Cañizares celebra la eucaristía
Celebrar diariamente la Eucaristía y celebrarla bien, es del todo necesario para revitalizar nuestra existencia sacerdotal sacramental
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(Antonio Cañizares, en L'Osservatore Romano).- En la última Cena, en la que el Señor instituyó y nos dejó la Eucaristía, hemos nacido como sacerdotes. Junto al gran don que Cristo nos ha dejado en el memorial eucarístico, e inseparable de él, nos ha dejado también en aquella venerable Cena el sacerdocio sacramental.
Los sacerdotes "hemos nacido de la Eucaristía". El sacerdocio ministerial, que somos, "tiene su origen, vive, actúa y da frutos de la Eucaristía". "No hay Eucaristía sin sacerdocio, como no existe sacerdocio sin Eucaristía". "El ministerio ordenado, que nunca puede reducirse al aspecto funcional, pues afecta al ámbito del 'ser', faculta al presbítero para actuar in persona Christi y culmina en el momento en que consagra el pan y el vino, repitiendo los gestos y las palabras de Jesús en la Última Cena" (Beato Juan Pablo II).
Por medio de los sacerdotes, Cristo está presente en nuestro mundo contemporáneo, vive entre nosotros y ofrece al Padre el sacrificio redentor por todos los hombres y los incorpora a su ofrenda al Padre y a su obra salvadora. "Ante esta realidad extraordinaria permanecemos atónitos y aturdidos: ¡Con cuánta condescendencia humilde Dios ha querido unirse a los hombres! Si estamos conmovidos ante el pesebre contemplando la encarnación del Verbo, ¿qué podemos sentir ante el altar, donde Cristo hace presente en el tiempo su Sacrificio mediante las pobres manos del sacerdote? No queda sino arrodillarse y adorar en silencio este gran misterio de la fe".
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