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Monseñor Geremias Steinmetz, arzobispo de Londrina (Brasil) RBJ

(Luis Miguel Modino, corresponsal en Brasil).- Este martes, 23 de enero, comienza en Londrina, estado de Paraná, el 14º Intereclesial de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) de Brasil. Unas tres mil personas, llegadas de la gran mayoría de las diócesis del país, así como algunos de otros países, van a participar de este encuentro de reflexión y celebración.

El tema de este año es "CEBs y los desafíos del mundo urbano" y el lema "Yo vi y oí los clamores de mi pueblo y bajé para liberarlo". El Arzobispo de Londrina, Monseñor Geremias Steinmetz, quien asumió su misión el pasado mes de agosto, llegando de la diócesis cercana de Paranavaí, ya conocía los pasos que estaban siendo dados en la preparación del Intereclesial, preparado durante cuatro años, especialmente a través de las Santas Misiones Populares.

En las CEBs, la evangelización siempre debe estar "en vista de la organización comunitaria y, todavía más, en vista de la transformación social". El Arzobispo afirma que el gran objetivo "es construir un ciudad cada vez más justa, fraterna, solidaria. Pero eso no es algo que se consigue simplemente con la oración, o por la eucaristía, o por oír la Palabra de Dios, pasa por crear condiciones y hacer que esas cuestiones se hagan realidad". Las CEBs deben siempre "crear transformación" ante los problemas existentes.

Una de las presencias más destacadas de las comunidades eclesiales de base debe ser en las periferias, pero para eso es necesaria una buena metodología, subraya Monseñor Steinmetz, insistiendo en la imprescindible presencia y valoración del trabajo del laicado para llevar a cabo esta misión.

En ese sentido, destaca la importancia de la dimensión profética de las CEBs y de la Iglesia en general, aspecto que se ha ido perdiendo entre las nuevas generaciones de sacerdotes y seminaristas, más preocupados con la dimensión interna de la Iglesia. Por eso, la figura del Papa Francisco, a quien considera alguien que siempre está al frente, resulta fundamental, pues sus palabras y actitudes nos ayudan a hacer realidad una Iglesia en salida, comprometida.

¿Podría decirnos qué es lo que supone el Intereclesial para la Archidiócesis de Londrina, a pesar de que usted hace poco que llegó a esta Archidiócesis y el Intereclesial es algo que ya se encontró?

Llegué aquí a Londrina ahora, en el mes de agosto, eso es verdad, pero yo ya sabía, naturalmente, que el Intereclesial tendría lugar aquí porque ya era obispo en el estado de Paraná, obispo de Paranavaí, y participé inclusive de las decisiones sobre el Intereclesial, sobre el hecho de que Londrina recibiese el Intereclesial de este año.

Entonces yo acompañé la caminada en su conjunto, de modo que venir a Londrina para acompañar ahora los últimos pasos, todo aquello que todavía debía ser llevado a cabo para que el Intereclesial tuviese lugar no fue algo difícil, porque ya venía acompañando y, al mismo tiempo, conocía bien a todas las personas que estaban implicadas, especialmente a partir de la comisión de organización del Intereclesial aquí en Londrina. Ya conocía al Padre Dirceu, al Padre Marcos José, al Padre Joel, a Lenir. Ya conocía a todas las personas y, por tanto, ya tenía desde el principio una buena intuición.

¿La Archidiócesis de Londrina está animada con este momento?

Bien, yo diría lo siguiente, fueron cuatro años prácticamente de preparación. Las noticias que se tienen es que después del Intereclesial de Juazeiro do Norte esta cuestión fue discutida con el clero para que se hiciese realidad la preparación, como debería realizarse la preparación sobre el Intereclesial.

Después se creó esa cuestión de las Santas Misiones Populares para llevar a cabo, de hecho, la preparación. Fue en ese momento de las Semanas Misioneras, de aberturas de Semanas Misioneras, cursos de Misiones Populares, retiros de Misiones Populares, lo que fue llevado a cabo en vista de la preparación del 14º Intereclesial, que yo me encontré aquí en Lodrina.

