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Peio Sánchez, sacerdote barcelonés

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Sobre 13TV: "La identificación de la Iglesia con un partido de derechas era un problema"

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Peio Sánchez: "La reforma de Francisco es un signo de esperanza, está sentando unas bases más allá de él"

"Somos una Iglesia que, por ejemplo, no tiene un proyecto de presencia en el mundo de la cultura"

Jesús Bastante, 12 de febrero de 2017 a las 08:18
La Iglesia española enfrenta un reto de comunión y un reto de evangelización donde todavía las inercias de los tiempos pasados hacen que estemos en una dinámica muy poco arrojada
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El sacerdote Peio Sánchez, en conversación con RD

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El rector de la iglesia de Santa Anna, Peio Sánchez

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  • El sacerdote Peio Sánchez, en conversación con RD
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  • El rector de la iglesia de Santa Anna, Peio Sánchez
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  • Peio Sánchez, sacerdote de Barcelona
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(J. Bastante).- "La reforma de Francisco es claramente un signo de esperanza". El sacerdote Peio Sánchez es también crítico de cine y experto en los medios de comunicación. Analizó con RD los retos que el Papa propone a la Iglesia mundial y en especial a la española, que pasan, en su opinión, por que la COPE y 13tv se comprometan con una información más "independiente, veraz y evangélica".

 

Sacerdote, miembro de Adsis, es nuestro experto en cine. ¿Qué tal por tierras madrileñas?

Muy bien. Aquí estamos, unos días en Madrid preparando cosas para la Semana del Cine Espiritual, además de iniciativas de cine a nivel general internacional.

El cine espiritual, que ha pegado un tirón hacia arriba en los últimos años, no solo en películas religiosas, (porque el cine espiritual no es necesariamente de materia religiosa), con películas que vienen pegando muy fuerte.

Hemos comenzado el año estrenando una de las que están llamadas a ser las películas del año, tanto en el cine espiritual como en el global, se trata de "Silencio" de Scorsese. Una película, que el propio director ha comentado que lleva treinta años intentando hacer y que narra la persecución y el martirio de los jesuitas y de la Iglesia naciente en el Japón del siglo XVII.

Has tenido oportunidad de verla y la has reseñado también en RD. ¿Qué te parece?

Me parece una obra maestra, desde el punto de vista tanto cinematográfico como de contenido. Desde el punto de vista cinematográfico estamos con uno de los grandes directores del cine contemporáneo. Al que, además, le ha ido acompañando la fe. Él mismo decía recientemente que las historias de redención siempre están presentes en su cine. De hecho, estos personajes torturados, pero que al final encuentran una vía de redención, están en toda su filmografía. Ha habido tres películas en las que se ha dedicado más directamente al tema religioso. La más significativa es "La Última tentación de Cristo", que se basaba también en un libro, como "Silencio". En este caso, de Nikos Kazantzakis, de donde salía una película demasiado torturada.

En un momento, además, en el que provocó muchísima polémica.

Sí, se trataba de un tema que no había salido en el cine, sobre la figura de Jesucristo. Es una figura cinematográficamente muy difícil, como podemos suponer. La relación entre el ser divino y el ser humano. Y en este sentido, Scorsese intentó entrar en este tema también a través de la novela. Le salió un personaje bastante esquizofrénico y un poco torturado, pero fue un intento.

A raíz de esta película precisamente, y comentándola con un obispo, éste le dejó el libro de Shūsaku Endō, "Silencio". Y después de un año, cuando iba a Japón a intervenir en una película de Akira Kurosawa, se leyó el libro para ambientarse en Japón. El libro le cautivó, pero durante casi treinta años y muchos problemas legales con la titularidad, él ha ido madurando y se nota que es una película cocida a fuego lento, de madurez, y donde el contenido cristiano se hace muy sutilmente directo. Los que quieran encontrar en ella una vida de santos mártires, no van a hallarla.

Los no creyentes, también van a tener dificultades en esta película, porque el tema de la fe está permanentemente haciéndose presente. Al final del siglo XVI, principios del siglo XVII, comienza la misión delcCristianismo en Japón con la fundación de san Francisco Javier. Los primeros misioneros son bien acogidos, pero, muy unidos a los imperios portugués y español, Japón ve en ellos una agresión a su forma de vida medieval, a sus estructuras y costumbres, y a sus formas de poder en ese momento. Y a la presencia del cristianismo.

