• Director: José Manuel Vidal
España
La Iglesia catalana y la independencia
¿Cuál es, o debe ser la voz de la Iglesia en esta crisis de convivencia? ¿Son los cristianos fuente de comunión o, por el contrario, germen de división? ¿Pueden ejercer los obispos, o el mismo Papa, la mediación entre los gobiernos de Rajoy y Puigdemont?

(Jesús Bastante).- ¿Y ahora qué? Esta es la pregunta que todos, creyentes o no, catalanes o del resto de España, nos preguntamos tras los acontecimientos vividos el pasado domingo. ¿Hay un antes y un después de la celebración del 'referéndum', de las cargas policiales, de la escalada de violencia verbal, de la probable proclamación unilateral de la independencia?

¿Cuál es, o debe ser la voz de la Iglesia en esta crisis de convivencia? ¿Son los cristianos fuente de comunión o, por el contrario, germen de división? ¿Pueden ejercer los obispos, o el mismo Papa Francisco, la mediación entre los gobiernos de Mariano Rajoy y Carles Puigdemont? Religión Digital ha preguntado a una serie de expertos, representantes de todas las corrientes existentes en la Iglesia catalana. A lo largo de estos días, les iremos ofreciendo algunas de las opiniones que, les aseguramos, no tienen desperdicio.

En esta primera entrega toman la palabra, y la propuesta, el sacerdote y experto en cine Peio Sánchez, párroco de la iglesia de Santa Anna, en Barcelona; la religiosa dominica argentina sor Lucía Caram; el abad del monasterio cisterciense de Poblet, fr. Octavi Vila; y el jesuita José Ignacio González Faus.

Todos ellos responden a tres preguntas muy concretas, y coinciden en condenar la violencia injustificada, al tiempo que abren la puerta a distintas propuestas de diálogo y negociación de cara al futuro. También, animan a que la Iglesia, bien a través de comunidades, bien a través de los obispos (catalanes y españoles) o, incluso, mediante la mediación del Papa Francisco, pueda contribuir a encontrar una salida a la crisis que se vive en Cataluña y España.

 

Estas fueron las preguntas:

 

1) ¿Cómo valora lo sucedido este 1-O?

2) Y ahora... ¿qué? (Expectativas, qué cree que va a pasar)

3) ¿Cuál debe ser la postura de la Iglesia católica?

 

 


Peio Sánchez.
Párroco de la iglesia de Santa Anna (Barcelona)


1.- La hora de la mediación
Proceso de agravamiento, vigilantes ante el horizonte de la tragedia
Tras el 1 de octubre las relaciones entre Cataluña y España siguen en una pendiente de deterioro creciente. Los resultados del referéndum emprendido por la Generalitat, con todas sus limitaciones e ilegalidad, indican que aproximadamente 2 millones de electores de los 5,5 millones de electores en Cataluña desean la independencia de forma inmediata, cifra que coincide con el sumatorio de JxSi y la CUP en las últimas elecciones al Parlamento Catalán. Estos electores representan cerca del 50 % de los votantes habituales restada la abstención, normalizada en torno a 1,5 millones. La opinión de entre 2 y 3, 5 millones de catalanes se desconoce, aunque sabemos que unos 245.000 de ellos están por el derecho a decidir, ya que han participado con votos "no", nulos y abstenciones.

La actuación policial ha sido a todas luces desproporcionada frente a la resistencia pacífica de los ciudadanos, dejando más de 800 personas heridas pasando por los hospitales, lo que supone la irrupción de la violencia física en el problema. La violencia introduce una novedad que apunta a la irreversibilidad del proceso.

 

2.- El escenario en este momento es grave aunque todavía no trágico. Dos síntomas apuntan en la dirección del agravamiento: la indignación que puede degenerar en brotes violentos y la incertidumbre que puede quebrar la economía y la forma de vida cotidiana.

La legalidad vigente, inamovible en estos últimos años de conflicto abierto, ha demostrado ser un marco muy limitado para resolver el problema. Los partidos políticos y los distintos gobiernos no han sido capaces de dialogar en una perspectiva de bien común. Por ahora, no se avistan líderes con carisma, capacidad de cesión y perspectiva amplia, aunque siempre es posible la conversión.

