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América
Protesta contra la entrada en la cárcel del expresidente brasileño Lula da Silva Agencias
El Consejo Indigenista Misionero ha calificado la prisión de Lula como "una estrategia de los grandes conglomerados empresariales"

(Luis Miguel Modino, Brasil).- El momento político que vive Brasil, acentuado con la prisión del ex-presidente Lula da Silva este último sábado, 7 de abril, se convierte en un elemento que puede influir decisivamente en la 56ª Asamblea General de los Obispos de Brasil que se inicia este día 11 en Aparecida, sede del Santuario Nacional.

Al contrario de lo que ha sucedido con diferentes diócesis y organismos dependientes de la CNBB, Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, por sus siglas en portugués, el episcopado brasileño no se ha pronunciado en su conjunto ante el momento actual, que muchos califican de histórico y que una vez más pone en jaque a la siempre débil democracia brasileña. El episcopado, que no podemos olvidar está compuesto por más 500 prelados, si tenemos en cuenta a los obispos eméritos, está dividido, como sucede con la propia sociedad brasileña.

De un lado nos encontramos la actitud de Monseñor Angélico Sándalo Bernardino, obispo emérito de Blumenau y anteriormente obispo auxiliar de São Paulo, en los tiempos en que el Cardenal Paulo Evaristo Arns, uno de los obispos que más abiertamente se enfrentó al gobierno de la dictadura militar, era su arzobispo. El prelado, amigo personal de Lula da Silva desde hace muchos años, participó de una celebración ecuménica, en el mismo día de la detención del ex-presidente, en memoria de su esposa, Marisa Leticia, fallecida el pasado año y que esa fecha cumplía años.

Según el obispo emérito de Blumenau, "se optó por una Celebración de la Palabra de acuerdo con el grave momento por el que pasa Brasil, víctima del reciente golpe llevado adelante por grandes intereses económicos, con la aprobación del Parlamento y ahora la politización del judiciario. No se trata de celebración político partidaria y sí de súplica por la Paz, fruto de la verdad, justicia, misericordia y amor fraterno".

Las reacciones no se hiceron esperar, inclusive con ataques en la web y redes sociales contra la Conferencia Episcopal de Brasil, una actitud que se viene repitiendo en los últimos tiempos por grupos conservadores que ante cualquier declaración episcopal o evento eclesial contrario a sus posiciones, no dudan en descalificar e insultar a la propia CNBB.

Por otro lado, ante la actitud de Monseñor Angélico, la Archidiócesis de São Paulo ha emitido una nota en la que señala que "fue una iniciativa personal de quien promovió el acto" y que el arzobispo, el Cardenal Odilo Scherer, "lamenta la instrumentalización política del acto religioso". También ha habido muchas muestras de apoyo a la actitud de Monseñor Sándalo Bernadino, la más divulgada y vehemente, surgió de la Iglesia Pueblo de Dios en Movimiento. Visiones enfrentadas dentro de la misma Iglesia y conferencia episcopal, que en opinión de muchos, pueden provocar algún tipo de tensión a lo largo de los próximos días.

El Consejo Indigenista Misionero, en nota pública, ha calificado la prisión de Lula como "una estrategia de los grandes conglomerados empresariales", denunciando que "parte del judiciario se curva a los intereses privados elitistas basando decisiones persecutorias en un pseudo discurso anticorrupción", siendo un paso más "de la persecución, de la criminalización y de la represión contra líderes y movimientos sociales que ayudan a organizar la resistencia contra la rapiña de los derechos de la población y del patrimonio público en el país".

En términos similares, la Comisión Pastoral de la Tierra, califica la prisión del ex-presidente, al que define como "preso político", como instrumento para "consolidar la sumisión nacional a los intereses ilimitados del capital global", y junto con eso, "para impedir que la vuelta de Lula se concrete y venga a deshacer medidas de concentración de riqueza y poder". Un comportamiento que, según la nota, no es el mismo "para otros líderes, de otros partidos, practicantes de crímenes notorios". Es una situación, según la CPT, que quiere "nutrir estratégicamente el odio, la intolerancia y el prejuicio, expresiones del fascismo social, en que sólo vale el individuo con sus intereses privados, no más la sociedad y el compartir colectivo de bienes comunes y públicos".

