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Antonio Muñoz, presidente de la Acción Católica

El presidente de la ACG aboga por una nueva estructura, con "escuelas de discípulos misioneros"

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Antonio Muñoz: "Acción Católica es la institución que más en serio se está tomando lo de 'Iglesia en salida'"

"Lo que es Cáritas para la acción socio-caritativa, la AC lo es para la formación y el envío del laicado"

Jesús Bastante, 08 de junio de 2017 a las 07:59
No somos laicos de primera o de segunda. Somos laicos de parroquia y de la diócesis, que vivimos nuestra fe y queremos ayudarnos unos a otros,a seguir creciendo y a seguir evangelizando
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El Papa, al encuentro de la Acción Católica

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Decenas de miles de miembros de la Acción Católica llenan San Pedro

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Francisco se da un baño de masas con la Acción Católica

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Francisco, con los niños de Acción Católica

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Los responsables de ACG, con Antonio Cartagena en San Pedro

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Antonio Cartagena, con Fernando Vergéz

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Cáritas y Acción Católica analiza el mundo rural en Badajoz

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Acción Católica Especializada

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El Papa con los niños de Acción Católica

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Sebastián Taltavull con Profesionales Cristianos de Acción Cátólica

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  • Sebastián Taltavull con Profesionales Cristianos de Acción Cátólica

(Jesús Bastante).- Antonio Muñoz es el presidente actual de la Acción Católica General. Este malacitano, casado y padre de dos hijos, está convencido de esa "Iglesia en salida" de la que habla Francisco. Por eso, desde Acción Católica se está trabajando en una nueva estructura, mucho más parroquial, que se impregne en todas las realidades eclesiales y que pueda ayudar a "apostar por la autenticidad. La clave es, que para llevar a cabo esa Iglesia en salida, necesita misioneros", subraya.

 

Vivimos un momento en el que Acción Católica está, no sé si decir, reinventándose.

Probablemente sea la institución de Iglesia, al menos en España, que más en serio se está tomando esto de la "Iglesia en salida" del papa Francisco de: "vamos a ver cuáles son nuestro talentos y cómo podemos contribuir para hacer realidad esa idea".

La encomienda del papa Francisco es para toda la Iglesia. Una de las cosas buenas que tiene Acción Católica es que no vive para sí misma, sino que desde su ser eclesial tiene que analizar qué necesita la Iglesia y, desde ahí resituarse, posicionarse y presentar un proyecto que pueda servir.

Luego, depende también del espíritu y de las circunstancias. Pero desde esa clave de siempre renovarse par dar respuesta a lo que la Iglesia necesita en cada momento.

 

¿Y qué necesita hoy, desde la óptica de acción Católica, la Iglesia?

La Iglesia necesita apostar por la autenticidad. La clave es, que para llevar a cabo esa "Iglesia en salida", necesita misioneros.

Una de la grandes misiones que tiene la Acción Católica es posibilitar que todos tomemos conciencia de nuestro ser discípulos misioneros. Y cuando hablamos de todos, es de hacer un trabajo desde muchos laicos que ya estamos en las parroquias.

Muchas veces, las parroquias las organizamos en torno a funciones. Tenemos el grupo de catequistas, el grupo de liturgia, el grupo de Cáritas.

 

Pero no hay una vida parroquial unificada o personas que se sientan de parroquia.

La idea es que desde la parroquia se generen espacios donde cualquier laico, independientemente de la función que pueda desarrollar, encuentre un espacio donde darle sentido profundo desde la fe. Pero, cuando hablamos de la fe, estamos hablando de algo que nos mueve: la fe no es para quedarnos cruzados de brazos.

 

No es solo un mero conocimiento de dogmas, sacramentos y doctrina.

Para nada. La fe tiene un dinamismo que va a la esencia de la propia vocación cristiana y que tiene dos movimientos básicos: El de la llamada, que Dios te va haciendo en cada momento. Y desde nuestra libertad la respuesta que damos a esa llamada. Todo ello dinamizado desde el amor.

Desde el amor que recibimos de Dios y el amor que volcamos hacia nuestros hermanos.

 

 

 

¿Ha cambiado mucho la realidad de la parroquia? Porque antes, al menos cuando yo era niño, las parroquias sí que tenían vida. Eran un motor más del barrio. Y muchas amistades, muchos grupos y muchas parejas surgían en un mismo ámbito.

