiernos o incumplimiento de los acuerdos internacionales y de los derechos humanos que tendrían que estar también presentes, porque el cuerpo de Cristo, la muerte cotidiana del Cristo Crucificado está a partir de estos signos.

La ecología cultural, los propios pueblos indígenas, su espiritualidad, su identidad, su realidad de relación con la tierra, unos con otros. La ecología de la vida cotidiana que conecta con todo el planeta, no sólo con la Amazonia, cómo estamos cuidando y protegiendo esta Casa Común y este territorio que es esencial para el futuro de la vida del Planeta, que nos permita conectar con otros biomas, como la Cuenca del Congo, el sistema de bosques forestales de Asia-Pacífico, Mesoamérica y tantos otros.

No podemos olvidar la justicia con las otras generaciones, y a partir de eso, con el centro y el corazón, hacer una lectura bíblica de la identidad de nuestra Iglesia católica, de nuestro caminar en medio de los pueblos, que pueda preguntarse cómo responder en clave de conversión pastoral de Evangelii Gaudium a esta realidad, siendo profundamente Iglesia, profundamente cristocéntrica, pero en cuidado, respeto y diálogo con todas estas realidades diversas en clave positiva y constructiva y viendo también con quien podemos trabajar, fundamentalmente para que los pueblos tengan vida y vida en abundancia y pueda emerger esa Iglesia con rostro amazónico o esos rasgos amazónicos que ayuden a constituir la Iglesia en medio de nuestra caminada para los próximos años y décadas.

¿Podríamos decir que éste es el espaldarazo definitivo para la REPAM? ¿Cuál es el camino que la REPAM va a seguir en estos dos próximos años?

Honestamente, como REPAM no vemos esto como un espaldarazo, por una razón, estamos felices, sentimos que hemos podido contribuir a que este Sínodo se vaya haciendo realidad, pero la REPAM es sólo consecuencia de las caminadas, de los múltiples factores eclesiales en medio de la realidad que han dado la vida y que la siguen dando todos los días.

La REPAM no es una institución, es una plataforma, es una red de encuentro. Sentimos que la REPAM es consecuencia de un proceso histórico, también de la revelación progresiva del Espíritu en medio de los propios pueblos y la Iglesia en la Amazonia. Más bien sentimos que es un privilegio poder sentirnos un instrumento al servicio del momento eclesial, del kairós de Dios y del Sínodo.

Quisiera insistir mucho en esto, no es un espaldarazo para la REPAM, que siente que somos un instrumento llamado a servir en este contexto. Es un espaldarazo para la misión de la Iglesia, profética, encarnada, inculturada en la Amazonia. Eso sí que lo es y nosotros queremos ir al servicio de esto.

La REPAM debe de estar ahí presente haciendo este servicio de conexión, de acortar distancias, de profundizar procesos, de ayudar a ser portadora de voz, de esperanza. Pero también la REPAM tiene que existir mientras sea necesario esta articulación. Cuánto nos gustaría que ese sueño de una Iglesia con rostro amazónico vaya tomando forma y que una plataforma como la REPAM exista mientras sea necesario existir para poder generar estas articulaciones, diálogos.

Por ahora creemos que es muy importante, sentimos que realmente el espaladarazo para la REPAM ha sido la encíclica Laudato Si', y para toda la Iglesia, y en el corazón del Sínodo tiene que estar presente la conversión pastoral de la Evangelii Gaudium y la conversión ecológica socio-ambiental de la Laudato Si'. La REPAM un instrumento en todo ello.

Algunas voces reclaman que el Sínodo sea en la Amazonia, ¿cuál es su opinión al respecto?

Ciertamente ha habido algunas voces expresando que el Sínodo debería ser en la Amazonia y yo lo entiendo, lo entiendo porque los que viven allí, los que caminamos en ocasiones acompañando esa realidad, sentimos los profundos gritos de dolor de una realidad que se va haciendo cada vez más compleja.

Hay signos de dolor y de gritos concretos y de una vida que en lo cotidiano pasa por muchas dificultades. Los misioneros, obispos, todos los que allí viven pasan por circunstancias muy complejas sin duda. Hay que entender ese pedido y ese anhelo desde una genuina perspectiva de sentirse acogidos, escuchados y que haya un símbolo profundo de estar ahí.

