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América
Ezzati
En los últimos 15 años, desde el caso de Andrés Aguirre, el llamado "cura Tato", 80 sacerdotes y religiosos católicos han sido acusados en Chile de delitos de connotación sexual

La Iglesia católica chilena lamentó los presuntos abusos sexuales cometidos contra una treintena de alumnos de la Congregación Marista en los últimos 40 años, aunque valoró los esfuerzos de la orden en esta materia.

El cardenal Ricardo Ezzati, arzobispo metropolitano de Santiago de Chile, afirmó en declaraciones a los periodistas que "la verdad siempre nos hace libres" y valoró los esfuerzos que los maristas han realizado en ese tema sensible. "Fue un acontecimiento triste para ellos", apostilló.

Ezzati señaló que se están trabajando los casos junto al Ministerio Público de Chile y de forma interna con sumarios contra los presuntos autores de los actos ilícitos.

Jaime Concha, víctima de abusos y uno de los portavoces de los afectados, catalogó como una tragedia la situación de este colectivo y dijo que esperan una respuesta con fuerza de la Congregación de los Hermanos Maristas para expulsar a los responsables y gestos de reparación para todas las víctimas y sus familias.

"Lamento mucho que la actitud de la congregación haya llevado hasta esta escalada en la cual, de pasar a ser un problema local en el último lugar del mundo, se ha transformado ya en noticia en Europa, tras reconocer su responsabilidad en el encubrimiento de estos crímenes", declaró Concha a Radio Biobío.

 

 

Los Hermanos Maristas de Chile, parte de una congregación religiosa católica con fines educativos a nivel internacional, admitieron haber silenciado casos de abuso sexual a menores en el interior de los colegios que administran en este país.

Hay entre ellos al menos siete docentes investigados por delitos en contra de una treintena de alumnos.

En los últimos 15 años, desde el caso de Andrés Aguirre, el llamado "cura Tato", 80 sacerdotes y religiosos católicos han sido acusados en Chile de delitos de connotación sexual.

De ese total, 45 fueron condenados por la justicia civil o canónica, y de ellos 34 tuvieron como víctimas a menores de edad.

 

 

Por otro lado, James Hamilton, una de las víctimas de los abusos del sacerdote, Fernando Karadima, emplazó al Papa Francisco a pocos días de su llegada a Chile. En una carta abierta, Hamilton reflexiona sobre los "códigos de hermandad" que tienen los obispos y sacerdotes frente a las denuncias de abusos sexuales.

El cirujano relata que escuchó a un religioso decir que "no se sentía en condiciones de denunciar, ni siquiera ante su obispo, a otro sacerdote abusador o perverso" pues lo consideraba más que un hermano de sangre.

Hamiltón agrega, "por breves momentos tuve un flashback de cuando Fernando Karadima les hablaba a "sus" sacerdotes y obispos acerca de la dignidad sacerdotal, que pasaban a ser hermanos de Jesucristo y que eso los hacía entrar en la comunidad de los elegidos".

Y luego se dirige directamente a la mayor autoridad de la Iglesia Católica: "Con tu venida, Francisco, no puedo dejar de preguntarme qué pasa con las autoridades eclesiásticas y religiosas. Con el obispo de cada diócesis cuyos límites territoriales y poderes han sido designados por usted y sus predecesores".

¿Por qué frente a la denuncia leal y confiada de víctimas ya debilitadas por el sufrimiento y la edad, a través de las vías establecidas por ustedes mismos, la respuesta ha sido casi invariablemente la misma: negación, indiferencia, silencio y frialdad?

Finalmente, le pregunta: "Señor Francisco, ¿por qué no nos recibes? ¿No nos crees? ¿O a pesar de creernos, la consanguinidad de la curia prevalece?"

(RD/Agencias)