Los últimos meses de 2017 prácticamente los pasé visitando comunidades y comunidades, parroquias y parroquias, y trabajando con las Santas Misiones Populares, especialmente en celebraciones, y eso fue algo muy intenso, llamó mucho la atención el ritmo de trabajo que se impuso aquí para que esa preparación pudiese llevarse a cabo.

Al mismo tiempo, las reuniones que fueron teniendo lugar de las más diversos equipos. Participé de una u otra reunión de la comisión central, también de una u otra plenaria, pero también acompañando la cuestión de la liturgia, del transporte, de los espacios donde todo debería suceder, porque no es que hagamos un plan y ese plan simplemente se realice, necesitamos estar siempre atentos porque siempre hay imprevistos, que es necesario que resolvamos en el momento, es necesario buscar otras soluciones.

Fue eso, fue un equipo, pudimos trabajar en ese sentido, buscando soluciones que es necesario tomar para que ahora, de hecho, se pueda llegar al Intereclesial y decir que todo está preparado.

El tema del Intereclesial es la evangelización del mundo urbano. ¿Cuáles son los desafíos que el mundo urbano, en Brasil, está enfrentando actualmente en todo lo que se refiere a la evangelización?

El trabajo de evangelización hoy, en primer lugar, no puede ser comprendido como un trabajo aislado, especialmente cuando se habla de comunidad eclesial de base, que tiene como base el trabajo de evangelización, la Palabra de Dios, la Eucaristía, la organización de la comunidad, que son esos tres pilares sobre los cuales se trabaja la cuestión de las CEBs. No olvidándose que ellas trabajan en vista de la organización comunitaria y, todavía más, en vista de la transformación social.

El gran objetivo, podemos decir así, es construir un ciudad cada vez más justa, fraterna, solidaria. Pero eso no es algo que se consigue simplemente con la oración, o por la eucaristía, o por oír la Palabra de Dios, pasa por crear condiciones y hacer que esas cuestiones se hagan realidad.

Ese es el gran debate en la sociedad en su conjunto, que los cristianos, a partir de las comunidades de base, están creando o procurando crear transformación. Una de las grandes cuestiones aquí en Londrina, en este tiempo de preparación del Intereclesial, es que muchas veces eso es mal entendido, porque inclusive en el momento histórico que estamos viviendo en Brasil, que con toda seguridad nos pide actuar con mucha calma, mucha serenidad a la hora de hablar sobre cuestiones sociales, para que el trabajo de las CEBs en su conjunto no sea visto a partir de un partido.

Tenemos que tener mucho cuidado en ese diálogo con la sociedad, pero ahora en el Intereclesial, reflexionando sobre la cuestión de la habitación, en Londrina el problema de la habitación es un problema todavía muy serio, a pesar de que se ha avanzado bastante en esa cuestión. Pero es también el problema de la educación, de la juventud en las periferias. Sólo tenemos que salir un poco a las periferias de Londrina y vemos cuantos jóvenes tenemos, en general negros, pobres naturalmente, que están ahí, todo el día en la calle. Tú pasas a las ocho de la mañana y están ahí, a las ocho de la noche, y están en la calle, y a las tres de la tarde, ellos están en la calle. Entonces, ¿qué es lo que podemos esperar de esa juventud?

La Iglesia católica ha perdido presencia en las periferias, que fue ocupada por algunas iglesias evangélicas pentecostales. ¿Cómo ve usted esa situación?

Esa es otra cuestión muy interesante. Sí que perdimos. La Iglesia católica no tiene la presencia en las periferias que debería tener. Mi antecesor, Monseñor Orlando Brandes, hoy arzobispo de Aparecida, tuvo la intuición, y trabajó bastante, en el sentido de crear parroquias en las periferias, de modo que hoy Londrina tiene más de cincuenta parroquias, en la ciudad de Londrina, para menos de seiscientos mil habitantes. Es una media buena delante de la realidad de Brasil, muy buena, pero todavía vemos que esas parroquias no están consiguiendo entrar en las periferias.