Y quizás, más que a la presencia del cristianismo, a la presencia del hombre blanco y de la cultura.

Claro, y habían visto de cerca la experiencia de Filipinas. Entonces, las estructuras feudales de Japón, sobre todo los señores feudales de ese momento, comienzan a comprender que el cristianismo puede suponer una agresión de cambio, que puede afectar a las estructuras económicas y a las costumbres. Se inicia una profundísima persecución a un cristianismo muy popular, que además, a partir de que los padres son expulsados, crece en estructuras que son totalmente laicas. Es decir, se hacen responsables de las comunidades, pero porque no podían existir los padres.

Este cristianismo oculto después, ya adentrados en el siglo XIX, sale a la luz porque se monta una iglesia católica para atender a los extranjeros en Japón. Y a esa iglesia se acercan quince japoneses que le dicen al sacerdote que está en la puerta: "nosotros también somos cristianos". Y ahí se descubre que durante dos siglos ha habido un cristianismo, mártir pero escondido, en Japón.

Y corresponsable.

Sí, sí.

Que, probablemente, tengamos que ir a beber determinadas fuentes en la Iglesia europea para entender.

También es verdad que fue, sin contactos con la Iglesia general, un cristianismo muy sincrético, precisamente, en el contacto con las culturas. Pero se mantuvieron las imágenes, las referencias a Jesucristo, a María. Y de esto es de lo que trata la novela, que es un gran texto.

Endō es un converso al catolicismo y esta es su novela más importante. Tiene como base dos personajes; el jesuita protagonista, son dos jesuitas los enviados a encontrarse con un padre que ha apostatado, y es uno de ellos. Y el segundo, es un creyente japonés, un hombre débil, pero que siempre pide perdón, y en cuanto le aprietan los tornillos y amenazan con torturarle, enseguida apostata. Pero pide el perdón, y siempre vuelve. La sombra de este personaje se va a convertir en el gran protagonista, porque presenta la debilidad humana pero también la forma de siempre acceder a la misericordia de Dios.

Y desde ahí, el tratamiento de la película es magnífico. Es una película larga, que se tiene por una peregrinación espiritual, no es tanto una obra de entretenimiento. Por tanto, exige en el espectador esta disposición para integrarse y para comprender cómo se ha de realizar la inculturación del cristianismo en una sociedad y una cultura totalmente diversa. Esto tiene una grandísima actualidad. Y tiene otra, la de la persecución de las posturas cristianas.

Scorsese introduce algunas novedades en la novela, las introduce al final y por eso también es interesante ver la película. Las introduce en la línea más significativa que nos permite también adentrar en cómo, a veces, relativizar la fe significa, en momentos, hacerla más absoluta. Esto es la entraña de la película, pero no contaremos más.

Tiene toda la pinta de que los creyentes que salgan de verla, descubrirán algún que otro paralelismo con la situación actual. El cristianismo debería estar en juego en una sociedad cada vez menos creyente, o creyente de otra manera, con otros símbolos.

Sobre todo como está plateando, también seriamente, la reforma del Papa Francisco la cuestión de la inculturación. En una sociedad mundializada, esta cuestión se convierte en clave porque supone, no solo asumir los retos de una hora histórica, sino también la gran diversidad de nuestro mundo. Y en este sentido, la inculturación supone en las distintas culturas cómo la fe se hace verdadera y única, pero también, que asume la realidad propia de una cultura.

Y además la acogida tiene que tener en cuenta al otro, escucharle y aprender del otro. Esto no es proselitismo, sino que se trata de otra cosa.

En ese sentido no es, ni una asimilación anuladora de una cultura, ni una yuxtaposición donde se convive, pero aparte. Sino que supone una interrelación donde las formas se transforman mientras que el mensaje del Evangelio permanece.

Lo que pasa es que muchas veces los católicos de toda la vida piensan que ahora nos toca pasar a una Iglesia más de salvaguardar los principios y ocultarse un poquito del mundo. Establecer una especie de trinchera en vez de que la Iglesia, el cristianismo, siga siendo capaz de transformar las estructuras, las sociedades dentro de las mismas.