 

3.- La mediación papal y la aportación de las iglesias locales
La iglesia ha dado pasos importantes, aunque tardíos, en los últimos días, pero en este momento en que todos se cierran, resultan de gran valor y un ejemplo de entendimiento. La Declaración sobre Cataluña de la Comisión Permanente de la CEE es un paso en la mejor dirección de equilibrio y moderación aquilatada. La nota de la Conferencia Episcopal Tarraconense introduce una novedad, la oferta para la mediación: "La Iglesia quiere ser fermento de justicia, fraternidad y comunión, y se ofrece para ayudar en este servicio en bien de nuestro pueblo". Ambos posicionamientos dejan libertad de intervención a la Santa Sede.

El papa Francisco ha señalado en la última Jornada Mundial de la Paz, "Una ética de fraternidad y de coexistencia pacífica entre las personas y entre los pueblos no puede basarse sobre la lógica del miedo, de la violencia y de la cerrazón, sino sobre la responsabilidad, el respeto y el diálogo sincero". Estas claves podrían ser la base de intervención de la diplomacia vaticana. En este momento la aportación de una visión universal, las raíces cristianas de España y Cataluña y la experiencia contrastada en el cuidado de las formas suponen una ayuda a una mediación internacional más amplia. La mediación papal puede ser una buena aportación que resultará apoyada por amplios sectores.

El marco de la Unión Europea, con todas sus limitaciones, sería el lugar natural de esta mediación. La Iglesia Católica y otras organizaciones pueden ayudar a superar una distancia que podría llevar a otro nuevo fracaso de la Unión: no intervenir termina por desunir.

Estamos ante un conflicto en que las partes tienen que realizar cesiones dolorosas frente a sus electorados e intereses. La consulta pactada en Cataluña es un horizonte ineludible por la presión de una parte amplia y muy activa de su población. La forma y los plazos exigirán paciencia para los que desean una ruptura inmediata.

En cuanto a las iglesias particulares se trata de ir tejiendo una tela de pequeñas señales de salida. La moderación de los obispos ya ha causado enojo entre los fieles más beligerantes, cada uno los quiere en su lado. En este momento hay que aislar de tensión los extremos, cuando la cuerda se estira tanto. En necesario ampliar la trama de los que están dispuestos a ceder de los propios intereses en beneficio del bien común. Las creyentes se han de concentrar en la mediación, en ponerse en medio, incluso renunciando a la propia perspectiva.

La resistencia pacífica, de fuerte inspiración religiosa, que han mostrado en la desobediencia los partidarios de la independencia de Cataluña debe ser la mejor razón de su argumentario, sin la no violencia deja de sostenerse su crítica a la legalidad. Los partidarios de la independencia tienen que completar su aspiración convenciendo a una más amplia base de la población, que 2 millones hayan votado independencia ya, todavía no es suficiente ni ética ni democráticamente. Así que los creyentes independentistas han de mimar los instrumentos de paz y el diálogo para incluir en su proyecto a más personas.

La generosidad de los votantes de toda España, que ceden su derecho en favor del derecho de los habitantes de Cataluña a decidir sobre su destino, supone también un acto de confianza en el bien común más allá de unas fronteras concretas en un mundo cada más más interdependiente. La búsqueda solo del propio interés no es nunca una salida cristiana. Los creyentes de España tienen que profundizar en la disposición a dar libertad para participar en un proyecto de convivencia común.

En este sentido son importantes y necesarios los gestos de obispos, parroquias, congregaciones y movimientos para salir del silencio respetuoso y posibilitar diálogos. El signo de la reconciliación, los creyentes lo ponemos en Cristo más allá de fronteras, pueblos, territorios y banderas. Esta fuente de comunión nos obliga a una fraternidad con los diferentes. Los creyentes hemos de poner puentes alejando el rumor fácil, desterrando la palabra cargada de violencia y desactivando los fuegos emocionales.

 

 

 

Sor Lucía Caram, dominica contemplativa, Manresa

 

1.- Una jornada pacífica y democrática que se vio tristemente ensuciada por una actuación desproporcionada de los cuerpos de seguridad, que se convirtieron en cuerpos de inseguridad.
 
Con lo ocurrido, se dinamitaron puentes de diálogo y de entendimiento y se abrieron o ahondaron heridas.
 
Una jornada en la que más allá del posicionamiento que cada uno pueda tener libremente y que es respetable, nunca justifica la violencia. Y desgraciadamente fue una jornada llena de episodios de violencia y sangre.
 
Hubo una gran participación y el carácter de la jornada y los días que la precedieron eran siempre en tono festivo y de paz, llamando a responder de forma pacifica y a actuar en esa linea

 

2.- Deseo que haya una mediación. Que se encuentre algún organismo o persona externa, que sea capaz de ayudar a conseguir un diálogo y un consenso para avanzar.
Nunca he visto malos sentimientos hacia España, sino simplemente el deseo y el sentimiento de un Pueblo, que no se siente identificado con el Estado y que quiere emitir su opinión.

