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El obispo de Getafe

El obispo de Getafe no cree que haya "cambios doctrinales, pero sí un estilo nuevo"

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Joaquín López de Andújar: "Hay que abrir las ventanas para que entre el aire fresco"

"Para poder anunciar a Cristo hay que llevar a Cristo dentro del corazón"

Jesús Bastante, 21 de diciembre de 2014 a las 16:00

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Se respira un aire demasiado enrarecido, cerrado, metido en lo nuestro, viendo solo lo que es negativo
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Joaquín María López de Andújar

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El obispo de Getafe, durante la rueda de prensa

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El obispo de Getafe, durante la rueda de prensa

  • Joaquín María López de Andújar
  • El obispo de Getafe, durante la rueda de prensa
  • El obispo de Getafe, durante la rueda de prensa

(Jesús Bastante).- Joaquín María López de Andújar es el segundo obispo de la diócesis de Getafe, que está cerca de celebrar su cuarto de siglo de existencia. Una de las diócesis más jóvenes de Europa. "La gran insistencia del Papa es una Iglesia en salida y que supone una revisión también de nuestras propias estructuras", sostiene en esta entrevista a RD.

 

Estamos a punto de comenzar a celebrar los 25 años de la diócesis, es una de las diócesis más nuevas de nuestro país y una de las más jóvenes de Europa.
Yo quisiera empezar diciendo que soy un obispo muy afortunado porque Dios me ha regalado una de las mejores diócesis de España, no digo la mejor, porque sería un poco excesivo y petulante, pero sí que es de las mejores. Además he tenido la oportunidad de conocer la diócesis desde sus inicios, empezaron en 1991. Yo empecé como vicario general, luego como obispo auxiliar y ya finalmente como obispo titular. Seguí todo el proceso de la diócesis y es una diócesis con mucha riqueza humana y mucha riqueza de inquietudes, deseos, preocupaciones y problemas.

Es una diócesis urbana, del famoso cinturón del sur, donde se han dado las mayores cotas tradicionalmente de pobreza, de lucha social y problemáticas de todo tipo.
Además, ha tenido un desarrollo sorprendente en estos 23 años que llevamos. Te puedo dar datos, como por ejemplo Valdemoro, que cuando empezó la diócesis tendría 15.000 habitantes y ahora tiene 70.000. El mismo Getafe cuando empezó la diócesis estaría en los 140.000 y ahora pasa de los 180.000, y así muchos, como Móstoles, Alcorcón, Fuenlabrada. Ha habido un desarrollo extraordinario y eso hace que la diócesis sea muy joven.

Los que somos de Getafe, siempre decimos que, a nivel eclesial, e incluso a otros niveles como en el fútbol o a nivel de capitalidad incluso, si Madrid no existiera probablemente estaríamos hablando de una de las diócesis más importantes de España sin duda.
En población está entre las cinco primeras y desde luego que, desde que el Getafe está en primera división, el nombre de Getafe aparece mucho más.

Pero tenemos muchas más cosas que el fútbol: la iglesia de Getafe es una de las más jóvenes de Europa.
Yo creo que sí, no sé exactamente cómo son las estadísticas, pero yo creo que estamos entre las poblaciones más jóvenes de España y posiblemente de Europa. Desde luego, en lo que se refiere a la Iglesia y al clero, ya que la edad media es de 51 años, creo que solo Alcalá de Henares, que tiene la menor media y está entorno a los 49, la supera en juventud. Pero no solamente los sacerdotes: las actividades ordinales de la vida eclesial están en manos de gente muy joven.