A mi modo de ver, y esa es una cuestión que voy a intentar abordar todavía más en las discusiones y entrevistas, es que me parece que el Intereclesial está abordando poco la cuestión de la metodología en las periferias, metodología de trabajo de evangelización con las periferias.

En su opinión, ¿cual debería ser esa metodología?

Hoy, muchas de nuestras presencias son en el sentido de cesta básica, inclusive de censar personas para recibir cestas básicas y todo eso. Ahora, si se intenta reunir a alguien para poder hablar de la Palabra de Dios, para componer realmente y hacer un trabajo de comunidad eclesial de base como debería ser, nos encontramos con un problema, que es un problema de nuestro tiempo, la gente no quiere pensar, la gente no quiere enfrentarse con los problemas de la vida. La religión es algo mucho más inmediato que mediado por la cuestión de la Palabra y la reflexión para una vida recta. Ese es un problema de nuestro tiempo, es un problema estructural y también cultural, de la propia forma de expresión de la humanidad en nuestro tiempo.

Este año la Iglesia de Brasil está celebrando el Año del Laicado. Aprovechando eso, ¿no se podría incentivar ese mayor protagonismo de los laicos a través de las comunidades eclesiales de base, para que esa presencia en las periferias sea más firme, para que a través de un trabajo más reconocido de los laicos se pueda llevar a cabo una evangelización más viva, una mayor presencia de la Iglesia?

Ese es un sueño, que vamos a decir, con el poeta, un sueño que se sueña sólo es simplemente un sueño. Cuando soñamos eso como comunidad, como diócesis, tal vez eso comience a hacerse realidad. Y nosotros tenemos, aquí en Londrina, una fuerte presencia del laicado. Pero todavía sobre la cuestión de la evangelización, yo veo que se hace débilmente, ella va mucho por el lado del asistencialismo, como ya hemos comentado.

Sin embargo es una vez más un desafío que es necesario ser enfrentado, y en la situación actual de las CEBs, en la situación de la política nacional, tenemos que decir claramente que las CEBs necesitan repensar su metodología y de nuevamente lanzarse al trabajo para conseguir formar líderes que puedan dar respuestas más efectivas a la cuestión de las periferias.

Ahora en los últimos meses, en este último año, la cuestión de la periferia ha empeorado. Se dice que en Londrina tenemos en torno de quince mil personas, en una ciudad con seiscientos mil, que pasan hambre. Y eso es algo de lo que ya no se hablaba, pero hoy se habla de nuevo.

La Iglesia de Brasil está recuperando en cierta medida esa dimensión profética. ¿Puede ser las CEBs, las pastorales sociales, algunos movimientos, un instrumento que ayude a retomar esa dimensión profética?

Sin ninguna duda. Las CEBs son vocacionadas a eso, es vocación de las CEBs ser proféticas, porque ellas no piensan sólo en las cuestiones espirituales o de evangelización, sino que piensan con mayor amplitud en la cuestión profética, que es la denuncia, pero es sobre todo una denuncia consecuente, una denuncia de se convierta en práctica, que produzca práctica en la vida de una comunidad.

Yo mismo me acuerdo que en el tiempo de estudiante, y no soy un anciano, hace unos veinticinco años más o menos, me acuerdo de cuando nosotros, siendo seminaristas buscábamos estar presentes en las comunidades, organizar esa comunidad internamente, crear líderes. Y poco a poco también ir viendo con la comunidad las grandes necesidades de esa comunidad, para poder trabajar encima de eso, con el ayuntamiento, con los líderes, con los concejales de la región. Nos preocupábamos en hacer eso.

Las CEBs tienen esa vena profética muy fuerte, y yo creo que por las CEBs también pasa esa cuestión, a pesar de que en documento sobre las parroquias, comunidad de comunidades, una nueva parroquia, se ensancha un poco el concepto de parroquia. Él intenta hasta decir que un movimiento puede ser considerado una comunidad, una pastoral que tenga un cierto número de personas que se encuentran, puede ser considerado una comunidad, un grupo de calle podría ser considerado una comunidad.

Esa es todavía una cuestión que me parece que necesita ser rediscutida, cuáles son las características reales de una comunidad para que de hecho puedan llevarse a cabo todos esos elementos. Hablando de un trípode, sacerdocio, bautismo y la realeza, en el sentido de la transformación social.