Pero por otro lado, creo yo que para que el Sínodo tenga una proyección estructural, de cambio, de largo plazo, necesita estar también asociado a esta reforma que el Papa Francisco está haciendo y esa es una reforma vaticana y es una reforma que tiene un peso simbólico también en cuanto a su perspectiva de largo plazo y también escatológico, de entender que el Reino se va tejiendo a partir también de estos cambios que la Iglesia va viviendo y, por eso, el Sínodo necesita ser muy, muy vaticano.

Estamos ante esta riqueza de dos movimientos y un desafío de los dos movimientos, que la vida, la palabra y las perspectivas de los que están ahí inculturados y viviendo en la realidad, pero que el sello profundo de invitación a la conversión, al cambio, a una perspectiva sinodal que se sostenga en el tiempo y en el futuro tenga este valor simbólico del Vaticano.

Creo que es un momento muy hermoso, pues además la visita del Papa Francisco a Puerto Maldonado es determinante para entender el Sínodo. No se puede entender el Sínodo o la mirada del propio Papa sobre el sínodo sin su visita a Puerto Maldonado en enero de 2018, donde no visita, como dice Monseñor David Martínez, con extrema claridad y generosidad, no visita la Amazonia peruana, visita la Pan Amazonia toda, pone los pies en tierra amazónica y, por lo tanto, habrá presencias también de los países fronterizos, Brasil y Bolivia, y el diálogo prioritario del Papa es con los pueblos indígenas amazónicos, con las comunidades campesinas y ribereñas.

Creo que hay que entender el llamado del Papa al Sínodo como esperanza, sus pies tocando la Amazonia como el camino que abre el proceso sinodal, el trabajo preliminar de toda la Iglesia, con la REPAM implicada en ello para poder sumar todas las voces posibles de aquellos que viven, caminan, trabajan y se entregan día a día en la Amazonia, pero concluyendo también con los obispos portadores de la palabra de esta realidad, por la estructura sinodal siendo ellos los representantes prioritarios en un espacio vaticano, para que se pueda afianzar y asegurar esta llamada a un futuro "aggiornamiento" que responda mucho más también al llamado de Dios y de Cristo Encarnado en esta realidad.

¿Y en la propia celebración del Sínodo, quién no puede faltar? ¿Es necesaria la presencia de instituciones al margen de la Iglesia católica?

Sin duda, y ahí sí que creo que hay que ser muy enfáticos, tenemos que insistir mucho, aunque no depende de nosotros, en que haya la mayor representatividad posible de las diversas culturas, pueblos y expresiones de la Iglesia en la Amazonia junto con los obispos, acompañando a los obispos y con su propia representación para que el Sínodo pueda abrazar y comprender cuáles son los rasgos de esta realidad tan diversa, esperanzada y herida.

Una de las grandes deficiencias de la Iglesia católica en la Amazonia es la falta de celebración eucarística en las comunidades más distantes, donde sólo se celebra una o dos veces por año. Don Erwin Kräutler, que tiene un papel destacado en la REPAM, ya le planteó esta cuestión al Papa Francisco, a lo que le animó a que se hiciesen propuestas valientes. Varios obispos se están manifestando abiertamente en la misma dirección. ¿Puede ser el Sínodo un momento clave en este punto? ¿Va a suponer la supresión del celibato obligatorio como condición necesaria para presidir la celebración eucarística en la Amazonia y quien sabe en otras regiones del mundo católico?

Sobre la parte más litúrgica pienso que las personas más adecuadas para responder son Don Claudio, Monseñor Barreto, Presidente y Vice-Presidente de la REPAM, Don Erwin, que ya lo ha expresado, pero como ya decía, más que supresión de celibato, que suena en tono negativo, creo que en un tono positivo es afianzar expresiones ya existentes que sean más acordes con la propia realidad de estos pueblos y del entorno amazónico.

Por eso, yo insistía en aprender de experiencias como la diócesis de San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, la reflexión de Teología India del departamento de Educación y Culturas del CELAM, para poder potenciar, aprovechar, profundizar y adaptar a la realidad Pan Amazónica todas estas perspectivas de inculturación del Evangelio y de una liturgia que sea profundamente propia de nuestra identidad cristiano católica, pero profundamente abrazadora de estos rasgos propios de las culturas.

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