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América
El Papa Francisco, con Hernán Reyes Agencias
Es la primera vez en cinco siglos que Latinoamérica puede hacer un modelo sin imposiciones de fuera, hay que aprovechar la oportunidad

(Francesco Gagliano, corresponsal RD en el Vaticano).- Hernán Reyes es corresponsal en Roma de la agencia de prensa argentina Télam y recientemente ha publicado "Latinoamérica" ​, un importante libro de entrevistas con el Papa Francisco.

Como puede deducirse del título, Reyes examina los orígenes latinoamericanos del Papa del fin del mundo, con una mirada particular a la conferencia de Aparecida, en la que Bergoglio jugó un papel principal y que a su vez es una clave fundamental para entender su pontificado. Un trabajo muy interesante, que ayuda a comprender mejor el trasfondo cultural de este Pontífice.

No es coincidencia que Reyes tuviera la oportunidad, hace apenas unos meses, de presentar su libro en China, país con el que el Vaticano está en continuo diálogo, y pueda usarlo como una herramienta valiosa para profundizar en el conocimiento del pensamiento del Papa Francisco. Entrevistamos a Hernán Reyes a partir de los hechos más recientes sobre América Latina y sus pueblos.

 

 

El Papa Francisco, con Hernán Reyes

 

La crisis de la iglesia y del episcopado en Chile fue el tema más urgente que el Papa tuvo que enfrentar recientemente en América Latina; ¿Cuál es la situación en el resto de la región? ¿Cree que podría haber casos similares en el horizonte?

Si bien el tema de los abusos, lamentablemente, ha tenido sus réplicas en todos los países, el caso chileno muestra que el problema era mucho más profundo, que había una corrosión en la Iglesia que, si bien tenía a los ataques sexuales como punta del Iceberg, reveló una trama de encubrimientos y problemas de mucha mayor profundidad. No en vano, fue el mismo papa Francisco quien habló de "abusos de conciencia, de poder y sexuales". Es decir, sin lugar a dudas los abusos fueron la parte más visible y repudiable, pero no hubieran sido posibles fuera de ese ámbito de oscuridad en el que se dieron. Fue justamente esa singularidad del "caso chileno", de una Iglesia enferma sin lugar a dudas, lo que provocó la "singularidad" de las medidas que adoptó, y seguirá adoptando, el pontífice para hacerle frente.

 

Monseñor Víctor Fernández, recién elegido obispo de La Plata, hablaba sobre la explotación política del Papa en Argentina. ¿Pueden ayudarnos a enmarcar mejor este hecho y cómo se percibe a Francisco en su país después de cinco años de pontificado?

Son varios los caminos que han llevado a esta paradójica situación en el país. En la raíz, de todos modos, están la tergiversación y manipulación político-mediática que se ha hecho de Jorge Bergoglio en el país desde sus años de cardenal y Arzobispo de Buenos Aires. Así como es imposible entender muchas de sus acciones como papa sin rastrearles el "ADN porteño" (diálogo interreligioso, ecumenismo, por ejemplo), el problema de la instrumentalización política de Francisco no empezó en 2013. Hay un concepto que puede servir de aglutinador, y es que, salvo excepciones, los que antes criticaban a Bergoglio, hoy adoran a Francisco; y los que adoraban a Bergoglio, ahora lo critican. Pero, ¿por qué, si en esencia la inmensa mayoría de las posiciones del papa son las mismas? Porque durante años, los medios de comunicación se embarcaron en la construcción de un Bergoglio cardenal que fuera el faro opositor al Gobierno de entonces, manipulando sus mensajes y homilías en es dirección. Tras su elección en marzo de 2013, y obviando la dimensión internacional que adquirió Francisco, esos mismos medios de comunicación empezaron un camino de semantización del papa pero en sentido opuesto.

De todas formas, la mayor parte de las críticas no dejan de ser reproducidas en ese mundo de clase media alta, urbana y de buena posición socio económica que son las redes como twitter y similares. El pueblo profundo, las 23 provincias que rodean a la capital argentina, que históricamente han desarrollado más anticuerpos al veneno mediático, se mantienen al margen de esta manipulación de Francisco. Uno ve, por ejemplo, la fiesta popular que fue la posesión del cargo del nuevo obispo auxiliar de Buenos Aires Gustavo Carrara a inicios de año, una verdadera fiesta popular con enormes demostraciones de afecto al papa. O cada encuentro pastoral que se hace en el interior del país; o los argentinos que cada miércoles cruzan el océano y llegan a la Plaza San Pedro para ver a "su" papa aunque sea a cien metros de distancia.

