Julián Barrio
La Ofrenda del Antiguo Reino de Galicia al Santísimo tuvo lugar en la catedral de Lugo como todos los años de forma ininterrumpida desde 1700
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La crisis económica, pero también la de valores en la sociedad actual, estuvieron presentes ayer en las intervenciones de la Ofrenda del Antiguo Reino de Galicia al Santísimo, que tuvo lugar en la catedral de Lugo como todos los años de forma ininterrumpida desde 1700. En esta ocasión le correspondió al mandatario de Betanzos, José Ramón García Vázquez, representar a los alcaldes, dándole la réplica con una homilía el arzobispo de Santiago, Julián Barrio. Lo cuenta Benigno Lázaro en La Voz de Galicia.
El acto tuvo lugar a mediodía, con la asistencia de varios centenares de personas. Además del citado regidor, la representación política estuvo a cargo de numerosos miembros de la corporación lucense, con José López Orozco al frente, parte de la de Betanzos, el alcalde de Santiago, tenientes de alcalde de las demás ciudades del antiguo Reino, el subdelegado, el presidente de la Diputación y representantes de la mayoría de las instituciones lucenses y jefes militares de Galicia.
Al concluir la ceremonia religiosa en el templo, que duró hora y media, se celebró la procesión con algunas novedades. Las obras en la plaza de Santa María obligaron a modificar su recorrido, y más de la mitad del tramo que bordea la Praza Maior lucía tres grandes alfombras florales confeccionadas por la cofradía de Meira.
En la intervención previa a la ofrenda, el alcalde de Betanzos dijo que vivimos «unha crise de moitos tentáculos e dunha fondura insospeitada, un cambio xigantesco, porque non soamente se trata dun problema coxuntural das altas finanzas como nos din, senón que por debaixo está a substitución de todo un sistema enerxético que xa non dá á humanidade respostas fiables de futuro. Pero ademáis está a crise de valores que fai que quizais o que nos salvou no pasado xa non nos sirva agora». Instó a la sociedad a que se adapte y explore otros caminos, sacando lo mejor de cada persona, «e por iso é tan importante estar xuntos e imprescindible que afastemos dunha vez por todas as pequenas cousas que nos separan». Tras defender una galleguidad que sea un valor de confianza, aludió al patrimonio cultural propio y concluyó solicitando la protección divina para que no falten ni el trabajo ni la salud.
Por su parte, el arzobispo, en medio de constantes citas del Evangelio, manifestó que «no noso peregrinar advertimos que a nosa sociedade vai perdendo o espírito e convértese en inestable e insensible aos valores trascendentes, aferrándonos ao melancólico desencanto, ao relativismo xeneralizado e ao consumismo insolidario». Aunando en su homilía la parte estrictamente religiosa con la de carácter más social, Julián Barrio pidió a los cristianos que no construyan la globalización al margen de Dios.
El oficiante estuvo asistido en la misa por los obispos de Lugo y Ponferrada, y por los canónigos de la catedral lucense.