La Prelatura de São Félix do Araguaia, con su Obispo Monseñor Adriano Ciocca Vasino y su Obispo emérito Monseñor Pedro Casaldáliga, junto con los agentes de pastoral, también se han pronunciado, pues "desde 2013, constatamos la persecución violenta a los gobiernos populares (Lula y Dilma), a los militantes y a todos los que buscan construir una sociedad justa y digna para todos en Brasil y en América Latina, oponiéndose a la dictadura del capital internacional". Movidos por los "clamores en defensa de la Democracia, por la superación de las desigualdades", dicen estar dispuestos a continuar "luchando por la utopía del Reino", teniendo como motivación que "nuestras causas valen más que nuestras vidas", palabras del propio Casaldáliga, a quien muchos consideran uno de los grandes profetas de los últimos 50 años y que pastoreó la Prelatura por más de 30 años.

Son sólo algunos ejemplos de los muchos pronunciamientos llevados a cabo en el país en los últimos días dentro del ámbito de la Iglesia católica en referencia a la prisión del ex-presidente. No cabe duda que esta es una situación seguida de cerca por el Papa Francisco, pues no en vano, él se encontró para una larga conversación con el Cardenal Sergio da Rocha, Presidente del episcopado brasileño, este último 6 de abril, fecha en que durante la madrugada el Supremo Tribunal Federal se había pronunciado a favor de la prisión de Lula da Silva. En declaraciones a Cristiane Murray, publicadas por Vatican News, el arzobispo de Brasilia, declaraba el "amor inmenso por Brasil, por la Iglesia en Brasil, por el pueblo brasileño" por parte del obispo de Roma.

Al ser preguntado por la situación que el país vive, insistía en que "Brasil necesita hoy que la Iglesia dé testimonio de comunión, de unidad fraterna", aspecto que él mismo relataba que estuvo presente en su diálogo con el Papa Francisco. El cardenal señalaba que "la comunión es una exigencia de la evangelización. Jesús dice que estemos unidos, para que el mundo crea", palabras que dejan trasparecer una creciente preocupación ante la división cada vez más explícita dentro de la Iglesia brasileña. Junto con ese aspecto, recordaba unas palabras del Papa en su visita a Aparecida, "no se dejen robar la esperanza".

Dentro del programa de la Asamblea, que se extenderá hasta el próximo día 20, cabe destacar el tema central: "Directrices para la formación de los presbíteros de la Iglesia en Brasil", que pretende reflexionar, a partir del texto elaborado por una comisión presidida por el Arzobispo de Porto Alegre, Monseñor Jaime Spengler, no sólo sobre la formación en los seminarios, sino también sobre la propia formación permanente del clero, aspecto poco cuidado hasta ahora en la Iglesia brasileña.

Junto a este aspecto, en la programación aparecen otros nueve temas llamados prioritarios, entre ellos "la presencia de la Iglesia en la ciudad", que coincide con la reflexión del último Intereclesial de las comunidades eclesiales de base, celebrado el pasado enero, sobre la evangelización del mundo urbano, y otros seis temas llamados diversos, destacando el actual Año del Laicado y el Sinodo de la Pan-Amazonia, en el que la Iglesia de Brasil, que ocupa el 60% del territorio amazónico, debe tener un papel destacado. De hecho, en el llamado Consejo Presinodal, que se reunirá por primera vez en esta semana en Roma, como también ocurrirá en el propio Sínodo, el grupo mayor es el que representa a la Iglesia de Brasil. También aparecen en la programación, una serie de comunicaciones sobre aspectos más concretos y diferentes eventos que tendrán lugar próximamente.

Muchas expectativas ante un encuentro del que se esperan profundas reflexiones que puedan orientar la vida de la Iglesia y de la sociedad brasileña. No en vano, el episcopado brasileño fue durante décadas uno de los principales referentes en la construcción del país y una de las entidades con mayor autoridad moral. Algunos no quieren perder esa dimensión, como señalaba Monseñor Gilberto Pastana de Oliveira, obispo de Crato, en una reciente entrevista a Religión Digital, en la que decía que "el episcopado brasileño está muy preocupado con el momento que estamos viviendo y ciertamente ahora en la asamblea se pronunciará en relación a ese momento histórico vivido en Brasil".

Dejar pasar el momento, sería motivo para que algunos calificasen al episcopado brasileño como medroso. Pero al mismo tiempo, cualquier pronunciamiento que defienda la Democracia y los derechos de los más pobres, que constantemente pretende aniquilar el actual gobierno, puede hacer que otros colectivos tilden a esos mismos obispos de comunistas, como ya ha sucedido con algunas de las últimas notas. Esto muestra que la situación no es fácil, pero eso no puede ser disculpa para dejar de dar una respuesta a la luz de la Doctrina de la Iglesia y, sobre todo, del Evangelio, donde Jesús siempre estuvo al lado las víctimas del sistema.

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