• Director: José Manuel Vidal
América
El padre Peter Kliegel, sacerdote de Osorno
Ya no se puede postergar una respuesta satisfactoria en el marco humano y pastoral. La dignidad de las personas involucradas exigen decisiones que permitan sanar heridas. Esto quedó claro

(José M. Vidal).- La vida pastoral en Osorno ha sido frenada "por la problemática convivencia entre el obispo Barros... con su clero, los fieles y la ciudadanía". Este es el mensaje que trasladó al padre Jordi Bertomeu el sacerdote Peter Kliegel esta semana en su reunión con uno de los investigadores papales en Chile para indagar en el "caso Barros". Situación ante la que Kliegel confía en que el Papa Francisco encuentre la solución correcta para "mitigar el dolor de todas las personas que se ven afectadas por este drama que nadie merece vivir".

¿Qué le dijo usted, en síntesis, al enviado papal sobre el caso Barros?

En primer lugar quiero comentar que no me presenté sólo a este encuentro. Me acompañó otro sacerdote diocesano y un diácono permanente. Nos atrevimos a presentarnos en nombre de un importante grupo de sacerdotes y diáconos de la diócesis que tienen las mismas inquietudes.

Nuestras inquietudes son de carácter pastoral. Pesa sobre nosotros la grave situación de división en la diócesis, causada por el nombramiento del Sr. Obispo Juan Barros: antes, durante y en lo sucesivo en el ámbito eclesial y social. La vida pastoral está fuertemente frenada por la problemática convivencia entre el obispo como pastor, con su clero, los fieles y la ciudadanía.

Explicamos desde nuestras experiencias la realidad pastoral diocesana. Tratamos de evidenciar la vivencia en nuestra sociedad que no comprende que la Iglesia cause conflictos en su propia gente por no mirar la realidad vivida en la feligresía. Tuvimos que hablar del dolor como el pueblo católico experimenta el sufrimiento de la pérdida de credibilidad y como la situación del propio obispo se ha convertido en un asunto que ha dañado a la Iglesia católica chilena toda y como esto está impactando a la sociedad más allá del catolicismo.



¿Se sintió escuchado y bien acogido por el padre Bertomeu?

El dialogo con el Padre Bertomeu fue un verdadero diálogo, una escucha mutua, abierta y muy sincera. La manera cómo se conduce y se desarrolla un diálogo muestra siempre la intención, cuando no hay nada prefabricado y artificial.

La conducción del encuentro nos dio una inmensa confianza respecto a la comprensión de la problemática. El espíritu de enfrentar la realidad en la búsqueda de una solución con decisión, no pudo ser mejor.

¿Qué le pareció el sacerdote español, sustituto de Scicluna, y con qué actitud le vio?

Claridad, razonabilidad y acogida causaron su efecto.

Los laicos de Osorno también se reunieron con él. ¿Salieron contentos del encuentro?

Con mucho respeto insistimos que el encuentro del grupo de los laicos ante el delegado del Vaticano se realice separado al nuestro, para salvaguardar la libertad de cada uno. Según las declaraciones públicas de ellos salieron con las mismas perspectivas positivas que nosotros, los consagrados.

¿Espera que, con esta investigación, se ponga fin (por fin) al caso Barros en Osorno?

Nuestra impresión es que se comprende ahora muy bien la situación y se ve con claridad la importancia y la urgencia de una pronta solución, que ya no se puede postergar una respuesta satisfactoria en el marco humano y pastoral. La dignidad de las personas involucradas exigen decisiones que permitan sanar heridas. Esto quedó claro.

¿Lo mejor para la Iglesia chilena no sería que Barros renunciase a la diócesis precisamente por el mayor bien de la institución?

No podemos atrevernos a adelantar una respuesta. Pero el ambiente que nos esperó en el encuentro nos hizo percibir la esperanza de la posibilidad de un nuevo comienzo diocesano, siempre en bien de la comunidad de fe.

¿Espera que, tras la investigación, el Papa obligue a Barros a dejar la diócesis?

Tenemos fe que el Santo Padre con su prudencia pastoral encontrará un camino para mitigar el dolor de todas las personas que se ven afectadas por este drama que nadie merece vivir. Creo que el Santo Padre no tendrá que obligar a nadie a algo. Estoy convencido que no va a dar "píldoras de consuelo", más bien extenderá sus brazos para abrazar. Él muy bien sabe que perdón se causa por claras consecuencias. Jesús indicó este camino.

¿Cómo se tendría que cerrar el caso Barros y el caso Karadima, para que la Iglesia chilena comenzase a recobrar su credibilidad social herida?

Permítame que no hable del "caso Karadima". También Fernando Karadima tiene- sea como sea- derecho a la dignidad. El daño causado por él es enorme. Que nuestra Iglesia chilena no ha enfrentado con mira toda ésta herida es un trauma que necesitará tiempo para sanar. Por eso nuestra lucha por franqueza y sinceridad sin temor. Tenemos que volver en primer lugar a comprender que el amor el capaz de mucho más que podemos imaginar y solo la humildad en reconocer falencias y convertir el poder en fraternidad nos podrá ayudar y tendrá que guiar a la cabeza y el cuerpo eclesial.