• Director: José Manuel Vidal
América
Amazonia

(Luis Miguel Modino).- Los procesos de inculturación son elementos que no pueden faltar para que el mensaje evangelizador sea asumido por los diferentes pueblos y culturas entre quienes quiere hacerse presente la Buena Noticia. Está dinámica no siempre ha acompañado la historia de la misión, por lo que se hace necesaria una reflexión que ayude a construir una Iglesia que encarne los rostros y realidades presentes en cada lugar.

La convocatoria del Sínodo de los Obispos para la Pan-Amazonia es un buen momento para dar estos pasos dentro del contexto amazónico, lo que puede ayudar a dar continuidad al largo camino recorrido por la Iglesia latinoamericana en la articulación de una pastoral indígena. Para avanzar en ese recorrido se ha celebrado en Quito, de 27 a 30 de noviembre, organizado por la Red Eclesial Pan-Amazónica (REPAM), un encuentro sobre “Iglesia con rostro Amazónico y con rostro Indígena”, donde se han hecho presentes una amplia representación de pueblos originarios de Brasil, Colombia, Perú y Ecuador.

Uno de los representantes de estos pueblos originarios, João Wapichana, indígena brasileño del estado de Roraima, ha destacado la importancia de este momento para “conecer los caminos, un nuevo horizonte para el trabajo de la Amazonia”. Desde esa perspectiva, no duda en afirmar que “la REPAM tiene que trabajar a partir de nuestras tradiciones y celebraciones”. En la medida en que se lleve a cabo un camino en común, eso “será mejor para la gente”, pues como él mismo dice, “necesitamos organizarnos y trabajar en conjunto los indígenas y misioneros implicados en esa lucha”.

Junto con él, la indígena colombiana Anitalia Pijachi Ocaina Uitoto, es consciente que “en nuestras manos está el gran desafío de poder continuar con el trabajo de la Amazonia, defender nuestra Casa Común al servicio de los otros”. Es necesario conjugar los diversos saberes para “tener un cuerpo de resistencia físico, mental y espiritual para enfrentar al monstruo voraz de la economía extractivista”, destacando que lo importante es “nuestra identidad cultural y nuestra fuerza”.

Mauricio López, Secretario Ejecutivo de la REPAM, destaca que en los pueblos originarios se descubre una “experiencia profunda en el sentido de acompañamiento y promoción de sus propias identidades culturales, pero con una absoluta comunión con su ser creyentes en Cristo, como católicos, catequistas, miembros de la Iglesia”. Son ejemplos claros de “integración perfecta de la fe en Jesucristo con la propia fe de sus culturas y la espiritualidad de su identidad, que se complementan de una manera impresionante”.

En el Encuentro también se han hecho presentes múltiples misioneros que han dado toda su vida al servicio de la pueblos de la Amazonia y que, según el Secretario Ejecutivo de la REPAM, “exigen y demandan que la Iglesia pueda dar respuestas genuinas, creíbles, verídicas, a la necesidad de los pueblos de acompañamiento cercano, que permanezca en el tiempo, que responda a los gritos más urgentes de la realidad”. Uno de ellos fue el jesuita Vicente Cañas, Kiwxi, de quien se cumplen 30 años de su martirio, y que ha sido recordado en un documental dentro de la serie “La Vida por la Amazonia”, destacando su preocupación en garantizar las tierras y defender la vida de los indígenas.

Digna Eraso, Misionera Laurita ecuatoriana, que trabaja en el Vicariato Apostólico de El Aguarico, destacaba que “nuestra misión es descubrir el Evangelio inédito en cada cultura y con ellos ir construyendo la Iglesia indígena, con su espiritualidad y ministerios propios”. El testimonio de los indígenas debe llevar, en opinión de la religiosa, a una mayor “radicalidad y compromiso” y al mismo tiempo “que les devolvamos la fuerza, la dignidad, que reconozcamos que en ellos está la Laudato Si”.

Para eso es necesario, “que les acompañemos, que caminemos con ellos en este construir la Iglesia con rostro propio”. Por eso, los misioneros que trabajan con los pueblos indígenas son llamados a “conocer esta cultura, valorarla, meterse dentro de los ritos e ir construyendo juntos este sueño”.

El tambiém misionero Peter Hughes, que trabaja en Perú desde hace más de cincuenta años, resaltaba en sus palabras que una Iglesia con rostro amazónico tiene que llevarnos a “descubrir la gran sabiduría de los pueblos indígenas, sus tradiciones culturales y religiosas desde la idea de la unidad y de la integración de la vida como don de Dios, que es la gran matriz de todo”. Frente a eso, el sacerdote denunciaba que “los derechos de los pueblos indígenas amazónicos no son respetados”, por lo que la REPAM tiene que aparecer como “posibilidad para vincular los pueblos amazónicos”.

