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América
Encuentro de la 'Red Un grito por la vida' en Brasilia RD

(Luis Miguel Modino, corresponsal en Brasil).- El compromiso con el Reino, que nos lleva a luchar por un mundo mejor para todos y todas, debe ser una prioridad que nace del bautismo. Respondiendo a esa responsabilidad y movida por ese deseo, la vida religiosa en Brasil creó hace 10 años la "Rede um Grito pela Vida", buscando el enfrentamiento a la trata de personas.

La capital del país ha reunido de 19 a 22 de octubre a 70 religiosas, religiosos y laicas, que han celebrado la primera década de existencia, evaluando la trayectoria recorrida hasta ahora y proyectando el camino a seguir en el futuro, eligiendo para ello al nuevo equipo de articulación general y de las diferentes regiones.

La situación por la que el mundo y el país pasan, en la que el dominio del sistema neoliberal nos ha llevado a una situación en la que no se respeta la vida de nadie, con pérdida de derechos y de políticas de inclusión social, ha tenido como consecuencia el aumento de la trata de personas en todas sus dimensiones.

A partir de ahí, esta Red, en la que actualmente participan más de 200 religiosos y religiosas y de 75 laicos y laicas y en la que se hacen presentes una centena de congregaciones, esparcidas por casi todos los estados del país, ha crecido en gran medida, pues en el comienzo eran sólo 28 personas, a pesar de la falta de recursos, ganando en visibilidad e incidencia socio-política, fruto de un cada vez mayor proceso de formación, aunque todavía falta en muchos ambientes eclesiales el reconocimiento explícito que esta causa merece y que constituye un gran ejemplo de una Iglesia en salida, que se hace presente en la periferias geográficas y existenciales, organizándose, en palabras de Carlos Mesters, "a partir de la fe en Dios y del amor a la vida".

Desde esa presencia en las periferias, Bárbara Furgal, Franciscana Misionera de María, que trabaja en la Prelatura de Tefé, en plena Amazonia, y que formaba parte de la coordinación saliente, reconoce que en la vida religiosa todavía "falta una apertura mayor para poder oír los gritos que vienen de la realidad, pues muchas veces quedamos centradas en las obras y trabajos que hicimos hasta ahora, en diversas situaciones que, sin duda, en el día a día, nos quitan la atención del foco, que debería ser intentar oír los gritos que vienen de la sociedad en que vivimos, del lugar en que actuamos".

En ese sentido, la hermana Bárbara, no duda en afirmar que debemos ser conscientes que "siempre tenemos mil y una ideas para resolver las situaciones, pero creo que es necesario estar cerca del pueblo, caminar juntos, oír al pueblo, pues todo comienza por ahí, acompañar varios momentos que forman parte de la vida de la gente con la que trabajamos, aproximarnos".

No podemos olvidar que la lucha contra todo tipo de esclavitud, entre ellas la trata de personas, es una prioridad en la vida y pontificado del Papa Francisco, quien hace constantes llamadas a combatir esta lacra social, que afecta siempre a los más vulnerables de la sociedad. Su permanencia es "una derrota para el mundo, una vergüenza, un crimen contra la humanidad". La superación depende de la voluntad política que impida la impunidad.

En este sentido, el scalabriniano Mario Jeremia, referencial del Núcleo de Río de Janeiro, afirma que la llegada del Papa Francisco ha supuesto "un gran aire de renovación y respiro para la vida religiosa y sobre todo la confirmación de nuestra fe en las causas más evangélicas y sociales en las que estábamos, pues hasta entonces no teníamos apoyo, confianza, ni acompañamiento. Con el Papa Francisco nos sentimos apoyados, con mucha confianza y, sobre todo, confirmados en la fe".

