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Diócesis
Centro de Internamiento de Extranjeros de Aluche Agencias
La situación es de mucha incertidumbre, porque tras 60 días, o son deportados, o puestos en la calle. No saben qué va a ser de su futuro. Algunos tienen aquí su vida, y deportarlos es algo tremendo

(Jesús Bastante).- Todos los jueves por la tarde, y los domingos, Rufino García Antón llega a las puertas del Centro de Internamiento de Extranjeros de Aluche, uno de los polémicos CIE donde extranjeros 'sin papeles' detenidos por la Policía esperan la resolución judicial para ser devueltos a sus países. El fin del sueño europeo acaba en estos muros. Rufino es, desde octubre, capellán de este centro que, sin ser penitenciario, se parece demasiado a una cárcel.

La Avenida de los Poblados es uno de los rincones más especiales de Madrid. En octubre, cuando Rufino llegó a su nuevo destino, 47 internos se habían escapado tras una avalancha y una protesta para exigir mejores condiciones y una nueva política de asilos. Es la primera Navidad de este párroco en el CIE. "Haremos una celebración sencilla el día 25, sin grandes cosas", apunta. Y es que la práctica totalidad de los internos no son católicos... aunque sí necesitan ser escuchados. Y eso también forma parte del Evangelio.

El pasado domingo, el cardenal de Madrid, Carlos Osoro, visitó el CIE de Aluche. "Supuso un rayo de esperanza en medio de la inquietud y de la incertidumbre con la que viven allí dentro", afirma Rufino, quien recuerda cómo "el cardenal tenía delante personas de diferentes continentes cuyo mayor delito es el anhelar mejores condiciones de vida. Su cruel destino es la deportación o ser puestos en la calle generalmente con una orden de expulsión".

 

 

Nada más empezar la homilía, el cardenal fue súbitamente interrumpido por un interno que le dio las gracias por ir a ese lugar de dolor evitable. Y es que el CIE trae consigo distintas sensaciones. "Por un lado, la amargura por la situación en la que sobreviven estas personas que lo han dejado todo en busca de un futuro mejor, su absoluta incertidumbre por no saber qué futuro les espera, la pregunta radical que tanto repite el Papa de si no habrá otra forma más humana y más ética de hacer las cosas, la constatación de que muchas cosas tienen que cambiar en el tratamiento de los desplazamientos humanos y la esperanza que se recibe al experimentar el valor de la escucha y del acompañamiento".

"Te preguntas muchas cosas -apunta el sacerdote-. ¿No habrá otra forma más humana y ética de hacer las cosas? Muchas cosas tienen que cambiar en este tema". Sin embargo, Rufino constata cómo "sales enriquecido porque la experiencia de escucharles, y que se sientan escuchados, es un motivo de esperanza". Por el convenio con el Ministerio del Interior, la misión de este religioso está constreñida al ámbito puramente espiritual, pero "el acompañamiento espiritual no puede estar ajeno a la realidad", y muchas veces, el cura es la única persona que puede servir de puente con sus familiares, con su realidad.

Porque muchos de los internos en los CIE son personas que ya tienen su vida, su familia, su arraigo, en España. "La situación es de mucha incertidumbre, porque tras 60 días, o son deportados, o puestos en la calle. No saben qué va a ser de su futuro. Algunos tienen aquí su vida, y deportarlos es algo tremendo", sostiene Rufino.

Esta Navidad, la fiesta será sencilla, como sencillo fue el nacimiento del Niño Dios, también extranjero en su tierra. "Hablaremos de la Navidad, ensayaremos algún villancico... todo muy sencillo", concluye Rufino.