Es una de las diócesis también con mayor número de seminaristas, ya que estaréis los cuartos o quintos.
Pues no lo sé, pero desde luego, proporcionalmente respecto a la población no somos de las que más tiene. En este momento, en el seminario tenemos entre 35 y 40 seminaristas, que no digo que sea lo ideal, pero me conformo con ello y le doy gracias a Dios. Además están saliendo muy buenas vocaciones gracias a mis antecesores: don Francisco Golfín, que fue el que inició el seminario, y el que fuera obispo auxiliar don Rafael, lo dejaron muy bien enfocado. Yo solo intento mantenerlo lo mejor que puedo y, realmente, hay un ambiente bueno; están llegando chicos estupendos que son la esperanza, ya que estos son los que están dinamizando la vida pastoral de la diócesis. Porque una de las preocupaciones que hemos tenido siempre es cómo ha crecido la población: se han creado nuevos barrios. Había que hacer nuevas parroquias; de hecho, se han hecho casi 30 parroquias y ya prácticamente todas tienen sus edificios, sus templos (modestitos), sus austeros recursos. Pero claro, estas parroquias hay que atenderlas y eso supone formar buenos sacerdotes que cuiden esas parroquias, y poquito a poco se va consolidando, después de tantos años, la vida eclesial, y vamos trabajando en los retos que hoy plantea la sociedad, que son muchos y difíciles.

¿Cómo se siente la Iglesia respecto a estos retos, tanto aquí en Getafe como en el ámbito español?
Los grandes retos que tiene la Iglesia ahora mismo respecto a la sociedad, a mi modo de ver, están en la educación, en la familia, en la cultura y en la defensa de la maternidad y de la vida, ya que vamos hacia una sociedad de viejos, de hecho, ya se han encendido luces de alarma respecto a este tema. Estos cuatro retos son fundamentales. El reto de la educación no solo en el ámbito propio de la Iglesia, que sería una institución cristiana, sino en el campo educativo en general: hay que trabajar mucho y la Iglesia puede aportar mucho, ya que presenta una visión del hombre integral y abierta a la trascendencia, y ésta antropología cristiana, que brota del Evangelio, es algo esencial. En esto se va trabajando mucho y están surgiendo iniciativas educativas interesantes. Por ejemplo, en la diócesis, la parte de los colegios tradicionales, que son bastantes, como cifra podría decir que este momento hay más de 16.000 alumnos en colegios de las congregaciones tradicionales (como pueden ser los escolapios en Getafe, los salesianos en Aranjuez, etc...) pero también las fundaciones que van surgiendo, como la Fundación Educación Servanda en Parla y Alcorcón, cuyos colegios tienen el nombre de Juan Pablo II y cuyos resultados están siendo espléndidos porque se está seleccionando mucho el profesorado (es gente muy joven y con una gran ilusión y entrega educativa)... Este campo de la educación es decisivo. También muy importante es el campo de la familia: las familias hoy están muy zarandeadas por la cantidad de problemas y dificultades que sufren y yo creo que la Iglesia puede aportar un fortalecimiento de la familia en su sentido más genuino, como lugar de convivencia, de encuentro, de vida, de educación, fortaleciendo el matrimonio, educando para el amor... Quizás el gran reto que tenemos en este momento es educativo y hay que enseñar a amar: la gente y los chicos jóvenes en especial llegan con mucha ilusión al matrimonio pero después les faltan recursos para poder sostenerlo, ya que es lo más difícil.

En 2016 se cumplen los 25 años de la diócesis. Habéis arrancado una año de la caridad con una serie de actividades muy potentes: coméntanos un poco en qué consiste.
Este ya es el tercer año de preparación para la misión, siguiendo las virtudes teologales. El primero fue el año de la fe, que fue convocado por el propio Benedicto XVI; el segundo fue el año de la esperanza y este año, el tercero, es el año de la caridad, que ya es el año último para la misión, que queremos hacerla en el curso 2015/2016 coincidiendo con la celebración del 25 aniversario de la diócesis. En este año de la caridad la idea fundamental es la de formar a los misioneros, es decir, a aquellos que tienen que manifestar ante el mundo lo que es la fe y la vivencia cristiana. Pero para poder anunciar a Cristo hay que llevar a Cristo dentro del corazón. Este año va a ser fundamentalmente un año de formación en sus propias parroquias o comunidades o movimientos y va a tener como momento estelar el Congreso de Evangelización que estamos preparando y que será el primer fin de semana de marzo, donde se van a plantear, en las ponencias que vamos a dar, las tres claves fundamentales para la misión.

