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Omella con el Papa

El arzobispo de Barcelona pide “diálogo” y que “se escuche a todas las partes implicadas”

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Juan José Omella: “No he hablado con el Papa Francisco sobre la independencia de Cataluña”

"Vivimos en una sociedad que ha perdido la alegría, la confianza y la esperanza por un futuro mejor"

Jesús Bastante, 21 de abril de 2017 a las 10:47
"Deseo un diálogo fecundo, y que se escuche a todas las partes implicadas. El bien común está por encima del bien particular", añade, admitiendo que "la sociedad catalana es una sociedad compleja"
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Omella, en la Sagrada Familia

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Omella, con el Papa Francisco

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Juan José Omella, arzobispo de Barcelona

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Juan José Omella, arzobispo de Barcelona

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Juan José Omella

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Omella pide a unidad a los líderes catalanes

  • Omella, en la Sagrada Familia
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  • Juan José Omella, arzobispo de Barcelona
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  • Omella, en el Metro
  • Juan José Omella
  • Omella pide a unidad a los líderes catalanes

(Jesús Bastante).- El arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, no ha hablado con el Papa Francisco sobre el procés o la independencia de Cataluña. En una extensa entrevista con el diario Ara, Omella subraya que "la Iglesia no entra en política", y reclama "trabajar todos juntos por el bien de la sociedad".

"Yo veo que la sociedad está dividida. Tendríamos que procurar evitar todo lo que lleva a la división y al enfrentamiento", subraya el arzobispo, quien reconoce cómo "en la sociedad, unos está a favor y otros en contra". En la Iglesia, añade, "cada uno tiene su opinión, pero como institución tenemos que colaborar en la construcción de la sociedad que ella misma decida. Nosotros vamos con la sociedad, pero no queremos llegar partidos".

¿La Iglesia cree en el derecho de los pueblos a decidir? "La Iglesia no entra en política", responde Omella. "Mi deseo sería que trabajásemos todos por el bien de la sociedad. Como Iglesia queremos la comunión y ofrecemos nuestras manos para trabajar en este línea". El periodista le pregunta, directamente, si ha hablado con Francisco del proceso. "No, no hemos hablado de eso", zanja Omella, quien afirma rezar "por que todo vaya bien. "Deseo un diálogo fecundo, y que se escuche a todas las partes implicadas. El bien común está por encima del bien particular", añade, admitiendo que "la sociedad catalana es una sociedad compleja".

El arzobispo de Barcelona destaca que mantiene una relación "buena y fluida, pero nada más", con los políticos catalanes, y defiende "la separación entre la política y la Iglesia", aunque sí que "debemos colaborar para el bien común. Una sana laicidad es buena, no beligerante contra la Iglesia. No entiendo cuando alguno reacciona atacando a la Iglesia".

En la entrevista, Omella admite sentirse acogido en Cataluña. "Parece que soy de aquí de toda la vida", y aboga por "potenciar la cercanía con la gente, porque si no llegaremos a una sociedad que vive sola". El arzobispo asegura ir en Metro y relata la anécdota de cuando le robaron la cartera. "Me cogí una rabieta... pero después me calmé. Es una prueba de que soy del pueblo, y , como el pueblo, padezco los mismos 'sufrimientos'", sostiene entre risas.

Más en serio, denuncia la "indiferencia que hemos globalizado", y que se refleja "en la política, el trabajo común, el sufrimiento de los que vienen de fuera, las instituciones...". Todo ello, en una sociedad que "ha perdido la alegría, la confianza y la esperanza por un futuro mejor", y que vive una crisis que "no sólo es económica, también social, política, religiosa o de familia".

Preguntado por cómo la Iglesia afronta los abusos sexuales, Omella reclama la importancia de "trabajar en defensa de las víctimas, ayudarlas en sus necesidades espirituales y de reestructuración psicológica". ¿Y pedir perdón? "Es lo que Jesús nos vino a enseñar, porque él murió perdonando. Un cristiano ha de saber pedir perdón". "Poco a poco estamos tomando conciencia de tantas cosas que se han hecho muy mal, y cuando se conocen, se pide perdón".

Sobre la eutanasia, Omella subraya que "la Iglesia no busca alargar una vida innecesariamente, pero la medicina ha avanzado mucho y existen los cuidados paliativos". Sí es tajante en lo tocante al aborto, señalando que "la vida humana no se puede destruir, y menos cuando no se puede defender, que es cuando está en el útero de su madre. Hemos de tener respeto por la vida".

Respecto al celibato, el arzobispo incide en que "no es un problema de casarse o no. Es un problema de fe. Cuando uno descubro a Jesús, es capaz de darlo todo. Como casado o como célibe".

En cuanto a la propuesta de la Iglesia para los jóvenes, la respuesta es clara: "El Evangelio de Jesús. El problema es que nosotros, cristianos, no lo hemos vivido en plenitud y no lo enseñamos a los jóvenes, pero cuando descubren su mensaje, se dejan seducir".

 



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