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"En una región de un millón de habitantes como Asturias, Dios no se queda afónico"

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"Quiero tener autoridad sin ser autoritario"

Jesús Sanz Montes, nuevo arzobispo de Oviedo

Redacción, 24 de noviembre de 2009 a las 07:39

Jesús Sanz

Jesús Sanz

Me han dicho que después del puerto Pajares me pueden quitar la barba

Jesús Sanz Montes (Madrid, 1955), atiende al teléfono desde su despacho de la Conferencia Episcopal, en un receso de la asamblea plenaria. Con una voz afectada «por un tremendo trancazo», el arzobispo electo de Oviedo hace toda una declaración de intenciones al definirse como un hombre de convicciones firmes, pero no autoritario y que, como buen madrileño, tiene a gala ser abierto y tolerante. «Creo que Dios me ha concedido saber ponerme a la altura de intelectuales cuando estoy en mi cátedra universitaria y de la gente más sencilla cuando voy por estos pueblos de Dios. Y así me quiero presentar, pidiendo la mayor benevolencia», ofrece. Lo entrevista Laura F. Mayordomo en El Comercio.

-Ya ha dicho que el sínodo será una de sus prioridades. ¿Qué sello personal pretende imprimir al trabajo iniciado por Carlos Osoro?

-Desconozco el sínodo de la diócesis de Oviedo, pero sí que sé que está muy avanzado. Una vez que conozca por dónde se ha encaminado y a qué conclusiones se ha llegado, lo que tengo que hacer es favorecerlo y aprovechar todo lo bueno que supongo que heredaré. Lo que no voy a hacer, lógicamente, es detenerlo o decir: 'ahora, borrón y cuenta nueva'. En primer lugar, porque no hay borrones y, segundo, porque la cuenta que hay que hacer es continuar lo anterior.

-¿La crisis de vocaciones en Asturias tiene solución?

-En una región de algo más de un millón de habitantes como Asturias, Dios no se queda afónico. A lo mejor podemos tener alguna dificultad en escucharle o en secundar lo que él nos sugiere. Se trata de revisar por qué esa dificultad de escuchar a Dios. Y ayudar.

-Como lo ha hecho en Huesca...

-Allí es verdad que se ha hecho un esfuerzo ímprobo. No había nada más que un seminarista y me marcho dejando quince.

-¿La clave?

-No tengo una estrategia. A Asturias no voy ni con una consigna ni con una estrategia, sino con todo el respeto. Tendré que coger lo que heredo, que es mucho y muy hermoso. Sé que también heredo retos, dificultades y desafíos. Y trataré de encauzarlos. Uno de ellos es el reto vocacional. La falta de vocaciones es algo que nos tiene que doler, porque cuando te duele un miembro de tu cuerpo, lo primero que haces es indicar dónde está el dolor y después ponerte en manos de la persona que te puede ayudar. Y eso es lo que hicimos en Huesca. Pedimos a Dios las vocaciones, porque no las podemos llamar nosotros.

-La asturiana es una de las iglesias más envejecidas de España y, en muchos casos, sus sacerdotes son responsables de muchas parroquias. ¿Estudiará una reorganización?

-Será una cosa a estudiar, sin duda. De todas maneras, apunto más a un reverdecer de las vocaciones antes que a una organización de algo que termina porque, en ese caso, simplemente estaría levantando acta y resignándome al hecho de que hay poca gente y mucho que hacer. Estaría organizando, pues, un fracaso. Y me resisto a eso. Más que organizar algo que no tiene salida, opto por descubrir cuál es la puerta por la que podemos salir.

-Pero, mientras tanto, algo se podrá hacer, ¿no?

-Es verdad que no podemos continuar de la misma manera. Sobre todo cuando hacemos recaer sobre espaldas a veces muy ancianas, aunque muy generosas, un peso que no es fácil de soportar. Hay que dibujar un horizonte más a medio plazo y tomar decisiones inmediatas que pueden pasar por esa reorganización.

-Gabino Díaz Merchán u Osoro. ¿Con cuál de los dos comulga más?


-Ay, yo con los dos... En realidad, comulgar, comulgar, solamente con el Señor.

-Sus antecesores son completamente distintos...

-Claro, y eso es lo bonito. Cada uno tiene su edad, su matiz y su sabiduría. El abrazo que he dado esta mañana a don Carlos, y el que he dado a continuación a don Gabino, ha sido el abrazo entrañable a dos personas muy queridas y de las que, como me ha sucedido con don Raúl (Berzosa) quiero aprender. Reconozco que son muy distintos, pero cuando de la diversidad no se hace un arma arrojadiza sino un motivo de complementariedad, el más enriquecido eres tú.

-Le han dado algún consejo sobre cómo llevar la diócesis asturiana.

-Noooo. Me han dado algún consejo de cómo se llega...

-Pasando el Pajares...

-Eso es. Me han dicho que después del Pajares me pueden quitar la barba, pero la llevo muy a gala porque soy franciscano y, con estos fríos, con la barba te ahorras mucho en bufandas.

-O sea, que de consejos nada...

-Más que consejos lo que me han dado han sido ánimos de que voy a una tierra muy hermosa y con gente superacogedora. Eso me llena de esperanza y me hace encaminarme a Asturias con la mejor disposición.

-Toma posesión el 30 de enero, pero ¿hará alguna visita antes?

-No la tengo fijada, pero procedería. Tengo que reconocer que no conozco Oviedo.

-Un mensaje para los sacerdotes asturianos...

-Que tengan esperanza. Un cambio de obispo siempre es un momento esperanzador, de un volver a comenzar algo en lo que ninguno somos novatos, como es el ejercicio de nuestro sacerdocio, pero en lo que sí hay caras nuevas. Es como cuando llega alguien nuevo a cualquier institución académica, cultural, deportiva o periodística. Ponerse al frente siempre se suscita una atención, que en mi caso espero que no termine en perplejidad.

-Y para la sociedad asturiana...

-En un momento de dificultad, particularmente pienso en las familias que peor lo están pasando, las personas ancianas o las que tengan alguna enfermedad. Les envío un mensaje de mucho afecto, de querer estar muy cerca de ellos y de que cuenten conmigo, que puedan encontrar en la Iglesia y en su arzobispo un apoyo y un referente.

-Y para los políticos...

-Que les quiero conocer como al resto de la sociedad. Les brindo mi lealtad y el sincero deseo de colaborar con ellos porque tenemos en común un grupo de conciudadanos a los que tenemos que servir. Esa sociedad se sentirá mucho más beneficiada si en los grandes valores nos encuentran de acuerdo.

-Por estas tierras alguien le reprocha que no haya sido párroco antes que arzobispo.

-Experiencia parroquial sí que la tengo. He sido párroco, y de parroquias muy humildes de la llamada sierra pobre de Madrid, también de Ávila y de Toledo. Allí, como franciscano, fui coadjutor.

-También le tildan de autoritario.

-¿Ah, sí? Una cosa es ser firme y otra ser duro. Yo de dureza, nada, ni por temperamento ni por educación. Y si me apuras tampoco por carisma. Quiero tener autoridad, pero sin ser autoritario. Quiero tener firmeza, pero sin ser duro con nadie. Esa es la diferencia que me permite defender mi temperamento.

-Pues preséntese usted mismo.

-Provengo de una familia numerosa. Soy el mayor de seis hermanos. Las grandes cosas de la vida las he aprendido mirando a mis padres y a mis hermanos. Soy de Madrid, una ciudad que tiene a gala ser abierta y tolerante y yo, en este sentido también me considero así.


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