En ese sentido, yo creo que a la parroquia le está pasando un poco como a la fe. En cierto modo, Dios se invisibiliza en la sociedad de hoy y parece que nuestras parroquias se hacen también un poco invisibles en los barrio donde están.

El tema de ser fuente de la aldea, de ser un referente en el territorio donde la parroquia se encarna, es fundamental. Pero esto solo pasa si en la parroquia se hace vida cristiana. Si realmente los cristianos vivimos nuestra fe con autenticidad y somos capaces de testimoniarlo es ese entorno.

 

No puede hacerlo sólo el párroco.

Ya lo dice el Papa, si la parroquia no la convertimos en algo organizativo, administrativo y de mantenimiento de ciertas cosas que ya están y no se convierte en un hospital de campaña para dar respuesta a las necesidades que tienen las personas, la parroquia se hace invisible. Porque la oferta de hoy es múltiple.

Justo ahí está el reto: en cómo ser capaces de ser significativos en la encarnación que nos toca.

Eso no se genera porque lo diga el Papa o porque lo pongamos en un documento. Eso se genera porque en el día a día conseguimos organizar escuelas de discípulos misioneros.

La Acción Católica está trabajando para generar esa escuela de discípulos misioneros. No para que haya a mucha gente en Acción Católica. Y no porque queramos erigirnos en salvadores de la Iglesia. No: será en comunión con lo que ya existe. En comunión con esas catequesis, con esas liturgias y con otros movimientos.

 

Quieres decir que no estamos hablando de una disputa por la feligresía o porque esta iglesia sea más de la Acción Católica o de los kikos o del Opus. Hablas de otra cosa.

Entiendo que se trata de que la Acción Católica se diluya como marca de formación exclusiva como un movimiento más, que sea el magma que impregne el trabajo de al parroquia.

Con la palabra disolución hay que tener cuidado.

 

Cierto. No estamos hablando de desaparición ni de nada por el estilo.

Y tampoco de rebajas; hay una cosa que no se toca y es la búsqueda de autenticidad, de una sana eclesialidad y, siempre, poniendo por delante la misión.

Es, ser testigos; que no es una cosa de medias tintas. Es algo que requiere una apuesta seria, formativa y de acción evangelizadora consistente. Eso no se puede diluir.

Lo que sí que hay que tener claro, es no caer en la autorreferencialidad. Como no vamos, es con las siglas por delante. Ni con la pertenencia por delate. El reto es, que en cada parroquia se genere un cauce formativo desde niños hasta adultos. Donde cualquier laico pueda participar de él para, desde ahí, sentirse enviado a evangelizar.

Eso no se significa que todo sea Acción Católica. O que no pueda haber otra realidad en la parroquia que también trabaje por eso. Pero sí, que esa oferta exista porque la necesitamos y vamos, todos juntos, a trabajar por eso.

 

Es un proyecto que habéis presentado, entiendo, en la Conferencia Episcopal y que hay un visto bueno, porque estáis trabajando en ello. Nosotros informamos que tuvisteis también una visita en Roma, previa a la de los 150 años de la Acción Católica italiana, donde también mantuvisteis un encuentro con Farrel y con alguien más. ¿Cómo han respirado ambas instituciones, la Conferencia episcopal y Roma?

La Conferencia Episcopal refrenda y está respaldando este proyecto, que se vive con ilusión. Pero cuando hablamos de formación y de procesos, nos referimos a cosas que necesitan tiempo para que vayan, poco a poco, cuajando y generando brotes.

 

 

Que no es "la purga Benito", que decía mi madre.

No. Y está pensado para que haya mucha gente nueva que se vaya sumando. Pero cada uno es de su padre y de su madre y tenemos que anteponer un proyecto común a las rutinas adquiridas que cada uno tenemos.

Higinio, el presidente que había antes que yo, decía que esto era como cuando su abuela hacía las fabes, allí en Asturias, al fuego en una olla grande.

Pero sí es verdad que se están viendo ya brotes verdes, que van creciendo y lo hacen con fuerza. Porque realmente están respondiendo a necesidades que hoy se demandan desde las parroquias. Eso, a los que estamos coordinando toda esta historia a nivel de España, nos produce ilusión y ver como una suerte el estar aquí.

Hace años, yo no hubiera creído la ilusión que este proyecto está generando. Y los obispos están apoyando e impulsando.

