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Vicente Jiménez Zamora, nuevo arzobispo de Zaragoza

Vicente Jiménez Zamora, nombrado por el Papa Arzobispo de Zaragoza

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"Que el Señor me conceda la audacia de profeta, la fortaleza de testigo y la mansedumbre de padre"

"Quiero ser el Arzobispo de todos y para todos, al servicio de la comunión con Cristo y entre los hermanos"

Jesús Bastante, 12 de diciembre de 2014 a las 12:31

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El Papa Francisco os quiere alegres, con audacia de profetas, llamados a vivir la espiritualidad de comunión y en camino hacia las periferias existenciales
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Vicente Jiménez Zamora

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  • La Basílica del Pilar, en Zaragoza.
  • Vicente Jiménez Zamora, con el Papa
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(J. Bastante).- A las doce del mediodía, la Nunciatura hacía oficial el nombramiento de Vicente Jiménez Zamora como nuevo arzobispo de Zaragoza. Su toma de posesión tendrá lugar el domingo 21 de diciembre, casi de forma inmediata. "Quiero ser el Arzobispo de todos y para todos, al servicio de la comunión con Cristo y entre los hermanos", apuntó el prelado en su carta de presentación a su nueva diócesis.

"Que el Señor me conceda la audacia de profeta, la fortaleza de testigo, la clarividencia de maestro, la seguridad de guía y la mansedumbre de padre", señala el nuevo arzobispo de Zaragoza, que continuará siendo administrador apostólico de Santander. En su carta de despedida, el prelado subraya cómo "la notificación del nombramiento me ha causado sorpresa y ha producido en mí sentimientos encontrados".

"Siento pena por dejar esta hermosa tierra de Cantabria, a la que he tratado de conocer y amar con pasión", añade Jiménez Zamora, quien en ambas misivas tiene un especial recuerdo para la vida religiosa (él preside la Comisión para la Vida Consagrada de la CEE, y forma parte de la Congregación Vaticana de los religiosos): "El Papa Francisco os quiere alegres, con audacia de profetas, llamados a vivir la espiritualidad de comunión y en camino hacia las periferias existenciales".

Vicente Jiménez Zamora -apunta la nota de la CEE- nació en Ágreda (Soria) el 28 de enero de 1944. Fue ordenado sacerdote diocesano de Osma-Soria el 29 de junio de 1968. Es licenciado en Filosofía por la Universidad de Santo Tomás de Roma; licenciado en Teología Dogmática por la Universidad Gregoriana de Roma, y especializado en Teología Moral por la Academia Alfonsiana de la Universidad Lateranense de Roma.

Su ministerio sacerdotal lo desarrolló en su diócesis natal, en la que durante años impartió clases de Religión en Institutos Públicos y en la Escuela Universitaria de Enfermería, además fue profesor de Filosofía y de Teología en el Seminario Diocesano. También desempeñó los cargos de delegado diocesano de Enseñanza (1978-1985) y del Clero (1982-1995); Vicario Episcopal de Pastoral (1988-1993); Vicario Episcopal para la aplicación del Sínodo (1998-2004) y Vicario General (2001-2004). Fue, desde 1990 hasta su nombramiento episcopal, abad-presidente del Cabildo de la Concatedral de Soria.

El 12 de diciembre de 2003 fue elegido por el colegio de consultores administrador diocesano de Osma-Soria, sede de la que fue nombrado obispo el 21 de mayo de 2004. Ese mismo año, el 17 de julio, recibió la ordenación episcopal. El 27 de julio de 2007 fue nombrado Obispo de Santander y tomó posesión el 9 de septiembre de 2007.

En la Conferencia Episcopal Española es desde 2011 Presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada. Además ha sido miembro de las Comisiones Episcopales para la Doctrina de la Fe (2007-2008) y Pastoral Social (2008-2011).

El sábado 29 de marzo de 2014 la Santa Sede hizo público su nombramiento como miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.



MENSAJE DEL OBISPO CON MOTIVO DE SU NOMBRAMIENTO COMO ARZOBISPO DE ZARAGOZA

Santander, 12 de diciembre de 2014.