Uno de los ejes de la reforma del Papa Francisco es que la Iglesia se ha de reformar en una dirección de salida. Es decir, que no se trata tanto de una reforma de estructuras, que siempre tienen su relatividad, pero también su utilidad, y hay que realizarla. Pero en el fondo, de trata de abrir una dinámica de salida. Y esa dinámica supone cambios. Es la transformación de una salida en éxodo a la periferia donde se descubren las claves de un cambio interno.

La reforma no se ha de comprender como los cambios en la curia, que son consecuencia de un planteamiento de reforma, sino como una dinámica de salida a nuestro mundo para que el Evangelio de Jesucristo llegue a las personas y se convierta en una fuerza de transformación hacia el reino de nuestro mundo.

El Papa lo explicó muy bien el pasado día 22 en el discurso a la curia. Pero también constató una serie de oposiciones, las gatopardistas, las constructivas y también las de aquellos que en defensa de una única Iglesia están dispuestos a ir hasta el final en contra de cualquier cambio.

Sí, claro, es la historia del catolicismo, la presencia de grupos tradicionalistas, que de hecho, están representados en la postura de estos cuatro cardenales. También en sectores de Iglesia, que en la comunicación podrían tener un símbolo en Sandro Magister. Y en la liturgia, el símbolo estaría en la fórmula extraordinaria de la celebración de la eucaristía.

Continuamente hay estos grupos, que desde hace dos siglos acompañan la historia de la Iglesia católica, pero siempre han sido marginales y minoritarios. Es decir, claramente está la decisión de un sínodo, donde han participado representantes de todas las iglesias y que ha decidido una postura y una interpretación.

Y donde se ha podido hablar en libertad y casi con micrófono.

La presencia de estos sectores ha acompañado a la Iglesia reciente. Una de las características de estos sectores es la renuncia al diálogo con la razón. "Fides et ratio", la carta de Juan Pablo II y en el fondo también de Benedicto XVI, que era el que estaba inspirando el texto, y curiosamente el Papa que está en dos encíclicas de dos Papas distintos de él.

Es cierto, la primera de Francisco...

Y la penúltima de Juan Pablo II. Pero lo interesante es precisamente esta negación por parte de esos grupos de un diálogo con la razón. Y por otra parte, la actuación de forma de poder, es decir, que buscan presión de poder y se mueven en estas perspectivas. Dentro de una Iglesia de servicio, esta perspectiva ha de ser cuestionada y sobre todo los que se mueven en ella. Para eso usan los medios de comunicación, las formas... Ahí es donde se plantea una crisis.

Es posible que asistamos a un momento en el que tanto en la Iglesia católica como en la ortodoxa y, de una forma más peculiar, en las Iglesias de la Reforma Protestante, nos encontremos con grupos de estas características que se quedarán como marginales en estas iglesias.

Los puristas.

Y que además van a ir en contra de un movimiento ecuménico por parte de estas iglesias. Esto, nos lo vamos a encontrar.

De hecho, muy pronto, ahora estábamos leyendo en Religión Digital el mensaje para la Semana de la Unidad de Oración por los Cristianos, en las que el texto, consensuado por el Consejo Mundial de las Iglesias y por el Vaticano, habla directamente de Lutero como un testigo del Evangelio. Y habla de la posibilidad de conmemorar un hecho que fue muy doloroso, pero que también trajo una serie de consecuencias que hay que asumir si queremos de verdad vivir en unidad como seguidores de Jesús.

El intercambio de dones entre las Iglesias va a ir marcando la marginación de los grupos tradicionalistas en estas Iglesias. Pero no solo en la Iglesia católica. Le va a pasar también a la Iglesia ortodoxa, porque el patriarca ecuménico se va moviendo en esta dirección, mientras que el patriarcado en Moscú está representando un poco la otra, pero estas Iglesias quedarán como minoritarias y como marginales.

Lo que sí se consigue con ese tipo de movimientos, hablabas de los medios de comunicación, la visión que se ofrece, que ofrecemos, de cara al común de los lectores, o de los televidentes y lectores de web, es ese enfrentamiento, esa sensación de lucha que no hace ningún bien a esa Iglesia de servicio. Lo que da es una imagen de poder contra poder, de una lucha contra el poder, en vez de un camino por ese recuperar el Evangelio de servicio.