Hay que ver, luego, cómo se concreta en cada una de las diócesis y cada una de las parroquias. Aquí no hay una receta concreta de un plan de actuación, sino un marco de hacia dónde queremos caminar. La concreción se tiene que hacer en cada realidad. Y los protagonistas, tienen que ser esa gente que está ahí.

Una de las cosas que decimos es, que nosotros no le marcamos la hoja de ruta a las parroquias, sino su plan pastoral diocesano. Desde aquí, ofrecemos material informativo, espacios de encuentro, de análisis de coordinación y de cómo poder ir creciendo conjuntamente. Pero ellos tienen que mirar siempre a su realidad concreta y, desde ahí, ser protagonistas del proceso que se genere.

 

Que la gente se sienta copartícipe fundamental de la creación de lo que surja. Y que no sea una cosa puntual. Estamos hablando de una dinamización en el tiempo. De un camino de vida parroquial y de ahí al mundo.

Antonio Cartagena nos decía que Farrell, que lleva poco tiempo en el nuevo dicasterio -un entorno en el que están cambiando mucho la cosas-, decía que era la primera vez que le presentaban algo concreto, con pautas y con posibilidades.

Lo que nos comentó el cardenal Farrell fue, que el Papa le encomienda que hay muchos laicos en toda la Iglesia que necesitan ser atendidos de una forma directa.

 

Están en el banquillo.

Efectivamente. Pero que, al final, son los evangelizadores que tienen que llevar a cabo toda esta renovación de nuestra Iglesia.

Hay mucha gente de parroquia que puede participar de lo más importante que tiene la parroquia, que es la celebración de la eucaristía. Y otros que se sienten llamados para realización de diferentes tareas. Pero para generar comunidades vivas y cristianos que vivan su fe con más integridad desde la parroquia, tenemos que ofertar esos espacios donde poder revisar nuestra vida comunitariamente, a la luz de la fe.

Se trata de cambiar un poco el chip. En Málaga, como sabemos que a lo mejor nos vienen cuarenta niños para hacer la catequesis de comunión, buscamos catequistas. Y si llega septiembre y no tenemos suficientes, salimos al micro y pedimos voluntarios.

Y luego, puede que estas personas que durante tres o cuatro años colaboran en catequesis, dejan de ser catequistas porque cambian sus circunstancias. Y estas personas podrían tener un grupo de adultos donde compartir su fe, formarse, etc.

No debe depender la revisión, la formación y la vivencia comunitaria de tu fe, de una tarea específica. Ese cauce es el que queremos ayudar a que se genere en nuestra Iglesia.

 

Como pasa en la vida religiosa, en la que el general de una congregación, cuando cambia su mandato, puede hacer cualquier otra cosa. Al final, lo importante es el trabajo que se genera; lo que se necesita y lo que se puede crear.

Nosotros queremos poner en el centro de la vida cristiana el dinamismo vocacional. Que, si te implicas, que sea porque lo estás viviendo como una llamada que Dios te hace para que, desde tu fe, hagas un servicio al hermano. Ir a cultivar esa espiritualidad es de lo que se trata en esos espacios formativos que queremos generar en las parroquias.

Cuando hablamos del laicado, muchas veces nos vamos directamente a la palabra corresponsabilidad. Está bien, porque todos somos corresponsables de la misión. Pero la esta palabra tiene un peligro, que lo vemos directamente como repartirnos tarea.

La corresponsabilidad se entiende desde la vocación. Si yo realmente sé que tengo una fe firme que me mueve para donarme al hermano, la tarea es secundaria. Es, simplemente, un concreción de esa llamada que Dios me va haciendo. Incluso concreciones que pueden ir variando a lo largo de mi vida.

 

Te puedes especializar en "equis", pero esa especialización, como nos pasa a los que tenemos profesiones vocacionales, viene motivada por un deseo. Llámalo fe o como quieras, si estamos hablando de profesiones. Pero viene motivado por algo.

Pero desde nuestra perspectiva cristiana es porque queremos que Dios sea quien vaya dirigiendo nuestra vida. Hacemos un proyecto de vida en clave evangélica y, por supuesto, en clave misionera. Y ahí tienen sentido las tareas que luego vamos a asumir.

 

Eso supone que las fases y los trabajos también pueden variar.

Pero eso hay que educarlo y no se hace siempre. Directamente, nos vamos a lo básicamente necesario porque nos come lo urgente.

