• Director: José Manuel Vidal
Diócesis
Monseñor Barrio
En estos veinticinco años he actuado de forma que si algunos diocesanos de A Coruña han echado en falta el obispado, no hayan echado de menos al obispo

(José M. Vidal).- Monseñor Julián Barrio celebra este año sus bodas de plata como obispo. Son 25 años, "animando a la comunidad diocesana" de Santiago de Compostela, "buscando renovarnos sin autorreferencialismos". No es que piense dormirse en los laureles tras llegar a este hito, sino que, como revela a RD, sigue trabajando en prioridades tan distintas como la atención pastoral en el Camino de Santiago o la "actualización funcional" de las parroquias.

25 años de obispo y siempre en la misma diócesis: dos récords de los que pocos prelados pueden presumir.

Es una realidad que se comprende en los designios de la providencia de Dios. Se me encomendó el ministerio episcopal por gracia y por gracia entiendo haber estado aquí en esta Archidiócesis compostelana estos veinticinco años. No dejo de dar gracias a Dios por ello.

En la Archidiócesis de Santiago he encontrado una comunidad de fe en la que desde el principio me sentí acogido, agradeciendo la enorme tarea que habían realizado mis predecesores. Soy plenamente consciente de que la Iglesia que peregrina en Santiago sigue ofreciendo las posibilidades para seguir avanzando en ese dinamismo pastoral que, con atención a los signos de los tiempos, hemos mostrado en el reciente Sínodo Diocesano.

¿Qué es aquello de lo que más se alegra y de lo que más se arrepiente?

Me alegra el haber hecho lo posible por estar cercano a mis diocesanos, sabiendo que a la vez que acompañaba me sentía acompañado por los sacerdotes, los miembros de la Vida Consagrada y los laicos.

En el haber de la Diócesis está la actividad caritativa que viene desarrollándose. Siempre le ronda a uno esa sensación de haber podido hacer más o de estar más cerca de quien te necesitaba material y espiritualmente. Lo pongo todo en manos del Señor, pidiéndole perdón por lo que no he sabido o no he logrado realizar.

En estos veinticinco años, en el día a día, he intentado, con la ayuda de Dios, animar a la comunidad diocesana, buscando renovarnos sin autorreferencialismos. Compartir con la gente sus preocupaciones en las visitas pastorales y personales, su saludo en la calle, la conversación con los peregrinos al término de la Misa del Peregrino son realidades gratificantes y alentadoras en el quehacer pastoral.

¿Galicia ha entrado en su corazón para quedarse?

Puede estar seguro de ello. Y esto no por mérito mío sino por la benevolencia y comprensión de mis diocesanos y de esta geografía donde "todo es espontáneo en la naturaleza y en donde la mano del hombre cede su puesto a la mano de Dios", como escribe Rosalía de Castro.

Un obispo no camina en soledad. Peregrina con su diócesis, con los sacerdotes, los religiosos y los laicos, con los niños, con los jóvenes y los ancianos, con las gentes del mar y del campo, de la ciudad y del rural. Para mí son parte esencial de mi ministerio pastoral.

Unas veces he caminado con ellos delante para indicar el camino; otras en medio, con una cercanía sencilla y comprensiva; y otras detrás, para animar a los que necesitaban una mayor motivación en su esperanza.

¿El gallego está siendo suficientemente valorado y utilizado en la liturgia?

Es una lengua a la que se ama y se utiliza con normalidad. Son muchas las Eucaristías dominicales y celebraciones litúrgicas en gallego. Prácticamente la lengua materna propia y vehicular de casi todos los sacerdotes es el gallego. En las aldeas lo normal es que los vecinos se expresen en gallego. Y en esta hermosa lengua se transmite la Palabra de Dios.

Seguro que alguien podría pensar que el gallego podría utilizarse más. En el Sínodo diocesano se ha hecho hincapié en ello para que la atención pastoral a las nuevas generaciones no se vea privada de esta riqueza. En las celebraciones en la Catedral integramos ambas lenguas, gallego y castellano, sin problema alguno. Las cartas pastorales se publican en las dos lenguas. Y el mismo proceder se sigue en la Curia diocesana.