Queridos diocesanos:

El Santo Padre, el Papa Francisco, me ha nombrado Arzobispo de Zaragoza en el día de hoy, 12 de diciembre de 2014. Ante esta grata noticia, expreso mis sentimientos de profunda gratitud al Papa Francisco, Sucesor de Pedro y Obispo de Roma, por la confianza depositada en mi humilde persona, a la vez que le manifiesto mi fraterna adhesión y fidelidad, y le ofrezco mi oración.

La notificación del nombramiento me ha causado sorpresa y ha producido en mí sentimientos encontrados.

Siento pena por dejar esta hermosa tierra de Cantabria, a la que he tratado de conocer y amar con pasión. Desde que vine aquí el 9 de septiembre de 2007 hasta hoy, he compartido con vosotros, especialmente con mis queridos hermanos sacerdotes, gozos y esperanzas, angustias y tristezas; oración, trabajos apostólicos, reflexión y planes pastorales.
He gozado y sufrido a vuestro lado y juntos hemos sentido el latido preocupante y esperanzado de nuestro pueblo que anhela un desarrollo integral: espiritual, moral, cultural, social, económico e industrial, en esta hora de grave crisis, que es al mismo tiempo desconcierto y búsqueda, sufrimiento y esperanza, examen sobre los fallos cometidos y germinación de un futuro mejor.

Me costó venir hasta Cantabria desde mi querida tierra de Soria y ahora me cuesta dejaros, porque os he conocido y os he amado. En esta hora del adiós siento la necesidad de dar gracias a Dios por vosotros, que me habéis acogido y querido.

Ahora me encamino, guiado por el Señor, que es mi Pastor, a la Archidiócesis de Zaragoza, que tiene su símbolo en la grandiosa Basílica que acoge a numerosos fieles que, desde todas las partes del mundo, van a rezar a la Virgen y a venerar su Pilar.

En el capítulo de agradecimientos os incluyo a todos. Si me dejo a alguien, espero que me disculpéis.

Doy gracias a Dios por el regalo de la vida y entrega de los sacerdotes, jóvenes y mayores, principales e insustituibles colaboradores del Obispo, encarnados en las parroquias y en diversos ministerios pastorales, dispuestos al servicio de nuestras gentes. Hago especial mención de los que he tenido más cerca en las tareas del gobierno pastoral de la Diócesis. Para ellos mi agradecimiento sincero.

La Asamblea Diocesana del Clero ha sido un momento de gracia y promesa de renovación. No dejéis apagar el espíritu que la ha animado. Agradezco también la respuesta generosa a la vocación al sacerdocio de nuestros seminaristas y la vida de nuestro Seminario de Monte Corbán. Rezad mucho y trabajad sin desfallecer por las vocaciones al sacerdocio.

Doy gracias a Dios por vosotros, los miembros de vida consagrada, hombres y mujeres, especialmente en este año dedicado a la Vida Consagrada por el Papa Francisco, que os quiere alegres, con audacia de profetas, llamados a vivir la espiritualidad de comunión y en camino hacia las periferias existenciales. Este año, además, es la celebración del Vº centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, que nos invita a recorrer los caminos de la alegría, de la oración, de la fraternidad y del propio tiempo. Mi gratitud se extiende también a los misioneros cántabros.

Agradezco de corazón la vida y misión de muchos laicos, que sois Iglesia en el mundo y mundo en la Iglesia. La celebración de nuestra Asamblea Diocesana de Laicos ha sido un momento de gracia para tomar conciencia de la identidad, comunión y misión del laicado. Seguid aplicando las propuestas aprobadas en la Asamblea.

Agradezco a las Autoridades autonómicas y locales, a las Instituciones políticas, judiciales, académicas y militares su leal colaboración. La Iglesia valora y reconoce la nobleza y dignidad moral del compromiso social y político para la consecución del bien común de la sociedad.

Extiendo mi gratitud a los Medios de Comunicación, que son instrumentos de información y formación de la sociedad, por la atención que han prestado a los distintos acontecimientos de nuestra Iglesia Diocesana.

