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América
El Papa y Marcelo Figueroa
El proceso del Papa Francisco está en marcha, pero dependerá de cada diócesis la responsabilidad de ser sensible a esto y principalmente a continuarlo

(Israel González Espinoza).- Los números marcan en rojo para la Iglesia católica latinoamericana. Según el reciente estudio de la corporación Latinobarómetro con motivo de la gira papal a Chile y Perú, este organismo de medición social presentó el informe Papa Francisco y la religión en Chile y América Latina 1995-2017 en el cual detalla por países la caída abrupta del catolicismo en la región en dos décadas.

El aburguesamiento, los escándalos vinculados a la pederastia clerical y el enroscamiento en una moral sexual cada vez más anacrónica son algunos de los factores que expertos en temas eclesiásticos han señalado como las principales debilidades de la Iglesia del continente, que aún con todo esto, conserva una media de credibilidad del 65% en toda América Latina.

El estudio señala, además, que ahora son siete países dónde el cristianismo católico ha dejado de ser la religión dominante en la sociedad. También la valoración global del Papa Francisco ha sufrido una baja del 7,2% que tenía cuando inició su pontificado en el año 2013, a un 6,8% en 2017.

Religión Digital conversó en exclusiva con el teólogo protestante argentino Marcelo Figueroa, pastor de la Iglesia presbiteriana San Andrés de Buenos Aires, director de la edición argentina de L'Osservatore Romano (periódico oficial del Vaticano), y amigo personal del Papa Francisco, con quien condujo durante años el programa Biblia, diálogo viviente junto al rabino Abraham Skorka, que se transmitía en la televisión católica bonaerense. Para analizar los resultados del estudio de Latinobarómetro, así como los retos y desafíos para la Iglesia del continente.

Según el reciente informe de la corporación Latinobarómetro de Chile, el catolicismo vive sus horas más bajas en América Latina. Según su percepción como teólogo evangélico, ¿a qué se deben los malos números estadísticos que presenta la Iglesia católica?

Depende en cada país de Latinoamérica. Aclarado esto, si tuviera que trazar algunas razones en línea general, éstas serían: Dificultades para adaptar el mensaje evangélico a las realidades actuales, especialmente a los jóvenes, no solo en contenido sino en formato. La tendencia de buscar una religión sin estructuras y sin dogmas cerrados. El avance de movimientos evangélicos. Los casos de abuso a menores en autoridades eclesiásticas que minan la credibilidad de toda la estructura piramidal. 

En 2014, cuando Latinobarómetro presentó un informe similiar titulado "Las religiones en América Latina en tiempos del Papa Francisco", la organización daba por hecho que un Papa latinoamericano podía levantar las simpatías en la región y detener la sangría de feligreses. A 2017, y pese al Papa, sigue la tendencia a la baja. ¿Por qué Francisco no ha logrado revertir la desbandada de fieles que tiene la Iglesia en todo el continente?

Creo que la llegada de Francisco sí ha detenido una tendencia a la baja. De acuerdo con el estilo de mirar los procesos dentro de la Iglesia (el kairos), Francisco es un hombre de alentar y fomentar procesos de cambio más que de acaparar espacios o provocar cambios inmediatos. El proceso está en marcha, pero dependerá de cada diócesis la responsabilidad de ser sensible a esto y principalmente a continuarlo.

Usted es amigo personal del Papa. ¿Cree que el Papa estará preocupado por éstos números? ¿Cómo los tomaría él?

No lo sé. Sí creo que es una persona sumamente informada y hace tiempo que conoce esta realidad y desde luego asumió como Sumo Pontífice con ella. Es un desafío que ha asumido. Su línea es que la Iglesia crece por atracción al Evangelio y no por poder o proselitismo. Por otro lado, si tomamos en cuenta el estilo y perfil de los obispos nombrados por él, notamos la cara visible de la Iglesia que él tiene en su mente y corazón.

Latinobarómetro muestra grandes contrastes cuando se divide el continente en subregiones. América Central y Brasil se protestantizan aceleradamente. Los países del pacto andino (Venezuela, Ecuador, Colombia, Perú, Bolivia) junto a México conservan altos niveles de católicos y por el contrario, el cono sur (Uruguay, Chile) le dan la espalda a la religión para abrazar el agnosticismo/ateísmo. ¿Por qué considera se dan éstos fenómenos en una región que hasta hace poco gozó de gran unidad cultural y religiosa?

Es difícil responder esta pregunta en forma rápida, pero lo hago a riesgo de parecer simplista. América Central por cultura tiene influencia de movimientos neopentecostales del sur de Estados Unidos. Brasil ha tenido un grupo neopentecostal propio como lo es la Iglesia Universal que tiene una dinámica propia y anárquica y una agenda mediática y política que la hace muy diferente en el fondo, aunque si lo sea en apariencia, a otra iglesias pentecostales en el continente.