Usted ha recordado cuando era seminarista. ¿Hoy los seminaristas han perdido esa visión del ministerio, de cómo ser padre, esa visión de Iglesia en salida, de preocupación con la vida de la comunidad?

Esa es una discusión grande. Acaba de llegar la nueva ratio fundamentalis de la formación, que intenta poner a la formación mucho más en la línea del discipulado. Inclusive las etapas de formación son llamadas con nombres diferentes. La teología es el tiempo de la identificación con el señor, la filosofía sería un tiempo de profundización en el discipulado, el introductorio sería tiempo de aprender sobre el discipulado, cuales son las bases del discipulado.

Ahora vamos a caminar un poco en cuanto Iglesia y vamos a ver cuáles son las respuestas que podremos encontrar en esa nueva metodología, pero yo creo que la vida en los seminarios necesita ser más realista, no es posible que ordenemos sacerdotes que no sepan trabajar, personas que nunca tengan trabajado, personas que no tengan verdadera conciencia de donde salen las cosas.

En la práctica, lo que ocurre es que muchas veces el sacerdote llega a la parroquia y la primera cosa que hace es reformar la casa, la segunda cosa es un coche nuevo, y después todos los ropajes del padre, que es necesario que sean de la mejor calidad. Eso ya no es más posible, creo que la situación que estamos enfrentando demanda una mayor autenticidad, más profunda y también, en ese sentido, una pobreza más efectiva.

La crítica que usted está haciendo es algo que el Papa Francisco ya hizo diversas veces, inclusive en esta última semana en los encuentros que tuvo con seminaristas, con el clero, con religiosos, en Chile y en Perú. ¿Cómo está ayudando el Papa Francisco en ese modo de ser Iglesia que las CEBs quieren hacer realidad?

Yo diría que el Papa Francisco, hablando nuestro lenguaje del fútbol, dado que somos brasileños y españoles, el Papa lanza la pelota hacia adelante, va a alcanzar esa pelota quien tiene un poco menos de barriga, quien tiene un poco más de entrenamiento. Y nosotros tenemos que correr detrás, porque el Papa está constantemente lanzando la pelota hacia adelante. Y nosotros tenemos que correr detrás en cuanto obispos, en cuanto Iglesia.

Se puede pensar por ejemplo, en la cuestión del Papa hablando de Iglesia en salida, lo que es toda una revolución, hablando por ejemplo del documento de Aparecida, de las estructuras que ya no evangelizan más, lo que eso significa cuando vamos a hablar sobre la Iglesia hoy, donde existen estructuras que ya no consiguen evangelizar más.

En el discurso del que hablas a los sacerdotes, pero antes él habló a los obispos, sobre la cuestión de la pertenencia. Él piensa que muchas de las personas que dejan a veces hasta el catolicismo, lo dejan porque ya no se sienten pertenecientes. Sería la recuperación de un poco de lo que en el Intereclesial está siendo llamado de casa, la vuelta para casa, la vida dentro de casa, la vida de la casa, alrededor de la casa.

A los sacerdotes también les llamó la atención sobre la vida de los sacerdotes en su contacto con la realidad. Entonces el Papa lanza las grandes ideas y, poco a poco, esas ideas tienen que bajar, tienen que venir para nuestra realidad. Una de esas ideas es la dimensión misionera, el problema de la Iglesia en salida, y que de hecho necesitamos adaptar a nuestras iglesias para que eso efectivamente suceda.

Una de las cosas que el Papa dijo es que los sacerdotes, los obispos, no pueden pensar que los laicos son sus empleados.

Exactamente. Él levanta el problema, la cuestión del servicio, lo que es el servicio del sacerdote. Pero cuando uno llega en una parroquia y pregunta donde está el sacerdote y la gente dice que fue al banco. ¿Es esa misión del sacerdote, eso forma parte del servicio del sacerdote? Esas cuestiones que el Papa está intentando levantar es lo que está produciendo un verdadero divisor de aguas en ese sentido.

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