En este momento de la despedida siento también la necesidad de pedir perdón y disculpas, porque en mis siete años y tres meses de servicio como vuestro Obispo os he podido ofender a algunos de palabra, obra y omisión, y sin duda habré defraudado a otros. Os pido perdón a los que os sintáis ofendidos y, a la vez, ofrezco mi perdón sincero a los que han podido ofenderme.

En esta hora, os ruego que os acordéis de mí en vuestra oración y pidáis también por la Archidiócesis de Zaragoza, que el Santo Padre, el Papa Francisco, me encomienda. Voy a esa querida tierra aragonesa en el nombre del Señor, fiado en su Palabra y con el deseo de poder servir a sus gentes y ofrecer a mis nuevos hermanos la alegría del Evangelio, como quiere el Papa Francisco en la exhortación apostólica Evangelii gaudium.

Desde la ardiente espera del Adviento, os deseo a todos una feliz Navidad, fiesta de gozo y salvación. Celebradla en familia con calor de hogar.

Finalmente, os exhorto encarecidamente a que os mantengáis unidos a Cristo y entre vosotros en la comunión de la Iglesia. Desde ahora oremos confiadamente al Señor para que envíe pronto a nuestra Diócesis de Santander un nuevo Pastor y Obispo según el corazón de Dios.

Pongo todos estos sentimientos e intenciones en las manos de la Virgen Bien Aparecida e imploro la intercesión de los santos mártires Emeterio y Celedonio.

Con mi afecto de siempre, agradecimiento y bendición,

+ Vicente, Arzobispo electo de Zaragoza y
Administrador Diocesano de Santander

 

SALUDO Y MENSAJE DEL NUEVO ARZOBISPO ELECTO DE ZARAGOZA

Queridos hermanos: Gracia y paz a vosotros de parte de Dios, nuestro Padre y del Señor Jesucristo (1 Cor 1, 3). Con estas palabras del Apóstol San Pablo os saludo como vuestro nuevo Arzobispo electo de la querida Archidiócesis de Zaragoza, que peregrina en la noble tierra aragonesa. Doy gracias a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me hizo capaz, se fio de mí y me confió este ministerio (1 Tim 1, 12).

Expreso mis sentimientos de profunda gratitud al Santo Padre el Papa Francisco, Obispo de Roma y Sucesor de Pedro, por la confianza que ha depositado en mi humilde persona al nombrarme Arzobispo de Zaragoza, en el día de hoy 12 de diciembre de 2014, a la vez que le manifiesto mi fraterna adhesión y fidelidad, y le ofrezco mi humilde oración. Voy a vosotros en el nombre del Señor, fiado en su Palabra, y con el empeño de poder anunciaros la alegría del Evangelio (Evangelii gaudium), en comunión con el Papa Francisco.

Quiero ser una imagen viva de Cristo, el Buen Pastor, que da la vida por las ovejas, fiel a mi lema episcopal amoris officium, porque "oficio de amor' es pastorear la grey del Señor (San Agustín).

Quiero ser el Arzobispo de todos y para todos, al servicio de la comunión con Cristo y entre los hermanos. Que el Señor me conceda la audacia de profeta, la fortaleza de testigo, la clarividencia de maestro, la seguridad de guía y la mansedumbre de padre.

Provengo de la Diócesis de Osma-Soria, de la que fui primero sacerdote y luego Obispo durante tres años. Mi pueblo natal es Agreda, que tiene vínculos de fe y de historia con Aragón. Es la cuna de la Venerable Madre Sor María de Jesús, autora de la Mística Ciudad de Dios, que tanto ha contribuido a difundir la devoción a la Virgen del Pilar. El Moncayo nos une también. He ejercido mi ministerio episcopal durante siete años y tres meses en la querida Diócesis de Santander, en cuyo territorio nace el Ebro, río de la fe, que hermana Cantabria con Aragón.