¿Cuáles son?
En primer lugar, descubrir cuáles son las inquietudes del corazón humano en un mundo secularizado: hay que conectar con el hombre concreto, real, con sus inquietudes y deseos. Creo que en todo hombre de buena voluntad hay unos deseos de libertad, amor, de vida, de fecundidad, de trascendencia, entonces la primera ponencia iría en esta línea de ahondar en cuáles son las inquietudes del hombre de hoy en este ambiente más secular. Para esta primera ponencia hemos llamado a un sacerdote que estaba trabajando en el Pontificio Consejo de la Cultura en Roma y que está muy metido en estas cosas, se llama Melchor Sánchez de Toca. La segunda ponencia se la hemos encomendado al Secretario General de la Conferencia, José María Gil Tamayo, y el tema será cómo hablar de Dios hoy, cuál es el lenguaje inteligible para el hombre de hoy. Y la tercera ponencia, que la dará el obispo auxiliar José Rico, se centrará ya en el tema de Jesucristo como vida, fuente y alma de la misión. Este sería un momento muy importante dentro de la preparación, pero la preparación abarcará muchas cosas: las parroquias tendrán que ir preparando un proyecto marco de misión y, dentro de este proyecto marco en las parroquias, hay señaladas como tres etapas o ámbitos de la misión. El primer ámbito de la misión podemos decir que está dirigido a los que están ya dentro de la Iglesia: en ellos tiene que despertar una vivencia fuerte, para que no piensen que ya está todo hecho. El segundo ámbito serían los que vienen ocasionalmente, que son personas que tienen una relación cordial con la Iglesia pero sin implicarse demasiado. El tercer ámbito, que sería el más misionero, estaría enfocado a los que no vienen nunca o que están en contra o lo ignoran. Vemos cuatro caminos para salir a buscarles: El camino de la belleza (creo que la Iglesia tiene mucho que ofrecer en el campo de la música, en el campo del arte, en el campo de la cultura en general: tiene todo un patrimonio riquísimo que puede ofrecer y creo que eso es camino de acceso a Dios). Otro camino, es el de la caridad y esa labor social de la Iglesia que está haciéndose presente en estos momentos en circunstancias muy difíciles y que cuenta con muchas personas implicadas. Hay personas muy buenas a las que quizás les cueste trabajo el acceder a la fe pero que tienen en ellos un deseo grande de colaborar y ayudar a los demás; el camino de la caridad y el trabajo social es un camino hacia Dios y un camino de encuentro. Otro camino, es el camino de la razón: creo que hay cuestiones de tipo cultural que hay que debatir, porque a veces las cosas no están tan claras en el campo de la Historia, en el campo de la bioética, en el campo de ciertos debates culturales, y creemos que es un camino porque creemos que la razón y la fe no están enfrentadas. La fe lo que hace es iluminar, la razón amplía el horizonte del conocimiento. Y la cuarta vía es la de la Naturaleza: con el reconocimiento de Dios en las criaturas y en las cosas bellas y hermosas que Dios ha puesto en el mundo. Aquí hay mucho que hacer: también podemos encontrarnos con personas en este descubrimiento con Dios en sus criaturas. Esto es en líneas generales la misión y este año de la caridad trabajaremos sobre todas estas cosas y creo que nos va a fortalecer, va a crear mayor unión entre nosotros y sobre todo nos tiene que despertar, ya que no podemos ser una Iglesia dormida, sino lo que tenemos es que abrirnos, despertar, sincronizar con el hombre de hoy, descubrir sus deseos y ofrecer honradamente lo que tenemos. Creo que la Iglesia y el cristianismo en general no se pueden separar de la vida social. En nuestra Historia, en la Historia de Europa, en la Historia de España, la Iglesia ha aportado muchísimo: pensemos por ejemplo en ideas que hoy en día son esenciales sobre el concepto de persona, de derechos humanos, la separación entre Iglesia y Estado... Estas cosas han brotado del pensamiento cristiano.

