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La Inmaculada de Murillo

A cambio de un Velázquez inferior y un trozo de la tienda de campaña de Francisco I

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La Inmaculada de Murillo que robó Napoleón y devolvió Petain

"Francia temía algún tipo de intervención militar española en su territorio o en el norte de África"

Juan Velarde, 08 de diciembre de 2011 a las 19:43

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Un éxito diplomático español, recuperando una obra de arte extraordinaria, que además se vincula con la Patrona de España
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Inmaculada de Murillo

  • Inmaculada de Murillo

(Juan Velarde, en Altar Mayor).- En España es bastante conocido, lo sucedido con la «Inmaculada» de Murillo del Museo del Prado, pero quizás no esté de más dar noticia de la publicación de un libro, de Cédric Gruat y Lucía Martínez, L'Echange (Armand Colin, 2011) que trata de la devolución de la Inmaculada de Murillo, que llegó junto con unas coronas visigóticas al Museo del Prado en 1941, como consecuencia de las negociaciones entre Franco y Petain.

Démonos cuenta que eran los momentos en que las tropas alemanas habían llegado a Hendaya, que la capital francesa había pasado a Vichy bajo la jefatura del Mariscal Petain, una realidad política que había contado de momento, con el apoyo de multitud de franceses, entre los que, muy explícitamente, como acaban de mostrarse en unas fotografías en Le Monde, se encontraba, por ejemplo, François Mitterrand.

Se trataba de una Francia que temía algún tipo de intervención militar española, ya en su territorio metropolitano, ya en el norte de África. La Francia libre del general de Gaulle daba la impresión de tener entonces muy poco poder.

Según este libro, se estudian las circunstancias de esa entrega, edulcorado con el envío a Francia de unas pocas obras artísticas: un Velázquez de los menos destacados y un trozo de la tienda de campaña de Francisco I. Indudablemente no existía equivalencia con lo que se recibía en España. Vichy pretendía evitar así, ya la entrada de España en la II Guerra Mundial, o ya alguna otra acción contra sus intereses.

La Inmaculada de Murillo había sido robada por las tropas napoleónicas, y llevada a Francia en la retirada flanqueada por la famosa batalla de Vitoria. Se convirtió pronto en una referencia obligada, no ya en las visitas al Museo del Louvre, a partir de su adquisición en 1852, sino en obras tan conocidas como La piel de Zapa de Balzac o L'Assommoir de Zola.

Este libro, pues documenta un éxito diplomático español, recuperando una obra de arte extraordinaria, que además se vincula con la Patrona de España. Por eso creo que conviene dar noticia de ello.

En Francia aún se siente esto -véase, por ejemplo, la nota de Jérôme Dupuis en Le Point de 18 de mayo de 2011‑ como el resultado de una partida de póker con trampas. De la llegada en el «equipaje del rey José» de este cuadro y, naturalmente de la depredación original, se prefiere en el país vecino pasar de puntillas.

Juan Velarde Fuertes es Catedrático, de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Premio Príncipe de Asturias.

 


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