Y lo importante que son en la Iglesia los servicios de comunión y de pastoreo global. En el ministerio de los obispos, en el ministerio de los que tienen encomendada la comunión general, este servicio tiene que trabajar en la dirección de que se haga posible, dentro de la común fe, esta pluralidad que es necesaria, pero que se ha de asumir como una fuerza del espíritu y no como un enfrentamiento de poderes. Si nos vamos a situar en la clave de un enfrentamiento de poderes, nos situamos desde fuera del Evangelio.

Lo cual no quiere decir que también hay que tomar decisiones, y que estas suponen elecciones de dirección, pero siempre dentro de la perspectiva de lo que significa el Evangelio. Imponer, a veces de forma anónima, a veces de forma organizada pero anónimamente, está fuera de la perspectiva eclesial. Y en este sentido, cuando el Papa lanza estas penitencias a la curia, en el fondo no las está lanzando a la curia, sino a toda la Iglesia.

Éste, es un dinamismo que si se puede, se concentra en algunos casos concretos en la curia, pero que es un problema general. Y el hecho de que el discurso se dirige a unos pero se publica para todos, en definitiva, da un sentido de universalidad, y creo que esto también nos devuelve a la verdad del Evangelio de este carácter del ser comunidad que sirve a la comunión del ser hijos de Dios en torno a una fraternidad. Y el que se quiera excluir, porque genera una dinámica de ruptura, es él el que se excluye.

En la Iglesia, hablar de comunión hoy, también implica hablar de comunicación. Además son palabras que tienen la raíz común y que en mi opinión deberían ir más unidas, "saber comunicar".

En muchas ocasiones, a los cristianos nos falta ese talento de poder comunicar el Evangelio en la vida diaria y en los medios de comunicación también; para nosotros es una lucha intentar estar estar presentes como ventanas abiertas al mundo. Y la Iglesia tiene que apostar por eso. En España se está haciendo. Es un camino complicado que me consta que tú conoces.

¿Cómo ves ese camino que se está haciendo tanto a nivel diocesano como en el de los grandes medios? La Iglesia española es una de las pocas en Europa que todavía mantiene una fuerza importante en los medios, con COPE, con 13tv, etc. ¿Cómo está el panorama?

En primer lugar, el que la Iglesia cuente con medios de comunicación generalistas como COPE y 13tv es un bien para la Iglesia. En un mundo tan comunicativo como en el que estamos, la presencia fuerte en medios de acceso amplio, se convierte en imprescindible.

Creo que el esfuerzo que ha hecho COPE de una transformación después de una etapa de desorientación, sobre todo marcada por una acentuación de lo político, cuando un medio comunicativo vinculado a la Iglesia sobretodo ha de ser sociocultural y tener un trasfondo creyente, es acertado.

Pero no por hablar de política en sí, sino por la política partidista, por la orientación hacia un determinado partido.

Sí, pero también hablar de política quiere decir que hay un contraste político permanente, y situarse en ese contraste, en la Iglesia exige una neutralidad. La identificación de la Iglesia con un partido, normalmente de derechas, y además, más hacia la extrema derecha, era un problema.

Creo que el hecho de COPE haya girado, centrándose desde el punto de vista generalista en la cuestión del deporte, y desde ahí, abriendo puertas a la cultura y a la fe me parece que es una buena opción de dirección.

Y además, empresarialmente fue un exitazo. Hay que agradecérselo a Fernando Jiménez Barriocanal, por el fichaje del equipo de Tiempo de juego.

La opción es buena, lo que pasa, es que no quita que tengamos que seguir profundizando en una dirección donde la producción de cultura vinculada a la Iglesia, que es muy amplia, tenga mucha más participación: la presencia de universidades, de entidades educativas, de tantas iniciativas sociales de la Iglesia que todavía tienen una presencia escasa en los medios de comunicación vinculados a la Iglesia española.

Y está muy constreñida al ámbito de la información socio-religiosa, que es un cajón de sastre.

Y toda la presencia en la acción social de la Iglesia tiene una enorme fuerza.

Y en el pacto social, más allá de la propia Iglesia.

En este sentido, 13tv tiene pendiente esta asignatura. Los cambios recientes pueden indicar esta dirección.

Para nuestros lectores, Fernando Giménez Barriocanal, desde finales de diciembre, es presidente de COPE y también de 13tv, en un intento de aprovechar las sinergias de dos grandes medios de comunicación propiedad de la Iglesia.

