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El Papa, en primera línea contra los abusos en España

El Papa llama a una víctima y le asegura que “ya hay gente trabajando para que todo se pueda resolver”

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Francisco fuerza una investigación sobre abusos sexuales en una diócesis española

“Quiero pedirte perdón en nombre de toda la Iglesia. Estas heridas hacen que la Iglesia se resienta al completo”

Jesús Bastante, 16 de noviembre de 2014 a las 17:55

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Bergoglio invita a Daniel (nombre ficticio) a participar en la comisión vaticana de víctimas de abusos y fuerza a la diócesis a colaborar con la Justicia en la investigación contra varios sacerdotes pederastas
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Francisco mostró su dolor ante la pederastia clerical

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Mea culpa de Francisco a las víctimas de abusos

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Lágrimas por los abusos

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Abusos sexuales en la Iglesia

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  • Francisco será inflexible contra la pederastia
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  • Abusos Iglesia
  • Abusos sexuales en la Iglesia

(Jesús Bastante).- "Me siento personalmente obligado a asumir todo el mal que una cantidad importante de sacerdotes hicieron". El pasado 11 de abril, el Papa Francisco pedía perdón, en nombre de toda la Iglesia, por los casos de abusos sexuales por parte de sacerdotes, y se comprometía a "no dar ningún paso atrás respecto a la postura que tomaremos para corregir este problema y las sanciones que impondremos". Más allá de las palabras, los hechos.

El siguiente relato es una muestra de que la actitud de "tolerancia cero" ante la pederastia se ha implantado, para quedarse, en la Santa Sede. Y que, si es preciso, es el propio Papa quien toma la iniciativa y obliga a los obispos a tomar medidas, eclesiásticas y penales. Es Bergoglio quien se acerca, hasta lo más íntimo, a las víctimas, para apoyarlas sin reservas y ayudarlas a que estos atroces delitos se denuncien y castiguen, en la Iglesia y también por los tribunales ordinarios.

Así ha sucedido en un caso que afecta a una diócesis española, según esta investigación, confirmada por fuentes eclesiásticas españolas y vaticanas. Esta es la historia de Daniel, tal y como hemos podido reconstruir a partir de conversaciones con diversas fuentes, algunas de ellas especialmente cercanas a la víctima, durante las últimas semanas. Un relato que nos muestra el apoyo y el cariño del Papa a una de las víctimas de estos lobos disfrazados de pastores, que no dudan en destrozar la vida de los más débiles. :


Domingo, 10 de agosto. 17,23 horas. Daniel (nombre ficticio) conduce despacio por las calles de la ciudad que le vio crecer. A sus veintipocos años, está pasando un auténtico calvario. Víctima de brutales abusos sexuales por parte de varios sacerdotes en su adolescencia, tras varios años de silencio, se decidió a denunciar.

El semáforo se pone en rojo y suena su teléfono móvil. En la pantalla sólo aparece "número desconocido". "¿Quién es?", contesta Daniel. "¿Hablo con el señor Daniel?" responde, al otro lado del teléfono, una voz extrañamente conocida. "Sí, soy yo. ¿Quién llama?" "Buenas tardes hijo, soy el padre Jorge." "Perdón -responde Daniel- se ha debido de equivocar. No conozco a ningún padre Jorge". Y escucha asombrado: "Bueno, el Papa Francisco".

Durante varios segundos Daniel no acierta a articular sonido alguno. Al otro lado, su interlocutor cree que ha colgado. "¿Sigue ahí?". Su tono de voz es inconfundible. ¡Es el Papa!

"Hijo, serénate. He leído tu carta varias veces. No he podido más que emocionarme y sentir un dolor inmenso al leer tu relato. Quiero pedirte perdón en nombre de toda la Iglesia de Cristo. Perdona este gravísimo pecado y gravísimo delito que has sufrido. Perdona, hijo mío, tanto dolor ocasionado y tanto como habrás sufrido. Estas heridas hacen que la Iglesia se resienta al completo". Las lágrimas recorren el rostro de Daniel, que no puede parar de llorar, ni decir una sola palabra.

Hacía apenas unos días, después de años de haber intentado enterrar todo aquel horror en el vacío del olvido, e impulsado por el posible daño -similar al que él tuvo que vivir- que podrían estar sufriendo otros chicos y chicas, Daniel vació su alma en cinco largos, abrumadores e incontestables folios, que envió, casi sin pensar, a la atención de Sua Santità Francesco. ¿Destino? Secretaria de Estado, Palazzo Apostólico Vaticano, 00120 Città del Vaticano.

Ahora, el mismísimo Papa de Roma alzaba el teléfono y le llamaba. La conversación duró apenas unos minutos, pero hizo desaparecer de un plumazo la sensación de angustia con la que había vivido tantos años.

