Olegario González de Cardedal
Alfonso E. Caño
Vivimos un momento para no dormir sobre laureles sino para plantarlos
Este teólogo, miembro de la Real Academia de las Ciencias Morales y Políticas, cumple sus bodas de oro como sacerdote. Olegario González de Cardedal (Lastra del Cano, Ávila, 1934) tiene en ese ministerio la constante «más sagrada de su vida». Sobre ellos hablará hoy en el Ateneo de Valladolid.Lo entrevista V.M.Niño en El Norte de Castilla.
-¿Cómo ha cambiado la figura del sacerdote en este medio siglo?
-El sacerdote es una figura en la intersección de la Iglesia y la sociedad, la fe y la cultura, la mirada a vida actual y a la vez, perspectiva de vida eterna. En la medida en que esas dos grandes realidades cambian, la figura mediadora se adecua. Quizá no se percaten los que son más jóvenes de que vivimos en otro mundo, lleno de transformaciones económicas, revoluciones culturales, la situación política es otra. El sacerdote se mueve en un mundo plural tanto social como políticamente, en el que al lado de la iglesia hay una sinagoga o una mezquita, además de propuestas no religiosas al lado. Eso hace que el sacerdote tenga otros oyentes de su palabra, otras esperanzas en su oración y otros rechazos a su comportamiento.
-¿La Iglesia española se ha distinguido del resto de las europeas?
-La trayectoria social, política y religiosa de cada gran nación desde mediados del XIX ha sido distinta. Ese lapso es el de los nacionalismos de Francia, Alemania, Inglaterra, España, justamente por esa concentración y cierre hacia dentro de cada una, la evolución es distinta. La historia de España está afectada por todo lo que ocurrió en XX, la guerra civil, la dictadura, la transición. En esas tres fases la Iglesia ha estado en un primer plano, negativamente durante la república, luego la guerra y en la dictadura por su legitimación recíproca. La transición española tiene unos protagonistas que no son los que se dice hoy. El PSOE era una realidad pequeña, frente al PCE, las organizaciones obreras, la Universidad o la Iglesia. La Iglesia tuvo un papel decisivo en transición, menor después una vez instaurada democracia. Entonces puede volver a tarea anterior dado que las organizaciones humanas han recuperado su autonomía. Curiosamente sigue siendo la única al lado de la realidad de los necesitados y la marginación. Y luego está la relación con el poder político hoy. El PSOE es de las pocas instituciones que no ha hecho la transición religiosa que debía hacer mientras la Iglesia sí ha hecho la transición social. Por eso nos estamos viendo enfrentados innecesaria y violentamente a una situación cuyo fundamento no está en la inmediatez de las necesidades sino en una ideología aún no modernizada.
-¿Se refiere al PSOE hoy?
-No me refiero ahora. No se ha enfrentado honestamente con lo que en un régimen de libertad puede ser la afirmación religiosa. En libertad, dentro de la fidelidad constitucional, hay muchas formas de realizar la existencia humana, la creyente es una y la increyente es otra. No se puede elevar a categoría absoluta de gobierno una forma de comprender al sociedad enfrentándola a otra porque ninguna tiene primacía. En España hay millones de personas que se identifican con una creencia religiosa y el presidente lo es de todos. No se puede primar una comprensión de la realidad sobre otro. Es una actitud premoderna sin par en Europa.
-¿Cómo ve la relación entre Gobierno e Iglesia?
-La realidad humana espiritual de España es la que es. Un Gobierno no puede decretar que no exista la Cordillera Central, porque existe. La Iglesia no puede reclamar ser la sociedad entera y el PSOE no puede reclamar ser su único órgano de expresión y por eso hay que dialogar, pactar. Por ejemplo en la cuestión de los crucifijos, es una realidad religiosa y cultural. Con esa lógica hay que borrar todos los signos culturales porque el hecho religioso es un hecho cultural. El reclamar ausencia es un derecho y el reclamar presencia es otro. Son cuestiones complicadas, por eso hay que llegar a compromisos que permitan convivir.
-¿A qué retos se enfrentan los pocos sacerdotes de hoy?
-Tienen la tarea de refundar la Iglesia sobre una base seglar porque es necesario devolver al mundo seglar su presencia y protagonismo. La parroquia ya no es el cura sino una comunidad de creyentes donde también hay un cura. La Iglesia es lo que seamos sus miembros, no la política, ni la economía.
-¿Una Iglesia paleocristiana?
-La Iglesia es ser extraño, admirable y paradójico. En cada gran cambio cultural comienza de nuevo, como si no tuviera historia. En el XVI hubo que recomenzar, igual tras Revolución Francesa, de nuevo cambió en 1933 y tras el Concilio Vaticano. La fe no vive de la costumbre, sino de verdad y Iglesia no vive de la tradición, sino de la creatividad y en ese sentido vivimos un momento para no dormir sobre laureles sino para plantarlos.