Siguiendo la línea del Papa Francisco, nunca podemos dejar de lado la "necesidad de estar atentos a los sufrimientos de los seres humanos", ha resaltado Monseñor Enemesio Lázzaris, Presidente de la Comisión Especial para el Enfrentamiento a la Trata de Personas, de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB), en la Eucaristía de Acción de Gracias por estos 10 años, siguiendo el ejemplo de "Jesucristo que se puso al lado de los pequeños, debilitados y pecadores", siendo conscientes de que "hoy en nuestra sociedad existen muchos grupos con riesgo de caer en la vulnerabilidad social", destacando el papel de esta Red como "un grupo de personas, sobre todo religiosas, atentas a los gritos de tantas personas, sobre todo aquellas que son víctimas de un gran mal, como es la trata de personas".

Uno de los objetivos de la Red es ayudar a la sociedad a tomar conciencia de la problemática de la Trata. En ese punto, Denise Morra, Misionera del Sagrado Corazón de Jesús, Cabrini, que realiza su servicio pastoral en Teresina, región Nordeste de Brasil, hablando sobre la incidencia de la "Rede um Grito pela Vida" en la sociedad brasileña, reconoce su labor "en la defensa de la vida a través de las diferentes colaboraciones que va estableciendo, particularmente en el combate de la trata de personas, volviéndose algo reconocido por los agentes sociales, los movimientos políticos, las políticas públicas, aspecto en el que hemos crecido mucho".

Frente a eso, la religiosa reconoce que la Red "todavía no ha conseguido contagiar ese sentimiento a la sociedad brasileña, conseguimos ser visibles, pero es necesario hacer un trabajo mucho más puntual de conseguir ganar espacios públicos, comunitarios y también convencimiento en los propios territorios donde estamos".

Para ello, ve necesario "formación en las escuelas, asociaciones ciudadanas, parroquias, abrirnos ante la fuerzas que se tiene en los Centros de Referencia de Asistencia Social y, principalmente, salir de dentro de la Iglesia con una línea más ecuménica".

El agustino Luiz Carlos Batista, Articulador del Núcleo de la Región Sur, formador de su Orden en Curitiba, señala que este trabajo "es una forma de salir de mi zona de confort para la periferias existenciales, una actuación profética, pues como religiosos tenemos una vida muy segura, comparada con la mayoría de las personas, en su día a día en la sociedad. Nosotros tenemos nuestros seguros médicos, coche para movernos, estudio, viajes, conocemos lenguas y países. Muchas veces la mayoría de la gente no lo tiene, entre ellos la enorme cantidad de personas que en busca de un trabajo, de una oportunidad en la vida, acaba cayendo en las redes de la Trata, en las que los sueños de jóvenes y niños puede convertirse en una armadilla".

Ante la falta de presencia de la vida religiosa masculina señala algunas dificultades, como es el hecho de que "la vida religiosa masculina está muchas veces clericalizada", lo que hace que "el trabajo en parroquias, colegios y otros frentes, que nos exige mucho a partir de nuestro sacerdocio, muchos consideran que ese pastoreo de almas ya es una forma de trabajo social".

Por otro lado, señala como dificultad el hecho de que "muchos religiosos no participen de los grupos de la Confederación de los Religiosos de Brasil", a lo que se une que "lo masculino no siempre tiene esa mirada materna para algunas cuestiones de la vida, principalmente del dolor y del sufrimiento, lo que es una cuestión antropológica".

En ese deseo de proyectar un futuro que permita continuar avanzando en la lucha contra la Trata, la Red ha asumido una serie de prioridades entre las que cabe destacar la articulación de la comunicación y formación, insistiendo en un trabajo que haga posible una mayor visibilidad social y eclesial, que lleve a las diferentes congregaciones que realizan su misión en tierras brasileñas a abrazar esta causa.

De hecho, nadie puede olvidar, tampoco la vida religiosa, las palabras en las que el Papa Francisco nos llama a nunca desistir en la lucha por hacer realidad el Reino, pues siempre será más próxima al Espíritu del Nazareno, "una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrase a las propias seguridades".

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