"Cuentas con todo mi apoyo hijo mío y el apoyo de toda la Iglesia. Yo tengo próximo el viaje a Corea, pero ya hay gente trabajando para que todo esto se pueda resolver. Doy gracias a Dios porque conserves la Fe y continúes en la Iglesia. Reza por mí, hijo mío, igual que yo lo haré, sin duda, por ti, tu familia y el resto de víctimas de este grave delito cometido por sacerdotes. Te mando mi bendición y el apoyo de la Iglesia al completo. Un fuerte abrazo hijo".

 

Francisco prometió "tolerancia cero" ante los pederastas y sus cómplices. Días después de la llamada, el obispo de la diócesis donde se produjeron los abusos recibió una llamada de la Santa Sede en la que se le impelía a tomar cartas en el asunto y colaborar, eclesial y penalmente, para que los presuntos pederastas -la investigación de la Policía judicial, que en estos momentos concluye sus trabajos- sientan el peso de la Justicia, así como asegurar la protección de todas las posibles víctimas. Porque Daniel no fue el único objetivo de los lobos.

En los últimos días, Daniel ha recibido otra noticia desde Roma: Francisco quiere invitarle a participar en la comisión de víctimas de abusos por parte de sacerdotes, presidida por el cardenal O'Malley y que volverá a reunirse a primeros de diciembre. Dicha comisión ayudará al Papa a continuar trabajando para que la "tolerancia cero" frente a la pederastia sea una auténtica realidad.

Y es que las cosas están cambiando a marchas forzadas. La "primavera de la Iglesia" también está siendo realidad en el modo de afrontar a los pederastas y sus encubridores. La petición de perdón del Papa, "en nombre de toda la Iglesia de Cristo" por "este gravísimo pecado y gravísimo delito que has sufrido", es un aldabonazo a las conciencias de los católicos, y un espaldarazo a los que, durante años, han sostenido que la Iglesia, para poder ser fiel al mensaje de Cristo, debe colocarse siempre al lado de los que más sufren. Le pese a quien le pese.

El mismísimo cardenal O'Malley, presidente de la comisión de abusos, reiteraba este mismo fin de semana que la Santa Sede "aplicará la tolerancia cero contra los sacerdotes pedófilos y quienes los encubren". Las autoridades vaticanas, recalcó el capuchino, "están pensando en la idea de establecer protocolos, para saber cómo responder cuando un obispo no asegura la protección de los niños de su diócesis".

La actitud, y la toma de decisiones del Papa y sus colaboradores, también han calado en el episcopado de nuestro país. Daniel ya no está solo. Quien sí podría ser señalado es el obispo de la diócesis donde se produjeron los abusos, quien tras la reprimenda papal, formalizó la denuncia ante el Juzgado, y apartó a alguno de los implicados de sus parroquias, suspendiéndoles a divinis, pero colocando en sus puestos a otros sacerdotes investigados por los mismos delitos. Semanas después, la diócesis en cuestión, afirman fuentes vaticanas, "no está colaborando con lo que se ha pedido".

La Asamblea Plenaria del Episcopado, que arranca este lunes, hablará de este asunto en sesión reservada. La apuesta por la total transparencia del Papa Francisco cuenta con el respaldo del cardenal Antonio Cañizares y del arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, quienes están informados del desarrollo de los acontecimientos prácticamente al minuto.

Ambos prelados abordarán este escándalo en sesión reservada, dando nombres y apellidos de los responsables de estos abusos -algo que, para no entorpecer el buen fin de la investigación judicial, no puede hacer esta información-, y exigiendo al prelado responsable de la diócesis -que lo seguía siendo a la hora de elaborar este texto- que tome medidas ejemplarizantes y sin componendas, para evitar que los abusos sigan produciéndose.

Y es que, por fortuna, las cosas están cambiando también en el seno de la jerarquía eclesiástica. Con el Papa a la cabeza, las víctimas están recuperando su dignidad y su carácter en el interior de la Iglesia. El caso que nos ocupa puede marcar un antes y un después acerca de la actitud de la Iglesia española frente al escándalo de los abusos sexuales. Una actitud decidida de acogida a las víctimas y de persecución de los culpables, sean sacerdotes, laicos o religiosos.

Como afirmaba en su biografía el vicepresidente del Episcopado -primer obispo español en denunciar ante las autoridades españolas un caso de abusos-, Carlos Osoro, "la pederastia es un pecado, y también es un delito. Lo ha dicho el Papa y yo creo que es así. No se puede permitir que una persona anule la dignidad de otros", afirma el arzobispo de Madrid, quien sostiene que lo principal es "acompañar a la persona que ha sido víctima y a su familia. La víctima es quien más marcado está, y hay que estar con ella en todas las circunstancias. Y no es fácil, porque muchas veces esta persona se siente dolida y no quiere saber nada con la institución, porque relaciona -y es lógico- a la persona que le hizo tanto daño con la institución a la que pertenecía".

No es éste el caso de Daniel, que conserva su fe como un tesoro que le ha permitido sobrevivir a esta tragedia. Y con el Papa Francisco como principal aliado en una lucha que, ahora, cada vez está más cerca de vencer, y que sólo concluirá con la condena, penal y también eclesial, de todos y cada uno de los lobos implicados.

 



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