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Diócesis
José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián
Más de la mitad de los jóvenes son ateos, y el 46% de la población oscila entre la increencia y la indiferencia

(Jesús Bastante/Noticias de Gipúzkoa).- Guipúzcoa pierde fieles y práctica religiosa a manos llenas. ¿Materialismo y hedonismo, como postula el obispo de San Sebastián, o una iglesia oficial anclada en sus estructuras, como postulan los expertos? Sea lo que fuere, los datos no engañan: la práctica religiosa en la diócesis que pastorea José Ignacio Munilla ha descendido a mínimos históricos, mientras la cifra de los ateos o indiferentes casi triplica a la de los católicos practicantes.

Según relata Noticias de Gipúzkoa, citando el estudio 'Cultura política de la población guipuzcoana 2017', presentado en diciembre en la Diputación Foral, el 26,9% de los habitante se consideran ateos, por otro 16,6 que se definen como agnósticos o indiferentes. El número de los católicos practicantes apenas llegaba al 17,4%. El 26,6% se declaraban católicos no practicantes.

El futuro se plantea desolador, toda vez que más de la mitad de los jóvenes de entre 16 y 29 años (52,3%) son ateos. "Es evidente que se ha producido un gigantesco descenso de las prácticas socioreligiosas", afirma el sociólogo Javier Elzo. Una desconexión en toda regla.

Además, según los datos hechos públicos recientemente por la Conferencia Episcopal, Gipuzkoa es el territorio vasco en el que más cae la aportación que se hace a la Iglesia marcando la X en la declaración de la renta. En concreto, la Iglesia católica recibió en 2016 un total de 85.357 asignaciones, frente a las 91.117 que logró en 2015. Esto supone que 5.760 guipuzcoanos menos marcaron esta opción, lo que en cifras significó una caída de 96.546 euros.

 

 

Otro dato que atestigua esta pérdida de la fe cristiana es la impresionante caída del número de matrimonios católicos en los últimos diez años. Así, en 2016 se celebraron 2.499 bodas en Gipuzkoa, de las cuales 2.022 fueron civiles y tan solo 474 por la Iglesia, según los datos del Instituto Vasco de Estadística (Eustat).

"En cuatro años en Legazpi, he tenido cuatro bodas, prácticamente una por año. Cuando estuve en Azpeitia teníamos unas 20 bodas al año. Recuerdo en la Basílica de Loiola, si querías un día concreto había que pedir con dos años de antelación", explica el cura de Legazpi Iñigo Mitxelena, que se ordenó sacerdote hace 16 años y ha podido ser testigo de este cambio.

Por su parte, Elzo explica que el primer y "fortísimo" proceso de secularización, es decir, de desaparición de los valores religiosos, ya se produjo en los años 60. En este mismo sentido se pronuncia Jesús Mari Mujika, exprofesor de Ética, que asegura que "el poder de influencia y dominio que tuvo la Iglesia en Gipuzkoa fue tal que obligó a los habitantes de aquí a ser obedientes". "La Iglesia en Gipuzkoa ha perdido mucha fuerza en poco tiempo", reconoce Mujika.

Elzo recuerda que hubo una época en la que se decía que "lo más importante no era ir a misa, sino ser un buen cristiano". Para este sociólogo, la no insistencia en acudir al culto provoca el "desenganche" de las prácticas religiosas. "La no práctica religiosa lleva a la descristianización", insiste.

 

 

Así, señala que el primer "desenganche" que se produce es que la gente deja de ir a misa. Y, además, también ha ocurrido otro fenómeno "extremadamente llamativo" que es "la desaparición de la transmisión religiosa".

La realidad de hoy en día se traduce en que "no es tal la afectación del hecho religioso", según apunta José Ignacio Iztueta, párroco de Alegia, que se encarga de otras once parroquias pequeñas ante la falta de curas. Y es que este es otro dato que ha caído en los últimos años. En Donostia hay 227 sacerdotes, de los cuales 133 son mayores de 75 años, otros 22 llegarán a los 75 en cuatro años y sólo cinco son menores de 40.

"Hace 50 años en Gipuzkoa había unos 800 curas", reconoce el párroco de Legazpi, que asegura que hay relevo pero "poco a poco", por lo que no es "como antes" que en las iglesias grandes había "cuatro, cinco, seis o diez curas". Además, actualmente hay once seminaristas que estudian en Pamplona y de esos once, este año han entrado solo cinco nuevos. "Igual Dios nos está hablando con esta escasez de vocación para el sacerdocio pues de una Iglesia distinta", afirma el párroco.

El relevo generacional tampoco se da entre los fieles. Las iglesias están vacíos, y sus ocupantes son, casi siempre, personas mayores. "El problema no creo que sea que la gente no va a misa. Tenemos que plantearnos los procesos para ser uno creyente y posibilitarlos", defiende Iztueta desde Alegia.

 

 

 

¿Cuál es la perspectiva de futuro? "La tendencia actual a corto plazo no va a cambiar y mucho menos si la iglesia oficial sigue anclada en sus estructuras. Pero no pienso que el cristianismo esté llegando a su fin, ni siquiera entre nosotros. Sí creo que no volverá la sociedad que, por mera costumbre, haya de ser cristiana", resume Jesús Mari Mujika.

En este mismo sentido se pronuncia Javier Elzo, que cree que "a corto plazo", la desafección de los guipuzcoanos con respecto a la religión "no tiene arreglo". "En estos momentos hay una visión de Euskadi secular. La Iglesia tiene muy mala fama, la fe religiosa es entendida como de otros tiempos ligada al franquismo y a la derecha. A corto plazo no creo que se haya tocado suelo", insiste.

Pero a "largo plazo" la situación podría cambiar. La tesis de Elzo, tal y como escribió en su libro Morir para renacer (San Pablo), es que "si no muere una determinada Iglesia, no puede renacer". "Si la Iglesia se transforma tiene una posibilidad de dar una respuesta válida a la demanda de espiritualidad que hay en la sociedad", afirma Elzo, que asegura que habrá que esperar "una o dos generaciones" para que esta situación remonte. "Lo que hace falta es que esa Iglesia muera", asevera.

 

 

¿Y qué piensa el obispo? Monseñor Munilla, que durante la pasada semana fue acusado de despilfarrar el patrimonio de la diócesis (un documento de varios curas, contestado por el Obispado, habla de pérdidas que anualmente superan el millón de euros, así como pérdidas derivadas de la crisis del Banco Popular, o la venta de varios inmuebles diocesanos para compensar el déficit), se ha descolgado esta mañana responsabilizando a las redes sociales de "dar la espalda a sus raíces religiosas y se ha entregado al materialismo y al hedonismo".

En un artículo, el prelado afirma que "basta asomarse a Twitter" para comprobar "el nivel de agresividad y frustración interior» que anidan en la sociedad, informa Efe. Para Munilla, la cuestión «ya no es solo si existe vida después de la muerte sino si hay vida antes de la muerte».

El prelado donostiarra apunta algunos de los «indicios» propios de una «vida resucitada» entre los que cita «la paz y la alegría interior» y el «juicio de misericordia hacia el prójimo». En este sentido, señala que «cuando no estamos en paz con nosotros mismo inevitablemente vivimos en guerra con todos los que nos rodean» y que «el primer signo de ello suele ser el juicio duro y desesperanzado hacia los demás».

El obispo alude también a la «perseverancia» frente a la «tendencia a explorarlo todo, sin comprometerse en firme con nada» y a «vencer el miedo a la muerte» que, según señala, está «humanamente justificado».