 

 

 

En su libro, trazando un camino ideal desde la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano de Medellín en 1968 hasta la Quinta Conferencia de Aparecida en 2007, el Papa dice en cierto punto que no es necesaria una sexta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. Este pasaje ya se lo preguntaron en una entrevista previa, pero me gustaría preguntarle si, en cierto sentido, el próximo Sínodo para el Amazonas no puede de alguna manera una continuación de ese camino.

Coincido plenamente en que, por el momento, el Sínodo del año próximo será lo más parecido a una VI asamblea del Celam. Basta mirar los países reunidos en el consejo asesor de la secretaría general del Sínodo para confirmar la plena participación de los países de la región. Incluso los cardenales creados en el consistorio del 28 de junio, al menos el de Perú y el de Bolivia, se enmarcan indudablemente en las áreas de interés del Sínodo. Pero además creo que hay otro elemento de importancia: es una oportunidad inmejorable para que la Iglesia latinoamericana termine de pasar, parafraseando al uruguayo Alberto Methol Ferré, de "Iglesia reflejo" a "Iglesia fuente" en lo que hace a producción de conocimiento y proposición de nuevas formas de evangelización. Porque, más allá de las características particulares, y sin querer caer luego en la exportación de "modelos cerrados", el cúmulo de propuestas, discusiones y conocimiento que se vaya a generar en el camino hacia el Sínodo pan-amazónico luego podrá servir para zonas del planeta con temáticas similares. No sería de extrañar que luego algunos planteamientos se puedan extrapolar a zonas de la cuenca del Congo en África; a las densas poblaciones de bosques nativos en el sureste asiático; a las zona de reservas indígenas del Canadá, por ejemplo. Una de las preguntas clave: ¿qué modelo de inserción para los pueblos indígenas está pensando la Iglesia latinoamericana? Es la misma pregunta que se deben estar haciendo muchas otras Iglesias. Y en Latinoamérica hay que aprovechar la oportunidad, quizás inédita en nuestra Historia de cinco siglos, de que es la primera vez que podemos hacerlo sui generis, sin imposiciones de afuera ni adopción de recetas foráneas. Esa será una de las grandes riquezas del Sínodo.

 

Algunos sostienen que el pontificado del Papa Francisco está ayudando a comprender la historia de América Latina de una manera diferente, a menudo distorsionada por una lectura del mundo dividida en dos bloques, de la guerra fría. Con Francisco descubrimos otra historia que ya no es contada por los "ganadores" sino por los "vencidos", como diríamos al pensar en el período colonial. ¿Estás de acuerdo?

Creo que en esa dirección es de mucha relevancia uno de los pasajes del video mensaje que envió a jóvenes rosarinos el mes pasado: "no renegués de la historia de tu Patria, no renegués la historia de tu familia, no niegues a tus abuelos, buscá las raíces, busca la historia, y desde allí, construí el futuro. Y a quellos que te dicen: "Si, los héroes nacionales ya pasaron, no tiene sentido, que ahora empieza todo de nuevo" ¡reíteles en la cara! Son payasos de la historia". Más que una relectura de interpretaciones, o lo que en Argentina se ha llamado el "revisionismo" como corriente, creo que hay un pedido implícito del papa para no creer en las tendencias periódicamente "refundacionistas" que asumen los gobiernos de la región. También en la necesidad de abrir el foco y contemplar la continuidad del ciclo histórico con dos finalidades claras: una es sumar experiencias que ayuden a tener elementos para que nuestros países no caigan en errores del pasado. "Quien no conoce su historia está condenado a repetirla", dice un dicho colombiano. Y segundo, incorporar al horizonte de miradas algunos de los tantos proyectos inconclusos que ha tenido la región, especialmente en lo que hace a la unidad regional. Un ex presidente latinoamericano caracterizó con inteligencia ese problema y dijo que "hemos armado diez países porque no supimos construir una sola patria".

 

 

La Iglesia y el futuro de la Amazonía