Saludo con afecto fraternal, en la comunión del Colegio Episcopal presidido por el Sucesor de Pedro el Papa Francisco, a mi hermano Mons. Don Manuel Ureña Pastor, anterior Arzobispo metropolitano, que ha regido la Archidiócesis con entrega pastoral. Saludo al Sr. Administrador Diocesano en Sede Vacante, D. Manuel Almor y le agradezco sus muestras de afecto, su labor eficaz y delicada de gobierno en este período junto con el Colegio de Consultores.

Igualmente saludo con recuerdo agradecido al querido hermano D. Elías Yanes, Arzobispo emérito, y a mis hermanos Obispos que residen en Zaragoza, D. Victorio Oliver, D. Carmelo Borobia y D. José Luis Redrado. Asimismo dirijo mi saludo lleno de agradecimiento a mis hermanos Obispos de las Diócesis de la Provincia Eclesiástica de Zaragoza, D. Alfonso Milián, D. Eusebio Hernández, D. Carlos Escribano y D. Julián Ruiz.

Quiero saludaros a todos los diocesanos, si me dejo a alguien, espero que me disculpéis: A mis hermanos los sacerdotes, principales e insustituibles colaboradores del orden episcopal, llamados a ser testigos de Dios y ministros de su misericordia; quiero contar desde ahora con vuestra fiel colaboración y os manifiesto mi confianza; el Señor, Buen Pastor, nos llama a trabajar en estrecha comunión según el ministerio recibido al servicio pastoral de nuestro pueblo. A los seminaristas, los pastores del mañana. Sois llamados por el Maestro para seguir su voz y avanzar hacia el sacerdocio atraídos por su mirada amorosa.

A los miembros de vida consagrada, hombres y mujeres, que sois un don de Dios para la Iglesia y la sociedad, en este Año dedicado a la Vida Consagrada por el Papa Francisco, que os quiere alegres, con audacia de profetas, llamados a vivir la espiritualidad de comunión y en camino hacia las periferias existenciales y las otras orillas. Celebramos, además, el Año Jubilar Teresiano, con motivo del Vº centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, que nos invita a seguir al Señor por los caminos de la alegría, la oración, la fraternidad y el propio tiempo.

Mi gratitud se extiende también a los misioneros, pregoneros del Evangelio por todo el mundo. A los fieles laicos, que sois Iglesia en el mundo y mundo en la Iglesia; a los niños, adolescentes, jóvenes, adultos, ancianos; a las familias; a los enfermos; a los pobres; a los inmigrantes; a los parados; a las familias que más sufren las consecuencias de la crisis social y económica; a los que sufren en el cuerpo o en el alma; a los encarcelados. Permitidme que tenga un saludo especial, lleno de agradecimiento, para la numerosa población de surianos que viven en Zaragoza, entre ellos parte de mi familia.

Saludo a los cristianos de otras Iglesias y comunidades eclesiales y a los miembros de otras religiones no cristianas; también deseo manifestar mi cercanía a los que por diversas circunstancias se sienten alejados de Cristo y de su Iglesia.

Saludo con respeto y deferencia a las autoridades regionales y locales, a las instituciones políticas, judiciales, académicas y militares. La Iglesia valora y reconoce la nobleza y dignidad moral del compromiso social y político para la consecución del bien común de la sociedad.

Extiendo mi saludo a los diversos Medios de Comunicación Social de Aragón, que son instrumento de información y formación de los ciudadanos. Junto con mi saludo y mensaje, mi petición: os pido que os acordéis de mí en vuestra oración para que sea para vosotros un Pastor según el corazón de Dios: maestro de la fe y heraldo de su Palabra; ministro de la gracia del supremo sacerdocio; pastor y guía de la Iglesia particular de Zaragoza, llevando al mismo tiempo en mi corazón la solicitud por todas las Iglesias del mundo (cfr. 2 Cor 11, 28).

Desde la ardiente espera del Adviento, os deseo a todos una feliz Navidad, fiesta de gozo y salvación. Me pongo ya desde ahora bajo la protección maternal de la Virgen abrazado a su Pilar en este Año Jubilar de su venida a Zaragoza.

Con mi afecto, oración y bendición,

+ Vicente Jiménez Zamora Arzobispo electo de Zaragoza



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