 

Y al final, parece que estamos en una Iglesia de cifras.

No se trata, por tanto, de hacer muchas cosas nuevas. Pero sí de hacer nuevas las cosas que hacemos. Si yo estoy en Cáritas, no porque quiero ser voluntario o porque quiero ser buena gente, sino que lo hago desde una perspectiva más profunda, conseguiré que mi trabajo en Cáritas pueda transmitir el Evangelio de una manera más directa.

 

 

El trabajo de Cáritas puede que sea el que venga más a pelo para explicar lo que queréis hacer.

Lo decimos mucho. Lo que es Cáritas para la acción socio-caritativa dentro de la Iglesia, en cierto modo la Acción Católica lo es para la formación y el envío del laicado. Puede haber otras realidades eclesiales que provienen de diferentes carismas que trabajan por los pobres, por la caridad, pero todo el mundo entiende que Cáritas es el instrumento propio que tiene la Iglesia para que toda la comunidad viva esa dimensión. Porque en el fondo Cáritas, somos todos. No solamente las que atienden a personas que tienen necesidades en el barrio, sino también las que animan a que en toda la comunidad, esa dimensión no la pierda de vista porque es troncal en la vivencia de la fe.

Con la Acción Católica pasa igual. El tema de que el laicado se sienta corresponsable en la misión de la Iglesia es por lo que Acción Católica trabaja, junto con otras realidades.

Pero ofrece herramientas y espacios dentro de lo más básico que hay en la Iglesia, que es la parroquia, para que cualquier persona lo pueda tener. Ése es el proyecto y en lo que estamos trabajando. Lo que pasa es, que de como era la Acción Católica de hace 70 años a como es ahora, las realidades han cambiado mucho.

Es un proyecto nuevo, de hecho la cita que hemos cogido es "A vinos nuevos, odres nuevos", y los destinatarios son personas nuevas también; personas de parroquia que quieran dar consistencia a su vida desde la fe y trabajando juntos.

 

¿Qué le dirías a personas de otras instituciones de la Iglesia, y no sé si también a las del interior de la Acción Católica -porque sois una federación de instituciones-, que pueden ver esto de una manera muy distinta a cómo tú lo explicas y sentir algún recelo, en el sentido de invasión de su parcela?

Que hay que trabajar desde la comunión. Una de las cosas más bonitas que estamos viviendo estos últimos años es que allá por donde vamos, cuando presentamos el proyecto en lo concreto, en cómo luego se aterriza a una parroquia, nadie nos dice que no tenga sentido. Todo el mundo ve, que los que se ofrece en este proyecto, es algo que encaja con lo natural, que es nuestra Iglesia y nuestra parroquia. Y que no entra en competencia con nadie.

Básicamente, lo que estamos diciendo es que en toda parroquia existan grupos parroquiales de vida cristiana. No queremos que hay niños de Acción Católica y de catequesis, o jóvenes de Acción Católica y jóvenes de la parroquia. No. Son grupos de la parroquia donde los niños saben que después pueden pasar a ser jóvenes, que los jóvenes pueden pasar a ser adultos, y que hay un proceso que genera continuidad.

Este proceso te permite tener referentes siempre por delante. Lo ideal es que el adulto que acompaña a esos niños tenga también su grupo parroquial de adultos. Entonces, lo que hace con esos niños es trasmitir en primera persona lo que ese adulto está viviendo. Pero esos grupos no tienen que ser de miembros de Acción Católica, sino de personas de la parroquia.

 

Me planteaba más el hecho de personas, grupos e instituciones que ya llevan tiempo trabajando de una manera determinada y que pueden sentir esto como una invasión.

Al final, se trata de que las personas que se sientan llamadas a vivir de manera comunitaria su fe desde un grupo con un carisma concreto, también la pueda encontrar en la parroquia. Esto no quita que existan otros grupos parroquiales movidos por carismas que surgen del Espíritu Santo.

Nosotros no queremos que todas las parroquias sean de Acción Católica, pero sí queremos que en las parroquias hay grupos parroquiales de diferentes carismas y que entre todos propiciemos este itinerario de fe, que es importante para todos.

Pero claro, aquí la cuestión es que no se entiende la parroquia sin su referencia a la diócesis. Lo ideal es que este proceso formativo se haga desde el plan pastoral diocesano, y que el obispo, los párrocos y todos los laicos de esas diócesis lo veamos con naturalidad.