Alguien que comparte el hecho de ser indígena y misionero, y que también se ha hecho presente en Quito, es el salesiano Justino Sarmento Rezende, para quien “es importante que nosotros que habitamos en esta región amazónica tengamos la responsabilidad de mostrar para nosotros mismos nuestra importancia como pueblos originarios de esas tierras bonitas, ricas y muy codiciadas por las grandes empresas”. El indígena de la etnia tuyuka destacaba la importante presencia de la Iglesia, que no siempre fue como debería.

Este encuentro “es un oportunidad para mostrar las riquezas que existen: ecológicas, humanas, de las prácticas evangelizadoras, que están presentes en diversos lugares, muchas veces mal conocidos, pero que son experiencias y prácticas que están dando vida para muchos pueblos”, señala el Padre Justino. Desde su experiencia y nuevas propuestas de llevar a cabo el trabajo evangelizador, esta es una oportunidad para ayudar a “marcar postivamente este siglo dentro de nuestra Iglesia y de nuestra sociedad”, aspecto éste que remueve su corazón y su zelo apostólico, pues le “ayuda a contribuir con los pueblos indígenas de la Amazonia y todos los cristianos de nuestra Iglesia católica”.

Como reconocía Monseñor Pedro Barreto, Vicepresidente de la REPAM, “el rostro expresa lo que uno siente, lo que uno vive, lo que uno sueña, y creo que es muy importante decir que la Amazonia no es solamente una zona geográfica sino que es un lugar de vida, de una sabiduría ancestral”. El representante del CELAM, Conferencia Episcopal Latinoamericana, ante la REPAM y Arzobispo de Huancayo, Perú, subraya que “tenemos muchos desafíos, estamos buscando como desde América Latina unirnos con la Cuenca fluvial del Congo, con todos los humedales del mundo”. Desde ahí, “invocamos esta conversión ecológica, que Dios tiene que tomar la iniciativa para tocar nuestros corazones y poder decir que toda nuestra Iglesia es una Iglesia que se convierte a Dios, a los hombres y a la naturaleza”.

Monseñor José Angel Divasson, coordinador de la REPAM-Venezuela, destacaba que “el encuentro es muy significativo porque da oportunidad de intercambio”. Según el obispo emérito de Puerto Ayacucho, dentro de “las diferencias y las características propias de los contextos y culturas hay un mismo espíritu, un mismo camino, y se encuentra en la experiencia que otros tienen, indicadores de caminos para el futuro”. Al mismo tiempo, el obispo salesiano señala que la REPAM ayuda a “animar todo lo bueno que se está dando en la formación, en las luchas por los pueblos, en los derechos humanos, en todos los aspectos que corresponden a la vida de cada comunidad”, siendo conscientes que “juntos se puede formar esa fuerza que el Señor nos pide y nos inspira para que sigamos”.

La Secretaria de la REPAM-Venezuela, Ennymar Bello, reconocía que este encuentro “nos permite vivenciar la espiritualidad de estos pueblos indígenas, ver su diversidad y riqueza, poder experimentar con los sentidos toda esta espiritualidad que nos enriquece, es ver que son nuestros hermanos, los mejores para poder ayudarnos a cuidar de nuestra Creación, a ver como hacer para tener una ecología integral”.

La fundadora de la Teología india, la guatemalteca Ernestina López, ha ayudado a reflexionar sobre una tradición que, en su opinión, “viene de las propias culturas milenarias”, pero que después del Vaticano II cobró mayor protagonismo a través de una reflexión de carácter ecuménico. Su presencia ha ayudado a “compartir la sabiduría, el trabajo que hacemos en este caminar”. Una historia que recoge el recorrido de los líderes y pueblos indígenas en su reflexión teológica.

En ese sentido, el objetivo de su trabajo lo resume en una tentativa de “acompañar a nuestros pueblos, ser con nuestros pueblos, vivir con nuestros pueblos”, en una dinámica de mutuo aprendizaje, pues como ella misma señala, “nuestros pueblos no se cierran, ellos se abren y entre más se abren, más fortalecen su propia identidad, entre más consiguen acoger a los diferentes, más son ellos mismos”. Es un camino iniciado por los antepasados y que hará posible alcanzar la meta, “en la medida en que estemos unidos”, conseguir “que nuestra sabiduría no muera, sino que se siga transmitiendo de generación en generación, de país en país, de pueblo en pueblo, porque también es una ofrenda para toda la humanidad, para la Madre Tierra”.