Esto es un buen planteamiento. Lo que pasa es que el nacimiento de 13tv es un nacimiento en falso, en el sentido de que ha sido muy vinculada a una opción política y de hecho, los programas de audiencia que tiene, que están en hora punta, pertenecen al debate político. Aunque se ha intentado centrar, sigue estando demasiado politizado hacia una identificación con la derecha. En este punto, conviene que los espacios políticos se retraigan a favor de los programas de presencia religiosa, como puede ser "Periferias", que se emite en un horario que casi nadie ve, mientras que los programas políticos están en horario de máxima audiencia, donde además están anunciadores vinculados.

La estructura económica de 13tv, en este momento, no permite un cambio porque sobrevive a base de un público muy anciano y más bien muy de derechas. Acceder a públicos diversos como una televisión generalista y de Iglesia, que es muy plural, es el reto, que también supondría abrir la participación.

Creo que a pesar de estos dos medios que hemos hablado, la fragmentación de la información religiosa y de las iniciativas sigue siendo muy fuerte, y en una sociedad donde los elementos de internacionalización, de vínculos y alianzas es tan importante, en el ámbito comunicativo es enormemente conveniente que la Iglesia establezca alianzas y vínculos cada vez más amplios.

Tejer redes.

Sí, el modelo de la Reforma de la Comunicación del Vaticano que ha emprendido Darío Viganò es un ejemplo de cómo hay que concentrar la interacción de los diferentes medios y cómo hay que abrir alianzas de redes, precisamente para que la información pueda ser independiente, pueda ser veraz y pueda ser evangélica.

¿Los obispos, están convencidos de que es necesario y de que es posible?

El problema es si estamos atrapados por una cuestión económica, que siempre como una espada de Damocles, impide las decisiones de línea. Pero hay veces, como se demuestra en ejemplos que hemos citado, en que unas buenas decisiones económicas permiten llevar adelante las opciones.

Yo creo que hace falta ubicar bien las decisiones de dirección y después situar las opciones y las personas de gestión que lo puedan realizar. Está visto que si hacen las cosas de forma inteligente y con acierto, se puede caminar a crecer en audiencia, en una mejora de la programación y en una red de alianzas cada vez más amplia.

Propuestas como el programa "En frontera", que se hizo con los refugiados y migrantes, con la maravillosa participación de un arzobispo que ha sido muy crítico con esa línea, como Santiago Agrelo, tiene que generalizarse, son programas que tienen audiencia, y tienen evangelio.

Y además, vamos a acceder a un tipo de público diverso que nos permite ampliar el nicho de lo que debe de ser una comunicación de la Iglesia.

¿Es optimista con respecto al futuro?

La presencia de la reforma del Papa Francisco se extenderá más allá del Papa Francisco, porque se están sentando unas bases, no solo unos cambios de personas, es claramente un signo de esperanza.

La realidad de la Iglesia es muy diversa, son continentes. En Europa, la Iglesia ha llegado a ser mucho más minoritaria que la Iglesia universal. Es evidente que no es el centro de la Iglesia. Pero no solo eso, sino que ya hemos pasado a la periferia. Ya se ve en la elección de los Papas pero se verá mejor en el futuro.

Es maravilloso cómo nos hemos dado cuenta en tan poco tiempo, apenas cuatro años, de que una institución milenaria, ha cambiado de eje.

Ya, la presencia en los sínodos, detectaba que los grandes movimientos no salían de Europa.

Los que estamos en organizaciones internacionales sabemos que las iniciativas fuertes, los crecimientos de iglesias más fuertes y la consolidación de las iglesias más significativas no están precisamente en Europa. Esto, ya desde hace quince años, ha ido decantándose y lo que ahora vemos, es el fruto del decantamiento, pero no es algo que ha surgido de forma inmediata. De hecho, la internacionalización del Colegio de los cardenales marca mucho esta dirección. Y que el Papa elija cardenales de iglesias aparentemente minoritarias, es porque eligiendo una iglesia minoritaria se está marcando una dirección de futuro.

Que el Papa visite este tipo de iglesias que pueden ser más minoritarias está marcando una dirección de futuro y yo creo que en un contexto amplio, hemos de ser muy optimistas, porque la Iglesia asiática, la iglesia africana y evidentemente la iglesia de América Latina están diciendo mucho y bien.