 

 

 

Un proceso a medio plazo, cuando menos.

Pero, igual que vemos con naturalidad lo que hoy es Cáritas, que nadie está cuestionándola desde ninguna parroquia.

 

Cierto.

Nadie la cuestiona. Se ve con naturalidad que es un instrumento básico que tiene la Iglesia para desarrollar esta dimensión. Lo que queremos generar ahora es eso.

¿Y cómo se genera? Pues no cayendo en la auto-referencia. Si nosotros vamos con unas siglas por delate y no priorizamos, entonces caemos en un problema.

El Papa nos lo decía la semana pasada en Roma: "Hay que popularizar la Acción Católica, pero no podéis ser aduana. No podéis poner unas etiquetas a la gente normal de la parroquia. Entonces, vosotros mismos estaríais cerrando las puertas".

Pero la Acción Católica hay que popularizarla para que se vea de una manera normal dentro de la Iglesia y que luego responda a la vida del pueblo. Y también estamos hablando de la gente alejada.

 

No politicemos los conceptos, sí.

Exactamente. Entonces, ése es el trabajo que estamos desarrollando para que el proyecto se entienda, pero sin querer generar competencia ni tampoco creernos que somos aquí los salvadores de nada, ni de la Iglesia. Es trabajar desde lo que hay y desde la comunión.

 

¿Tenéis proyectos piloto que estén funcionando en parroquias, en alguna diócesis, y donde estéis viendo que el modelo es insertable, que encaja y que puede funcionar?

Sí. La manera de empezar realmente, es poniendo en coordinación a párrocos y a laicos de diversas parroquias de una diócesis concreta. Este dinamismo se está generando de una manera bonita en diferentes diócesis.

Las más llamativas tienden hacia el sur, en Córdoba y en Málaga, que son también diócesis donde la realidad parroquial todavía tiene un empaque de gente, de dinamismo. Pero luego, también en diócesis más pequeñitas como pueden ser Valladolid, Tortosa y Santiago de Compostela, donde también hay entusiasmo y hay ganas de ir generando lazos y redes de comunicación.

Una de las cosas que también decimos mucho en la Acción Católica, es que lo que queremos generar es una red de trabajo conjunto, donde se visibilice a los laicos de parroquia que quieren caminar juntos.

Este verano organizamos en Santiago de Compostela nuestra asamblea general. Pero no queremos que sea una asamblea donde nos revisemos a nosotros mismos, sino que sea un encuentro abierto donde cualquier laico, de cualquier parroquia, pueda acudir y pueda reflexionar conjuntamente.

Lo que hemos hecho para esto es poner como centro de reflexión lo que hoy la Iglesia quiere que miremos, que es cómo renovar la pastoral de las parroquias para ponerla en clave de salida.

Ése sería el primer reto: cómo construir parroquias en clave de salida. Que tiene aparejado un segundo reto: qué papel juegan los laicos para esa nueva visión pastoral que el Papa nos está encomendando.

Y, si hablamos de parroquia en salida y hablamos de laicado, vamos a un tercer reto: que es el tema de una presencia pública significativa. No se trata de un testimonio hacia adentro, sino un testimonio hacia afuera.

Y el cuarto reto: si esto es para todos, no hagamos cada uno la guerra por nuestra cuenta. Hagámoslo juntos, caminemos juntos. Generemos cauces comunitarios que nos posibiliten, desde una problemática común, poder hacer cosas juntos.

Ese es el espíritu que tiene el encuentro de este verano. En cierto modo visibiliza el espíritu que tiene el nuevo proyecto de Acción Católica: ser un espacio de encuentro, de acompañamiento y de trabajo conjunto para cualquier persona que se sienta de la parroquia.

Nosotros también decimos que esto es una especie de marca blanca o de medicamento genérico. La persona que quiera vivir su fe desde un carisma concreto, pues estupendo. Ahora bien, hay muchas personas que simplemente se sienten de la parroquia y ya está.

Se necesita este itinerario de fe, este proceso y lazos de comunicación de unas parroquias con otras. Para eso, la Iglesia generó la Acción Católica y ahora se trata de que la Acción Católica se actualice, para dar respuesta hoy a esa necesidad que sigue siendo básica en nuestras parroquias.