Todos éstos están fuertemente influenciados por la teología de la prosperidad. Algunos países como Colombia y Argentina van en esa misma dirección. El caso de Chile es particular por todo lo que ya se ha descrito en oportunidad del viaje de Francisco. Uruguay ha sido siempre el país más secular del continente, es el único que constitucionalmente se declara agnóstico.

Usted, conjuntamente con el jesuita Antonio Spadaro, escribió un artículo en el que resumió como un "ecumenismo de odio" la unión de los sectores católicos y evangélicos protestantes más conservadores en EE.UU. ¿Hay interés en éstos sectores de exportar la denominada teología de la prosperidad hacia América Latina? ¿Hasta qué punto el neopentecostalismo que vemos en América Central y Brasil está influenciado por esta corriente de tinte espiritualista?

Desde luego que los movimientos evangélicos descritos en ese artículo en general se corresponden con la teología de la prosperidad. El avance en todo Latinoamérica es importantísimo y merece mucha atención. Atraviesan la brecha de la pobreza con una predica sincrética al exaltar el dios Mamón y provocan mucho daño a los que no tienen como salir de un sistema que los excluye con conceptos meritocráticos que aún los culpabiliza de su pobreza y marginalidad.

En entrevista con el diario El País, Papa Francisco reconoció que la teología de la liberación fue un factor positivo para la Iglesia latinoamericana. ¿Cree que el viraje conservador producido en el pontificado de Juan Pablo II (reflejado en los Episcopados) influyó en la sangría de feligreses que hoy vive la Iglesia del continente?

Es posible que ambos movimientos extremos, una teología que toma prestadas agendas ideológicas de izquierda y otra que apoyada en un conservadurismo se acercó a otras de derecha no han ayudado. Creo que la Teología del pueblo que propone Francisco está transitando un camino cercano a los Evangelios y con una agenda propia cercana a las realidades de este continente.

Otro dato revelador del nuevo informe de Latinobarómetro es que los evangélicos del continente son en su media más practicantes que los católicos. ¿Considera que esto también ha tenido su impacto en los números que reflejan la caída abrupta del catolicismo?

Desde luego. Si en general, el 70 por ciento de la población es católica y de ellos el 10 por ciento es practicante, hablamos de un 7 por ciento de practicantes católicos. Por otro lado si en promedio los evangélicos son el 20 por ciento de la población y entre ellos el 80 por ciento es practicante, el 16 por ciento duplica con creces al anterior. Son cifras generales y no científicas pero bosquejan de alguna manera este fenómeno.

¿Considera que la jerarquía católica del continente (CELAM, Conferencias Episcopales) deben tomar en serio éstos números? ¿Cómo deben tomarlos: como un reto para re-evangelizar el continente, desde la innovación pastoral y la autocrítica, o de una forma más bien confrontativa con el protestantismo, tal y como se hacía hasta antes del Concilio Vaticano II?

Espero que lo tomen como un desafío para llegar a promover el mensaje del Evangelio que tanta falta hace en nuestros países. Oro para que lo puedan hacer juntos a algunas Iglesias de la Reforma sin ningún tipo de especulaciones proselitistas de nadie.

En Argentina, así como en otros países de América Latina, a la jerarquía se le acusa de estar lejos del pueblo, de elitista, de encubrir casos de pederastia y corrupción en la gestión financiera de las diócesis. ¿Pueden los nombramientos de obispos con olor a oveja y más preocupados por lo social?

Desde luego que sí, y pienso que eso está en la mente y corazón de Francisco cuando elige nuevos obispos.

La Iglesia latinoamericana está salpicada por una historia de obispos, curas y laicos comprometidos con las causas humanistas más altas. Algunos de ellos, como monseñor Angelelli (de Argentina) han sido rehabilitados de alguna manera por el actual pontificado. ¿Cree necesario que la Iglesia vuelva su mirada ante estas figuras que, además de dar credibilidad, compaginaban con los ideales de Jesús de Nazaret?

Absolutamente. Urge rescatar estas figuras y hacer una relectura de su ministerio aplicando su enseñanza a una realidad actual.

¿La Iglesia latinoamericana está condenada dentro de un par de décadas a ser una minoría en el continente en el que una vez fue su principal bastión? ¿Cuáles deben ser las actitudes de los obispos en las naciones dónde el catolicismo ya no es una mayoría abrumadora?

No creo que exista esta condena, ni que esto suceda en el mediano plazo. Sin embargo, la historia de la Iglesia nos enseña que donde fue minoría y hasta perseguida se creció, fortaleció y purificó. No lo vería como un problema. Cristo sigue siendo la cabeza de la Iglesia.

Como reflexión final, ¿Cuál debe ser el papel de la Iglesia de ahora en adelante tomando en cuenta éstos números?

Evangelizar con los Evangelios, aunque parezca redundante. Acercarse a las necesidades reales de las personas. Comprender la forma en que se comunican las nuevas generaciones. Actuar proactivamente y no reactivamente viendo a las iglesias evangélicas como amenazas. Buscar el buen ecumenismo primero como obediencia a la oración del Señor en Juan 17,21 y además como señal de paz a un continente sumido en grietas sociales y políticas que se van profundizando.