Las iglesias en Europa ciertamente nos estamos enfrentando a dificultades, especialmente porque el proceso de secularización ha sido especialmente rápido.

También esa dinámica de poder y de servicio en la Iglesia española de los últimos cincuenta años, ha tenido un serio problema de identificación. Tanto con el antiguo régimen como con instituciones de poder más actuales.

Y también, que en el gobierno de las diócesis se han tomado decisiones que no hacían caminar a todos juntos. Y esto ha generado una iglesia fragmentada y poco significativa socialmente.

La Iglesia española enfrenta un reto de comunión y un reto de evangelización donde todavía las inercias de los tiempos pasados hacen que estemos en una dinámica muy poco arrojada. Cualquier novedad parece que inquieta.

Por eso ha sorprendido tanto una carta tan normal como la que publicó la Conferencia Episcopal firmada por Blázquez de apoyo al Papa Francisco, que debería ser una cosa obvia. Sin embargo, incluso internamente en la Iglesia provocó un cierto resquemor. Y es una identificación que es muy significativa.

Y que, por otra parte, los deberes de la Iglesia española están más vinculados a lo que tiene que hacer en su territorio y el reto no es lo que tiene que estar pasando en su relación con Roma, sino en qué medida, hoy, somos evangelizadores, somos testigos, y ayudamos a la transformación de la sociedad en la que nosotros vivimos.

Somos una Iglesia que, por ejemplo, no tiene un proyecto de presencia en el mundo de la cultura. Las Iglesias alemana e italiana tienen un claro proyecto de este tipo de presencia. La Iglesia española continúa muy fragmentada.

Es un reto que a medio plazo plazo hay que afrontar, porque estamos perdiendo generaciones de futuros ciudadanos que no van a tener un conocimiento básico de la cultura católica. No van a poder ir al Museo del Prado y saber qué están viendo, y eso es un ejemplo muy gráfico.

Esto es evidente, hace falta una renovación que en este momento no está emprendida y hace falta que haya personas que emprendan esta renovación en una dirección de novedad.

Te veo optimista, creo que estás convencido de que esto se puede empezar a hacer.

Sí, porque las corrientes vienen de dentro y de fuera. No vienen de la historia, sino desde dentro, de una corriente espiritual, y desde fuera, porque la Iglesia toda está en este dinamismo. Y esto termina llegando como un tsunami a la Iglesia española que, en algunas cosas, todavía se resiente de inercias.

Sí, y las bases estamos todavía un pocos adormiladas, no sé si por efecto del pasado.

La capacidad de iniciativa, todavía es difícil que se secunde, que consolide institucionalmente, y ahí, creo que la Iglesia tiene que ser ágil para descubrir dónde aparecen los talentos, las posibilidades que pueden hacer avanzar esto.

Tenemos muchas personas, iniciativas y propuestas, pero hay que subirse. Claro, una reforma la hacen reformadores, no es un planteamiento teórico. Reformadores espirituales, reformadores en la iniciativa, comunitarios..., y estas realidades existen pero hace falta darles cuerpo y solidez y acompañarlas. Y ésta es un poco la tarea de la Iglesia: detectar dónde está surgiendo.

¿Tenemos que seguir hablando de esos asuntos? Hay mucho movimiento. En la cúpula, en marzo, hay elecciones a la Conferencia Episcopal y supongo que aunque los nombres no son lo más importante, supongo que denotarán una orientación. Y también en esos cristianos de base, los que viven el evangelio en el arte, en su trabajo, en la comunicación, en la cultura y en la política también, tienen mucho que ofrecer.

Tenemos muchos y a veces, en el armario, escondidos.

Hay que hacer una salida del armario de los cristianos.

Porque te encuentras muchos. Estuve un día, hace años, con Scorsese. Este mismo tema lo sacaba él. La película que nos acaba de presentar es una confesión de fe, en el fondo, suya. Esto, hay que ser atrevido para hacerlo en un contexto. Y alguien que tiene hecha ya toda su trayectoria, probablemente es más capaz, pero alguien que empieza quizá se tiene que tapar más.

Vamos a intentar no taparnos nunca más. Peio, un placer. Veremos "Silencio" y hablaremos de ella. Y seguiremos trabajando también por esos proyectos tan interesantes y tan emocionantes que, además, tú nos muestras con optimismo. Que hace falta.

Perfecto.

Muchas gracias Peio.

Muy bien.



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