Hubiera sido deseable una consulta pactada. En democracia votar es normal, y faltó voluntad política. Espero que todo pueda resolverse en paz y que se supere todo lo que divide.

 

3.- La Iglesia debe responder si se pide oficialmente su mediación, y creo que aunque no se haya "predicado" ha habido un interés real y efectivo de acercar posturas para promover el diálogo.
 
La Iglesia debe fomentar la paz, el entendimiento y promover -como lo hace- la libertad de conciencia. Pero sobre todo la Iglesia debe acompañar, iluminar, tener una voz profética, y ser pacificadora.
 
El Papa Francisco es un gran mediador en conflictos que dividen a los pueblos, y su papel jugado en no pocos conflictos mundiales nos hablan de cuál es la misión de un pastor: iluminar, acercar posturas, promover el diálogo, ayudar a superar diferencias. Va mucho más allá de la política, pero debe promoverla en su mejor versión en aquellos que deben tomar decisiones.
 
La Iglesia, y los pastores, y aquellos que tienen  la misión de acompañar a las comunidades, deben acompañar al pueblo de Dios y trabajar para garantizar una vida digna y libre para todos.

 

 


fra Octavi Vilà Mayo, Abat de Santa Maria de Poblet


1.- Triste, la violencia aunque sea ejercida en nombre de la autoridad, no suele solucionar los problemas sino que los agrava. La sustitución de la política por la imposición de la autoridad por la fuerza, aunque tenga un origen legítimo, le hace perder gran parte sino toda su credibilidad.

Ciertamente no hubo referéndum en condiciones mínimas de validez, homologable, pero sí que los ciudadanos, un gran número de ellos anónimos, dieron una lección de pacífica participación en democracia. Ciudadanos que nunca, ni en una hipotética Catalunya independiente, serán ni ministros ni cualquier otro cargo político; ciudadanos que desde 2014 se manifiestan en paz y alegría, familiarmente, festivamente y cuyas aspiraciones son perfectamente legítimas y deben ser escuchadas como todas las demás.

 


2.- El futuro es incierto, preocupante y peligrosamente incierto. Debería imponerse de una vez por todas el dialogo, encontrar vías de solución al encaje de Cataluña con una España que acepte su diversidad y su singularidad, en especial la lengua, vías aceptadas por ambas partes. El marco constitucional es suficientemente amplio, si es necesario con reforma del texto, para encontrar una solución de consenso que permita avanzar; es posible hallarlas si se desea verdaderamente encontrarlas; algunas personas "padres de la Constitución" las han apuntado.

La situación a partir de 1975 era bastante más difícil y se encontraron caminos para avanzar, se pasó "de la ley a la ley", de las leyes fundamentales de una dictadura a una constitución, siempre mejorable cierto, fruto de un momento concreto, también cierto, pero democrática al fin.

Ahora debería ser igual, requiere esfuerzo y alguna cesión, pide de gente parecida a Suárez, Carrillo, Tarradellas, Tarancón, Felipe González, Gutiérrez Mellado o el mismo rey Juan Carlos, cuyo papel parece ahora olvidado por errores personales posteriores; gente que miren al futuro y no solo los intereses electorales inmediatos.

Por una parte en Cataluña una declaración de independencia unilateral, moralmente legítima, sólo sería posible con un respaldo electoral ampliamente mayoritario del electorado, muy amplio que hoy todavía está lejos de darse; por otra parte desde España no ofrecer soluciones alternativas ante un problema que existe y que no se soluciona solo con decisiones judiciales, enquista la situación y puede acabar por producir que una mayoría cada vez mayor de catalanes se incline a favor de la independencia.

A raíz del origen del problema, la declaración de inconstitucionalidad de gran parte del articulado del Estatut de 2010, el presidente Montilla habló ya de la desafección de los catalanes respecto a España; esta no ha hecho sino aumentar durante estos años.

 

3.- En primer lugar orar y trabajar para que sobre todo se mantenga el clima de paz social y se evite fracturar la sociedad catalana, pero también la española corre ese riesgo. En segundo lugar plantear la vía del diálogo como único camino, como han hecho la misma Conferencia Episcopal Española y los obispos catalanes con gran acierto. La Iglesia no opta, no debe optar nunca, por posturas políticas concretas, por soluciones concretas; por eso nos toca pedir con toda humildad diálogo para que sea de la ciudadanía y de sus legítimos y democráticos representantes de donde surja la solución. Para la Iglesia todas las soluciones son correctas si son moralmente aceptables, fruto del diálogo democrático y del consenso y de desarrollan en un marco de paz y convivencia. Por eso oramos.