Después del caso del 'Calixtino', ¿los tesoros de la catedral de Santiago están absolutamente seguros?

Considero que sí. Humanamente se ha hecho todo lo posible para que los tesoros culturales de la Catedral estén seguros y puedan ser contemplados por las personas que lo deseen. En el supuesto de que nadie puede garantizar una seguridad absoluta, se ha buscado evitar una situación tan dolorosa como aquella que sufrimos con el caso del Códice Calixtino. Sin renunciar a la confianza en las personas que desempeñan una misión en la Catedral, se han reforzado las medidas de seguridad y los controles, sin que todo ello afecte a la celebración litúrgica ni a la presencia de los peregrinos.

El Camino sigue siendo un imán para los peregrinos. ¿Está suficientemente atendido a nivel pastoral?

También en esto, todo punto de llegada es un punto de partida, nunca mejor dicho cuando se habla del camino. Estamos realizando todo aquello que entra dentro de nuestras posibilidades para dar respuesta a esta preocupación y a la inquietud manifestada por los peregrinos.

Una de los objetivos a este respecto es que el sentido espiritual del Camino y de la Peregrinación jacobea no se diluya ni se desvirtúe. Si desapareciese esa dimensión espiritual y pastoral el Camino de Santiago se convertiría en una realidad inerte.

Desde hace unos años hemos optado por potenciar la atención y la acogida pastoral en el Camino. Llevamos celebrados varios congresos de acogida cristiana en el Camino. En la Diócesis los franciscanos, los jesuitas y los guanelianos ofrecen también espacios para la acogida del peregrino, como por supuesto se hace en la Catedral y en el recientemente inaugurado Centro Internacional de Acogida de Peregrinos de nuestra ciudad. La Delegación diocesana de la Juventud en los veranos atiende también pastoralmente a los peregrinos. Procuramos tener abiertos el mayor número de templos a lo largo del Camino. Es una prioridad pastoral.

Galicia envejece y sus curas con ella. ¿Hay relevo sacerdotal?

El envejecimiento de nuestra población es una realidad que preocupa. La mayor riqueza que puede tener un pueblo son sus hijos.

En cuanto al relevo sacerdotal no lo tenemos en la medida deseable. Esto nos ha llevado a plantear una forma de pastoral distinta. No podemos hacer las cosas como siempre se han hecho. En el Sínodo diocesano recientemente celebrado reflexionamos sobre esto y vimos la necesidad de una conversión pastoral que vaya más allá del puro mantenimiento para convertirse en una pastoral misionera, evangelizadora en la que asuman sus responsabilidades los miembros de la vida consagrada, respetando siempre su carisma, y los laicos.

Es necesaria la actualización funcional de las parroquias, porque con la escasez de sacerdotes no se puede pretender mantener la estructura de hace décadas. Para dar respuesta a esta preocupación hemos puesto en funcionamiento las Escuelas Diocesanas de Agentes de Pastoral y estamos configurando las unidades pastorales. Todo ello con miras a preservar la atención pastoral en amplias zonas rurales que se despueblan. Es el futuro que viene.

Dejo constancia de mi agradecimiento a los sacerdotes, sobrecargados de tareas pastorales, que procuran no sólo conservar lo que hay sino que tratan de impulsar una pastoral más evangelizadora y misionera, con su entrega y dedicación. Por otra parte, además de rezar, estamos impulsando la pastoral vocacional a tiempo y a destiempo.

¿Coruña sigue soñando con ser obispado? ¿Sería necesaria una reorganización diocesana en Galicia?

La cuestión de una posible reorganización diocesana en Galicia fue planteada ya en el pontificado del recordado y admirado Cardenal Quiroga. Su complejidad es evidente. En todo caso puedo decirle que en estos veinticinco años he actuado de forma que si algunos diocesanos de A Coruña han echado en falta el obispado, no hayan echado de menos al obispo.

