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España
Deborah Chapman, sacerdote anglicana RD
Mi propia experiencia de ser diácono y luego sacerdote dentro de la Iglesia de Inglaterra ha sido la de llegar a ser la persona que Dios creó, cumpliendo con su voluntad para mi vida

(Cameron Doody).- "El modelo de lo que la Iglesia católica debe abrazar a la hora de asegurarse la plena participación de mujeres en la Iglesia". De esta forma elogió la tarde de este jueves Juan José Tamayo, en el Congreso de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII, a Deborah Chapman, sacerdote anglicana que actualmente desempeña sus labores en parroquias en Cataluña y Andorra. Un cumplido la veracidad del cual Chapman ha demostrado de sobra esta mañana en su intervención en el congreso, que ha versado sobre "Las Mujeres en la Iglesia Anglicana: Humanizando el Sacerdocio".

"El sacerdocio, tal como ha sido entendido por los cristianos de todo el mundo durante la mayoría de la historia de la Iglesia cristiana, no ha integrado a la humanidad en toda su plenitud", ha arrancado Chapman en su ponencia, y solo ha intensificado a partir de allí sus críticas a la desigualdad de género de la Iglesia. Institución que, ha afirmado, "ha favorecido pensar de Dios como masculino, relegando a las mujeres a una posición de seres menos que humanos", con nada más que la excusa de que Jesús se encarnó en forma masculina.

Pero como ha observado la sacerdote, el ser masculino no abarca la totalidad del ser humano, y he aquí una razón importante que explica la dificultad tremenda que están sufriendo todas las Iglesias a la hora de comunicar la fe en los tiempos y espacios en los que vivimos actualmente.

¿Cuál es nuestro contexto -nuestro lugar y nuestro tiempo- que necesitan que la Iglesia los evangelice? En primer lugar, ha afirmado Chapman, asistimos a "una seria desintegración estructural de la más básica de las relaciones: la que existe entre un hombre y una mujer en la comprometida relación de toda la vida". Desintegración para sanar la cual el sacerdocio femenino tiene algo importante que ofrecer, ya que la unidad en el matrimonio ofrece un modelo para "traer unidad al pueblo cristiano, y por medio de ello a la sociedad en general".

"Mi propia experiencia de ser diácono y luego sacerdote dentro de la Iglesia de Inglaterra ha sido la de llegar a ser la persona que Dios creó, cumpliendo con su voluntad para mi vida". Tras trazar en breve la historia de las mujeres ordenadas en la Iglesia anglicana -la cual se remonta hasta 1944- Chapman ha explicado que en el anglicanismo que le ha dado la oportunidad de vivir su vocación "es posible", teológicamente hablando, "retornar a periodos de la historia de la Iglesia antes de que se formularan algunas tradiciones, y allí encontrar conocimientos bíblicos que podrían parecer nuevas revelaciones de la voluntad de Dios en nuestro mundo, simplemente porque... nuestra conciencia no ha sido lo suficientemente aguda para observarlos" hasta un determinado punto en la historia.

Y ha sido esta perspicacia eclesial, ha añadido la sacerdote, la responsable de que haya ahora en su Iglesia "un sacerdocio que une tanto a los hombres como a las mujeres en una ordenación que modela y facilita lo que ha llegado a ser conocido como 'el sacerdocio de todos los creyentes'".

Pero no solo está en juego 'el sacerdocio de todos los creyentes' en la ordenación de mujeres: también lo está la unidad de las Iglesias. "Cuando cada persona considera que su propio punto de vista es tan válido como el de cualquier otra persona, la unidad que resulta de la reflexión en común y del consenso parece casi imposible de lograr", ha lamentado Chapman. Una desunión que se puede achacar a una teología preeminente que se ha basado sobre todo en culpar a la mujer por la caída de Adán y Eva del jardín de Edén, como si este episodio de la Biblia presentara el programa definitivo para las relaciones entre hombres y mujeres in secula seculorum.

"Gracias a Dios", no obstante, la caída no es el final de la historia, con lo que "nosotros también tenemos una decisión que tomar: entre vivir a la luz de la caida y sus consecuencias, o vivir a la luz de la redención de Dios en Cristo Jesús".

"Los cristianos somos llamados a vivir, y esa vida la tenemos a la luz de lo que Jesucristo ha logrado para nosotros en la cruz, y no en la oscuridad de las consecuencias de la caida", ha terminado diciendo Chapman. "¡Esto sí que es revolucionario!", ha aplaudido, porque "trastoca nuestro pensar acerca de la relación entre hombre y mujer", y "afirma el valor co-igual de personas creadas en la imagen de Dios". El punto de partida, ha concluido -el de la igualdad de hombres y mujeres- para que consigamos finalmente "humanizar el sacerdocio".

Movimientos de mujeres alrededor del mundo y cuerpos, sexualidades y derechos

Aparte de la intervención de Chapman, sobre las mujeres en la Iglesia anglicana, el congreso de la Asociación Juan XXIII también se ha acercado esta mañana a fenómenos tan diversos como los movimientos feministas en el mundo musulmán o las realidades de las mujeres en América Latina, África y España.

La programación del congreso continúa esta tarde con discusiones acerca de políticas corporales, tales como son los vientres de alquiler, la prostitución o la diversidad y disidencia sexual, este último fenómeno siendo una novedad, según Juan José Tamayo, en los congresos de la Juan XXIII. Esta previsto que la tarde terminará con la segunda ponencia magistral del programa, que tratará de "Cuerpos, sexualidades y derechos de las mujeres" y que correrá a cargo de Justa Montero, de la Asamblea Feminista de Madrid.