 

 

 

Un proyecto muy ambicioso, y muy complicado por lo que me cuentas. Pero también muy ilusionante. Te reconozco que hace tiempo, muchos hubiéramos necesitado esto para no ver cómo la gente se desenganchaba de esa realidad parroquial. No sé si hay vuelta atrás para los que se han ido, pero esos brotes verdes que comentabas antes, son muy interesantes.

Lo bueno es, que al generar un proceso para toda la vida, una persona que se sienta movida por la chispa de la fe, va a poder insertarse en una comunidad de una manera más férrea en cualquier momento.

 

Que no hay que regresar a la casilla de salida.

Ésa es una de las grandes potencialidades que tiene en ofrecer un proyecto que engloba niños, jóvenes y adultos.

Otra potencialidad que tiene, es el tema de la familia: uno de los grandes retos que tienen las pastorales familiares es cómo conjugar los procesos básicos de la fe con los elementos básicos de lo que se da en el ambiente de la familia.

En este cauce para toda la vida de lo que encuentras en la parroquia, es que lo que vive tu niño, lo puedes vivir tú como adulto. Obviamente, una familia ideal ideal se puede entroncar plenamente en este cauce, y habrá otras que sean parciales donde, a lo mejor, lo vive solo el marido o están los niños pero no están los padres. Pero desde la Iglesia o desde la parroquia, la oferta es permanente.

Ahora, el reto está en cómo acercar a esas personas alejadas, cómo les podemos avivar esa chispa de la fe para que den ese paso al frente. La oferta está.

Nosotros, con el planteamiento de este proyecto de Acción Católica, no estamos proponiendo una manera concreta de hacer el primer anuncio de la fe, estamos proponiendo "y después qué". Que la parroquia pueda, en cualquier momento, ofrecer un camino de continuidad donde el acompañamiento y el envío misionero sean el centro de todo.

Igual que hablamos de la comunión con otro tipo de movimiento y otros tipos de carisma dentro de la parroquia, también podemos hablar de la comunión con el tema de la vehiculización del primer anuncio. Esto no entra en confrontación con cursillos de cristiandad, ni con la cena alfa. Todo lo contrario, esto encaja. Lo ideal es que cada realidad lleve a cabo la tarea específica por la cual fue creada.

 

Y que, a la vez, pueda aportar en otros aspectos de esa vida parroquial y de esa comunidad parroquial que se genere.

Exactamente. Pero todo se entronca si conseguimos generar este itinerario. Que es lo que estamos tratando de conseguir pero que, como tú bien dices, es una cosa a medio-largo plazo y que poco a poco se irá superando.

 

Estaremos muy atentos Antonio. Iremos viendo, si te parece, cómo va caminando. Y seguiremos conversando, porque es un proyecto muy interesante y muy en la línea de lo que quiere el papa Francisco.

Al final, también, por muy papa que sea, no deja de ser una persona que es falible como todo el muno. Pero el proyecto tiene detrás mucho evangelio y mucho camino. Ese camino de Jesús en el que los que le acompañaban venían todos de su padre y de su madre, pero todos trabajan juntos en un proyecto.

El Papa lleva en su corazón a la Acción Católica; su familia, sus padres, sus abuelos y él de joven estuvo viviendo en este cauce en Argentina en la Acción Católica, que él quiere mucho. Y en Argentina, ha trabajado mucho por Acción Católica. Ahora, está apostando fuerte por ella. Pero luego el Papa es jesuita, por eso hablamos de compatibilidad.

 

Es jesuita y es franciscano, entre comillas, también.

Al final, si realmente cada cosa se pone en su contexto y se trabaja desde la humildad y desde el servicio, todo encaja. Y eso es lo que el Papa nos está diciendo. Cuando el otro día nos daba su discurso, utilizó la palabra carisma, que es una palabra que utiliza mucho. Nos preguntó cuál es el carisma de la Acción Católica, y, vino a decir que el carisma de la Acción Católica es ser diocesano. Es ser diócesis. Es ser instrumento en la entraña de la Iglesia diocesanas.

A mí, cuando utilizó la palabra "entrañablemente", me encantó, porque significa dos cosas: por un lado, el tema del cariño, de ser algo propio de esa maternidad y, por tanto, querido.

Y por otro lado, el de pertenecer al propio esqueleto de la Iglesia, al propio interior de la Iglesia. Con estas siglas o con otras. Con esta estructura organizativa o con otra. Pero la Acción Católica es necesaria, significando la diocesanidad.