¿Le ha dolido especialmente el caso de los abusos del clero en Astorga, su diócesis de procedencia?

Soy consciente de que debo mucho a la Diócesis de Astorga a la que quiero. Por supuesto casos como estos a los que se refiere, son muy dolorosos independientemente del lugar dónde se hayan podido producir, aunque es evidente que el componente de proximidad siempre implica una vivencia de los hechos con una mayor tensión e intensidad.

¿El caso de Diana Quer, con tanta repercusión social, no merecía una intervención suya más amplia y profunda?

Puedo comentarle que el mismo día en que se descubría el cuerpo de la joven y ya se había detenido al presunto autor de la muerte de Diana Quer escribí un tuit en el que decía que "conmovido como vosotros por la noticia, pido al Señor por Diana Quer y su familia. Quiera Dios que cese toda clase de violencia, siempre deshumanizadora".

Posteriormente tuve otra manifestación al respecto en otro medio de comunicación. Es posible que hubiera sido pertinente una intervención más amplia o profunda, como Vd. sugiere. En todo caso, en no pocas ocasiones me he referido a la necesidad de una honda y serena reflexión sobre la realidad antropológica hoy.

La cuestión social se ha convertido radicalmente en una cuestión antropológica. No se valora la vida de las personas, llevando dolor y muerte a sus familias. El olvido del valor sagrado de la vida, la pérdida de valores humanos, la degradación de la sexualidad que ve en las víctimas un objeto para satisfacer deseos, la desestructuración psicológica que diluye la percepción del mal en la conciencia, etc., son hechos que nos deben preocupar hondamente.

Es necesario convencerse de que el prójimo es aquel de quien cada uno es responsable, deponiendo todo intento de dominación o apropiación, viendo la vida como un don y una tarea. Cristo nos revela la verdad profunda de nuestra propia humanidad.

¿Sigue luchando para que el Papa Francisco visite Compostela en 2021?

Por supuesto, a mí me agradaría que visitara Santiago de Compostela. No cabe duda de que el Camino de Santiago y la peregrinación jacobea están teniendo un eco pastoral más allá de los límites de nuestra geografía.

Hace unas semanas, en una intervención, en un foro ya tradicional en nuestra ciudad, a preguntas del moderador sobre si se está trabajando en una posible visita del papa, dije que "en ello estamos". Como es obvio, el Papa siempre está invitado.

Para nuestra Iglesia sería un auténtico don que viniera el próximo Año Santo, cuando la Catedral lucirá también ya con las galas de la profunda restauración que se está llevando a cabo.

¿La primavera de Francisco pasará como agua de mayo o será irreversible en la Iglesia?

Estoy convencido de que el Señor mediante la acción del Espíritu Santo pone en cada momento al frente de la Iglesia a la persona que necesitamos para pilotar la Barca de Pedro. Hoy es Francisco. Ayer fue Benedicto XVI. Antes había sido San Juan Pablo II.

Lo importante es estar siempre con Pedro y avanzar con él y junto a él, poniendo las barcas de nuestras Iglesias diocesanas al lado de la Barca de Pedro. El mensaje de Jesús y la doctrina de la Iglesia tienen un valor permanente y son capaces de adaptarse a todas las situaciones y de ofrecer respuestas a las diversas cuestiones y necesidades de los hombres, sin necesidad de diluirse ni someterse a las imposiciones de la cultura dominante.

El Evangelio, que es único ayer, hoy y siempre, necesita ser transmitido con un renovado compromiso. Cristo sigue siendo hoy la Buena Noticia que es necesario difundir con los medios actuales para el florecimiento de la Iglesia en el futuro.

En este compromiso no olvidamos como decía san Pablo, que ni el que planta es nada, ni tampoco el que riega; sino Dios que hace crecer la semilla. La primavera siempre encuentra respuesta en los frutos del verano que se recogen en el otoño.

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