No sé si a veces corremos el riesgo de pensar que en la Iglesia hemos aportado muchas cosas que hay que reivindicar legítimamente esa aportación que se ha hecho pero tal vez no pensemos demasiado en lo que podemos continuar ofreciendo a la sociedad de hoy. Las respuestas para hoy, con el lenguaje de hoy, que probablemente no implique cambiar nada de doctrina, sino la forma de presentarlo. ¿No crees que a veces en la Institución nos falte esa capacidad de llegar?
En el discurso que dio el Papa en el Parlamento Europeo él utilizó una imagen que yo creo que entra mucho por los ojos para explicar cómo la Iglesia debe situarse hoy en día. Habla de ese fresco que hay en el Vaticano de Rafael, el gran pintor Renacentista, que es La escuela de Atenas, donde aparecen Platón y Aristóteles: Platón con las manos levantadas señalando el mundo de las Ideas y Aristóteles sin embargo está señalando al frente. Y decía el Papa: en estos dos filósofos se puede expresar lo que es la identidad de Europa, que ha sido iluminada después con la luz de la fe. Platón señala el mundo de las Ideas, mira hacia arriba, Aristóteles nos sitúa en el presente, en la realidad; la luz del Evangelio lo que ha hecho es unir estas dos cosas.

Hablabas del Papa Francisco. Tú le conoces. ¿Cómo es?
Yo le conocí primero en los ejercicios espirituales que nos dio a los obispos en el año 2006 y no tuve ocasión de hablar con él directamente, pero le escuché durante cinco días y me pareció desde el primer momento un gran pastor y un hombre con gran espiritualidad y un gran sentido de Dios. Esa fue la impresión primera que me dio, porque con sus charlas -estaba hablando a obispos, a pastores- en nosotros despertó el deseo de ser buenos pastores, que conocen a las ovejas, que están cerca de ellas, que vayan delante y que estén en medio también... Y después ya le pude saludar personalmente, primero en una misa que hubo en el Vaticano con motivo de un encuentro Internacional de seminaristas, y más tarde ya en la visita que hacemos los obispos al Papa. Aquí fue ya un poco más tertulia: éramos 10 o 12 obispos y realmente lo que él manifiesta públicamente es lo que vive, también en el nivel más íntimo. Una conversación a solas con él no he tenido, pero he podido saludarlo personalmente y en todas sus intervenciones, en la misma exhortación apostólica última, se le ve que es una persona muy de Dios y muy del hombre y que quiere estar cerca de todos y escuchar y manifestar esa cercanía como gesto. Él en los grandes temas doctrinales de la Iglesia no se diferencia de los Papas anteriores: quizás la novedad suya sea el modo, la forma. También es latinoamericano y su experiencia pastoral en Argentina sin duda le ha marcado mucho.

¿Os descolocaba u os descoloca?
Al contrario, la idea de la misión es anterior a Benedicto XVI y yo la tomé de Juan Pablo II, que habla de la nueva evangelización. Creó un dicasterio especialmente para este tema y mi sorpresa y alegría ha sido que el Papa está promoviendo y potenciando todo esto. Es verdad que cuando yo me planteé la misión en la diócesis tenía en la mente la gran misión continental que salió del encuentro de los americanos en Aparecida; después se publicó un gran documento en el que el Papa Francisco tuvo una influencia muy grande (incluso en ese documento me consta que hay cosas que son suyas). Yo me siento igual de cómodo porque veo que hay una continuidad. Sobre el modo de actuar de los obispos hay preocupación: sabes que ha habido un sínodo sobre el ministerio que desembocó en una exhortación apostólica de Juan Pablo II, y dice cosas importantísimas, que cita Francisco. Y después hubo otro sínodo, también sobre los obispos, y salió otro documento que se llamaba Pastore Elegis, donde se nos dicen muchísimas cosas; incluso se publicó un directorio para la vida y misterio de los sacerdotes y otro directorio para la vida y misterio (no dice nada, supongo que de obispos, pero no lo sé). El Papa Francisco lo que ha hecho ha sido recoger la herencia de sus antecesores y expresarlo quizás de una manera simpática y con expresiones muy directas y muy expresivas.

