• Director: José Manuel Vidal
Diócesis
Cecilio Raúl Berzosa
Y, al final, el 'bucle' terminó pasándole factura, no aguantó más y le pidió al Papa una especie de excedencia episcopal

(José Manuel Vidal).- Es un caso inédito. El Papa concede a Cecilio Raúl Berzosa (Aranda de Duero, 1957) permiso para "retirarse durante un tiempo, por motivos personales" del gobierno de la pequeña diócesis de Ciudad Rodrigo. La nota de la Nunciatura apostólica en España no dice más y el prelado, ya en excedencia temporal, tampoco ha dado más explicaciones ni al clero ni al pueblo. Y la pregunta que se hace todo el mundo es por qué se va, aunque sólo sea temporalmente, el obispo, y cuáles son, en concreto, esos "motivos personales" que aduce para retirarse.

Al tratarse precisamente de motivos personales, es fácil cruzar la fina línea que separa el derecho a la intimidad del obispo del derecho a la información que tiene el pueblo de Dios. Primero, el pueblo que peregrina en Ciudad Rodrigo, que es el más directamente afectado, pero también el conjunto de los fieles católicos españoles, que asisten, sorprendidos, a una decisión sorprendente y de este calibre que afecta a un obispo.

En primer lugar, nadie sabe (y los que lo saben no lo han explicado), si la retirada del prelado ha sido a petición propia o se la ha recomendado el Nuncio, Renzo Fratini, o el propio Papa Francisco. Lo que sí está claro es que la decisión ha pasado directamente por las manos del Papa. Y lo más probable es que se haya tomado tras un discernimiento entre el propio Pontífice y monseñor Berzosa, que desembocó en este acuerdo, que, después, se le comunicó al Nuncio Fratini, para que pusiese en marcha el operativo de la sustitución temporal del prelado por el jubilado monseñor Gil Hellín, arzobispo emérito de Burgos.

La decisión, en cualquier caso, ha pillado por sorpresa al clero y al pueblo de Ciudad Rodrigo. "Estamos en estado de shock. No sospechábamos nada y, por supuesto, no nos lo esperábamos", dicen varios sacerdotes de la diócesis consultados por RD. De hecho, comentan que el pasado miércoles los curas tuvieron un retiro espiritual con monseñor Berzosa y éste estuvo "fenomenal y cariñoso, como siempre".

Berzosa con Juan Vicente Herrera

Los curas coinciden en señalar que los referidos "motivos personales" para retirarse del cargo son un cajón de sastre muy amplio, donde caben todo tipo de causas. Todos, sin embargo, descartan que se trate de algo físico o mental. Monseñor Berzosa tiene 61 años y goza de excelente salud.

También descartan los curas que más lo conocen que se trate de motivos espirituales, de dudas de fe o de alguna crisis vocacional. Al contrario, todos alaban la hondura espiritual del prelado y el celo vocacional que siempre transmite al clero y al pueblo.

Tampoco consideran que el obispo se haya decepcionado por llevar ya 7 años en la diócesis más pequeña de España, donde no hay demasiadas expectativas ni demasiado futuro, para un hombre como él bien preparado y llamado a ocupar puestos más relevantes en la Iglesia española.

Mientras en el resto del país se comentaba a menudo que Don Raúl estaba "castigado" en Ciudad Rodrigo, él siempre se mostró sumamente contento y satisfecho en su diócesis, compaginando su tarea episcopal con la de profesor en la Universidad Pontificia de Salamanca.

Descartadas todas esas variables siempre del ámbito personal, todos los sacerdotes consultados por RD concluyen con el mismo diagnóstico, al que, además, todos bautizan con la misma palabra: "Bucle". Bautizan con ese término la situación vital que viene arrastrando desde hace años monseñor Berzosa y que se concretaba en que compartía su vivienda con un familia, compuesta por una madre y su hija.

Nadie sostiene, ni siquiera insinúa, que pudiese haber una relación afectiva del obispo con alguna de las dos mujeres. Pero sí, un relación de compromiso. Según diversas fuentes, las dos mujeres cuidaron, durante años, a la madre del obispo y éste se sintió obligado a protegerlas y mantenerlas con él, en su casa, una vez que su madre falleció en 2012. "Asumió un compromiso que no sólo lo superó, sino que también jugó en su contra, porque dio lugar a un sinfín de comentarios insidiosos sobre la vida personal del prelado", comenta un sacerdote.

Insidias sin fundamento real. La prueba evidente de que monseñor Berzosa no sentía que tuviese nada que ocultar es que los tres iban a todas partes juntos y todo el mundo (fieles y clero) en Ciudad Rodrigo consideraban la situación como algo normal y natural. Como el clásico cura de pueblo que tiene un ama de llaves. Muchos de sus amigos le aconsejaron que echase a la familia que lo ciudaba, pero él siempre se negó. Su conciencia no se lo permitía. Si hiciese algo así, con qué cara iba a mirar a sus curas y a sus fieles.

Y por eso, por respetar su conciencia, corrió el riesgo de lo que el Papa Francisco llama "la bomba atómica" de las habladurías y de los chismes. Y eso que Berzosa, buen estudioso de los clásicos, conoce a la perfección aquella célebre frase, según la cual, "la mujer del César no sólo debe serlo sino parecerlo" y el caso del prelado burgalés se convirtió en la comidilla de todos los corrillos eclesiásticos de dentro y de fuera d la diócesis.

Incluso algunos aseguran que éste fue el motivo por el que monseñor Berzosa permaneció tantos años "castigado" en una diócesis como un arciprestazgo, cuando todo el mundo sabe que es un obispo intelectualmente brillante, bien preparado, con don de gentes y con todo tipo de cualidades humanas y espirituales.

Y, al final, el 'bucle' terminó pasándole factura, no aguantó más y le pidió al Papa una especie de excedencia episcopal. Si Francisco se la concedió es porque está convencido de que al prelado le avalan razones de peso y, además, porque ambos creen que la causa puede ser reversible. Quizás, una vez que rompa el 'bucle' pueda volver a Ciudad Rodrigo o a otra diócesis española, y reincorporarse al servicio episcopal.

Mientras tanto, los curas de Ciudad Rodrigo aseguran que lo único que pueden hacer es "rezar" por su obispo, pero, al mismo tiempo, temen que Roma aproveche la ocasión del vacío episcopal, para suprimir la pequeña diocesis mirobrigense, con tan sólo 38.000 habitantes. Eso sí, con mucha historia en su mochila, pues se creó nada menos que en 1161, en la reconquista, como sufragánea de Santiago de Compostela y con el objetivo de que la ciudad sirviese de baluarte ante los musulmanes.

Por ahora, el que toma posesión como administrador apostólico es el arzobispo emérito de Burgos, Gil Hellín, mientras monseñor Berzosa se retira a un lugar sin especificar. Unos dicen que se irá a un monasterio. Otros, con destino a Roma. Incluso hay quien opina que podría irse a vivir al convento de las monjas de Iesu Communio, fundado por su hermana, Verónica Berzosa, en La Aguilera (Burgos). ¿Volverá a Ciudad Rodrigo? Algunos curas están absolutamente convencidos de que sí. Otros, en cambio, creen que este tipo de situaciones no son fáciles de revertir y de desandar.

Con su hermana, Verónica (todavía clarisa), el día de su ordenación episcopal