Luego puso el ejemplo de los sacerdotes diocesanos; puede haber sacerdotes que vivan su fe desde una carisma más específico, pero pueden servir en las diócesis. Pues claro que lo hay. Pero también hay un montón que son simplemente sacerdotes diocesanos que viven su presbiterio diocesano y ya está.

Pues el laicado que simplemente quiere vivir su bautismo sintiéndose parroquia y sintiéndose diócesis y ya está, es de Acción Católica. O al menos es simpatizante o partícipe de este proyecto que estamos generando.

Luego habrá algunos, como nosotros, que damos el paso al frente y ofrecemos la disponibilidad a la Iglesia para posibilitar que este cauce exista. Pero no somos laicos de primera o de segunda. Somos laicos de parroquia y de la diócesis, que vivimos nuestra fe y queremos ayudarnos unos a otros,a seguir creciendo y a seguir evangelizando.

En Málaga, yo siempre he estado en una parroquia haciendo diferentes cosas; acompañando niños y acompañando jóvenes. Y, antes de venir para Madrid, estuve diez años de delegado diocesano de la juventud, allí, en mi diócesis. En cierto modo, el servicio que hacía allí como delegado, es similar al que hago aquí para promover todo este tema del laicado y de la acción católica.

Un delegado diocesano no va por libre, es delegado del obispo. Y su hoja de ruta es el plan pastoral diocesano. Una persona que coordina la acción católica general, tampoco va por libre; se acoge a los programas y a los planteamientos que la Iglesia va haciendo. Lo hace de manera propositiva desde el laicado, desde la experiencia. Y desde la vivencia tiene que llevar la problemática social a esos planes pastorales y tiene que aportar su criterio de una manera activa. Pero no vamos por libre, sino que trabajamos en comunión con los pastores: esto es lo que significa la acción católica.

 

Se trata de construir entre todos, cada uno con su función, con su misión o su ministerio específico.

Pero muy en comunión y en diálogo permanente con lo que son los pastores, y asumiendo como propio todo esto.

Se trata de una llamada, para todos. Y con esta naturalidad es como hay que presentarla. Y quitar prejuicios, que es una de las cosas que tenemos.

Cuando hablamos de acción Católica, hay muchas personas que piensan que es la que hubo en la dictadura. También hay personas que piensan en la Acción Católica y se van para el extremo opuesto.

Pero el lema que tenemos en Roma es: "Con todos y para todos". Y con ese "para todos" pensamos, como decíamos, en esos alejados, germen de comunión y de evangelización.

Volviendo al tema de los sacerdotes, nosotros no queremos sacerdotes especialistas de Acción Católica, sólo queremos párrocos que acompañen los procesos de sus laicos. No queremos que haya un sacerdote que esté en tal parroquia trabajando y que luego vaya a parroquias del otro extremo de la ciudad a acompañar a unos laicos, porque son de acción Católica. En aquél extremo de la ciudad los acompañará su párroco. Igual que no hay sacerdotes de Cáritas.

Es el párroco el que vela y el que trabaja y acompaña por el tema de su Cáritas en la parroquia; ésto es lo que tiene que ser para la Acción Católica. Pero, para eso, hay que quitar esos prejuicios de los que hablábamos: hay que explicar este proyecto para el que ya estamos poniendo sobre la mesa medios concretos para su desarrollo.

Tenemos recursos formativos para niños, para jóvenes y para adultos. Y dentro de esa etapa, lo tenemos dividido en niveles para grupos que empiezan a caminar, para grupos que están viviendo un proceso de consolidación, o un proceso de maduración en la fe. Tenemos espacios de encuentro y de análisis y cursillos de acompañamiento, que es uno de los pilares para que todo esto tome consistencia. Materiales específicos para temas sociales que surgen, para hacer alguna campaña o alguna reflexión. Hace poco hicimos una sobre el tema de la dignidad de la persona.

Son elementos que también nutren el día a día de esa realidad. Y no lo estamos haciendo por libre, sino que lo estamos haciendo con el departamento de la catequesis la Conferencia, con el departamento de Juventud... Realmente son materiales avalados por la propia Conferencia Episcopal y al servicio de todos.

 

"Con todos y para todos". Nos quedamos con eso. Muchas gracias por venir a contarnos esta iniciativa y este ambicioso e ilusionante itinerario. Seguiremos hablando.

Gracias a vosotros.

 

 



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