Hablabas del Papa Francisco y decías que era un soplo del espíritu: ¿Crees que va a haber realmente muchas reformas, que las reformas nos son muy importantes o que lo que realmente tiene que cambiar es otra cosa?
El mismo Papa Francisco ha dicho que no va a haber cambios doctrinales; es lógico, eso lo ha dicho en las entrevistas personales. No va a haber cambios en lo que es la doctrina sobre el matrimonio o la familia. En lo que sí puede haber cambios es en el modo de tratar las cosas y el modo de razonarse, en el estilo, en el talante... eso sí es verdad y yo creo que a veces hemos actuado de una manera un poco moralista, y tenemos que actuar yendo a lo fundamental, que es el encuentro con Jesucristo; ese encuentro del que brota una vida nueva. El otro día tuvimos un concierto precioso de Navidad con el coro de la iglesia y tuvo unas palabra el obispo auxiliar don José y hablaba del cántico nuevo y del hombre nuevo y de la vida nueva; pues yo creo que en esa línea tenemos que ir: que la Iglesia ofrezca un cántico nuevo, un hombre nuevo y una vida nueva, no tanto cerrar caminos o puertas sino abrir puentes de comunión, diálogo, relación. Por eso, concretando la respuesta, creo que cambios doctrinales no, estilo nuevo sí. Un estilo con un acento muy misionero: hay que salir, el Papa está insistiendo en salir, involucrarse, acompañar. Hay que dar frutos de vida y de una humanidad nueva. Es la gran insistencia del Papa de una Iglesia en salida y que supone una revisión también de nuestras propias estructuras: el hablar de revisar hasta los horarios, la misma organización de nuestras instituciones eclesiales, tanto en lo que se refiere a las parroquias como a otras instituciones, como pueden ser los colegios, las asociaciones de fieles, los movimientos. Todo eso tiene que renovarse: hay que abrir las ventanas para que entre el aire fresco, ya que se respira un aire demasiado enrarecido, cerrado, metido en lo nuestro, viendo solo lo que es negativo. No, no, hay que abrir las ventanas, mirar fuera, dejar que entre el espíritu, y rejuvenecerse con lo que son las claves de la identidad propia de la Iglesia, que nunca van a cambiar. Los cambios en la Iglesia son los mismos que hay en la persona humana: yo cuando tenía 6 años no tenía nada que ver con lo que soy ahora, pero sin embargo soy el mismo, la identidad es la misma pero todo ha cambiado y creo que en la Iglesia tiene que ser igual: la identidad debe permanecer porque debe ser fiel a lo que Jesucristo ha trasmitido a través de los apóstoles y ahora por el Espíritu Santo a lo largo de los siglos. Pero el estilo... ahí sí que hay que cambiar. Y volvemos a Francisco, que en eso ha sido un pionero: nuevo estilo, nuevo método, nuevo lenguaje. Es que lo está pidiendo el mundo, y además se nota cuando la gente ve otro estilo y otra forma, porque responde de otra manera y se quitan prejuicios, sobre todo en los jóvenes, que son muy sensibles a esto. Yo he visto cambios radicales en muchos jóvenes que tenían una visión tremendamente negativa y participando en una actividad juvenil como puede ser un campamento o una peregrinación se les han abierto los ojos y han confesado "esto es lo que yo quería, lo que yo buscaba" .

 

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