La Iglesia local amazónica, con rostro indígena, “tiene que ser una Iglesia inculturada, que procura expresar su liturgia, sus ministerios, su administración en conceptos culturales locales”, según Paulo Suess, una de las voces más destacadas del Consejo Indigenista Misionero (CIMI) de Brasil, insistiendo en que “la Iglesia de la Amazonia es muy amplia, con muchas expresiones culturales, con muchos rostros”. Junto con la inculturación ve la necesidad de “una descentralización” y unos ministros locales que conocen la realidad y aman su cultura, proponiendo al Sínodo “una abertura a los viri probati”, que permita que las comunidades amazónicas puedan celebrar la Eucaristía con mayor frecuencia.

Uno de los elementos que ha servido para la reflexión de los presentes ha sido la homilía pronunciada por el Papa Francisco a los pueblos indígenas en San Cristobal de las Casas, Chiapas, donde por encima de todo, según Mauricio López, “fue reconocida la urgencia de pedir perdón por las veces en que la Iglesia ha perdido la oportunidad de abrazar la riqueza, la espiritualidad y la historia de los pueblos indígenas, reconociendo que ellos han sido quienes más nos han enseñado a cuidar de nuestra Madre Tierra”.

 

Conocer experiencias concretas de misión que se están llevando a cabo en diferentes puntos de América Latina ha sido otro de los propósitos de este encuentro organizado por la REPAM. Una de ellas es la que han llevado a cabo durante 60 años los jesuitas en Bachajón, Chiapas, donde en la diócesis de San Cristobal de las Casas, con Monseñor Samuel Ruiz y Felipe Arizmendi, han ido promoviendo un diaconado permanente elegido e inserto dentro de la propia comunidad en que estos diáconos viven, promoviendo la identidad indígena, el desarrollo productivo, el cuidado de la Creación, la resolución de conflictos y los servicios propiamente pastorales.

En ese sentido, uno de los que actualmente participan de esta experiencia, el jesuita Felipe Jaled Alí Modad, señalaba que ha ido viendo “como la Iglesia ha ido tomando un rostro indígena, los pueblos indígenas se han hecho cargo de la evangelización en la diócesis, tienen un protagonismo muy fuerte a través de los catequistas y diáconos indígenas, de todos los ministerios que se han ido creando desde sus propias culturas y tradiciones”. Como alguien que ha llegado de fuera, resalta que le ha “sorprendido la fuerza que tienen estas comunidades”, por lo que duda en calificarla como “una experiencia valiosa, muy bella, que ayuda a otras Iglesias a caminar”, que es una prueba de que “es posible tener una Iglesia con rostro indígena”.

Otra experiencia que ha sido presentada fue la del Equipo Itinerante que trabaja en la Amazonia brasileña, que ha ayudado a compartir las intuiciones que han ido naciendo de sus continuas visitas a las comunidades amazónicas, presentando algunos rasgos de esa Iglesia con rostro indígena y amazónico, de quienes se puede aprender y tratar de promover.

A partir de estas reflexiones y experiencias, los líderes indígenas presentes han dialogado sobre los elementos que pueden hacer realidad esa Iglesia con rostro amazónico y las contribuciones que surgidas de la base pueden estar presentes en el Sínodo de los Obispos para la Pan-Amazonia, teniendo en cuenta que la mejor contribución es aquella que nace de la vida, de la historia, de la experiencia concreta, de la articulación. Sólo así el Sínodo va a tener mayor profundidad y va a estar más cercano a la vida de los que habitan la Amazonia y al proyecto del Reino de Jesús.

No olvidemos que este encuentro puede ayudar, como señala Mauricio López, a conseguir “una resistencia y defensa del territorio y de la cultura desde la fe en Jesucristo, que se complementa con las identidades culturales y la espiritualidad propia de los pueblos”. Ese “testimonio de los pueblos indígenas, lo que significa ese diálogo intercultural”, es la base, en opinión del hermano Marista Afonso Murad, para superar los retos que la REPAM debe enfrentar, como es hacer llegar sus inquietudes a “las grandes ciudades de la Amazonia, como integrar, repensar los desafíos de las ciudades en la región amazónica”.

Junto con eso, Murad, uno de los grandes pensadores en el campo de la Eco-teología, incide en la necesidad de que “la Iglesia de la Amazonia tenga un rostro profético que marque una diferencia en relación al cuidado de la floresta, las aguas, el pueblo, en una perspectiva de construcción de una sociedad sostenible, del Bien Vivir, traducido en una postura social y política”.

El Sínodo puede ayudar a entrar en esa dinámica y mostrar a la Iglesia y a la sociedad actual que un mundo mejor es posible y que eso puede estar más cerca si asumimos esos rostros amazónicos e indígenas históricamente postergados y despreciados. Poco a poco se van dando pasos en esta dirección, aunque la diversidad de visiones y realidades hacen que a veces los avances sean pequeños. Sin embargo, la preparación del Sínodo está aflorando actitudes de construcción colectiva, todo ello desde una espiritualidad que acompaña y da fuerza.

Para leer otros artículos del autor, pinche aquí.