 

 

 

José Ignacio González Faus, sj., teólogo

 

1.- Simplemente desastroso. Pero, por decirlo con la letra de un corrido mexicano: "lo que tenía que pasar, pasó". Cuando hace poco publiqué aquí un escrito titulado "A los muertos del 1 de octubre", quise decir que algo de eso tenía que pasar. Por suerte no son muertos; pero 800 heridos no son como para quedarse tranquilo. España y Cataluña han estado guiadas por ciegos. Y se ha cumplido el aviso evangélico sobre los guías ciegos que acaban llevando a un pozo. Puigdemont no sabe nada de la denuncia de "Periodistas sin fronteras" sobre "continuas presiones del Govern sobre la prensa extranjera y local y hostigamiento de hooligans contra periodistas críticos, e intimidación por multitudes de manifestantes contra los reporteros de televisión, creando una atmósfera tóxica contra la libertad de prensa". Y Rajoy no sabe nada de unas acciones de la policía que han sido denunciadas por la misma Comisión europea. Así, para decirlo de manera grotesca quiere ponerle un DIU a la DUI y se le queda embarazada. ¡Buen trabajo!

Ojalá no haya que añadir: ciegos culpables. Porque Rajoy sabe que necesita el apoyo de la extrema derecha franquista, sin la cual no tendrá votos para gobernar. Y Puigdemont sabía que necesitaba víctimas y ganar la batalla de la imagen, para que el independentismo superase el 50% de votantes.

He tenido que enfrentarme en la vida con varios casos de matrimonios que se rompían. Oyendo la versión de cada uno de ellos me quedaba con la impresión de que se trataba de dos matrimonios distintos. Pero ¡era la misma pareja! El domingo, en boca de Rajoy y de voces del Govern catalán, escuchamos dos vidas de santos que resultaron ser dos "autobiografías" donde en cada lado estaba todo el bien sin mezcla de mal alguno, y enfrente sólo el mal absoluto.

 

2.- Sólo veo dos posibilidades:

1.- Una declaración unilateral de independencia que haría perder a Cataluña esa batalla de la imagen que ganó el domingo, "muriendo de éxito" como dijo una vez Felipe González. Con palabras de Artur Mas, "si no te reconoce nadie, las independencias son un desastre". Está bien cantar aquello de "we shall overcome one day", pero si lo convertimos en we sahll overcome today" podemos ir al suicidio. Y Puigdemont nunca ha avisado a aquellos votantes bondadosos y sonrientes, de peligros como éstos: quedar fuera de la UE: porque en ella casi todos los países tienen en su Constitución lo mismo que España respecto a los separatismos; y Francia no querrá tener problemas con Córcega, ni Italia con la Padania, ni Alemania con Baviera. Y porque para entrar en la UE hace falta el voto de todos sus miembros y España no lo dará. O ¿con qué moneda cuando se está fuera de Europa o qué poder va a tener un euro en un país que no está en la UE? O la posible marcha de muchos empresarios porque Cataluña exporta a España más que al resto del mundo. Para no hablar de que, en la España del PP, ya hay quienes piden llevar a cabo aquel trasvase del Ebro que intentó hacer el gobierno de Aznar y que entonces se impidió, para dejar a Cataluña sin agua... Dios no lo quera.

2.- La otra hipótesis es hacer por fin lo que debería haberse hecho hace años: crear varias mesas de diálogo sereno, serio y público, para llegar a un referéndum legal, en el que además estén muy claras las consecuencias de cada opción, y no se ofrezcan falsos paraísos que lamentaríamos luego. Y si no las crea el gobierno, que nazcan de la sociedad civil. Por ejemplo:

- Diálogo entre juristas para determinar qué posibilidades hay para un referéndum dentro mismo de nuestra Constitución. La interpretación del Gobierno no es la única y algunos opinan de manera distinta. Curiosamente, hay constitucionalistas catalanes que están por la posición del gobierno (F. de Carreras) y otros españoles que están por la contraria (Herrero de Miñón).
- Diálogo entre economistas que determine las consecuencias de cada opción, sin hablar de la futura Cataluña independiente como de una Arcadia feliz, engañando al pueblo en favor de las propias pretensiones. Un deporte al que los políticos son muy aficionados

- Diálogo entre políticos para dejar bien claras las condiciones y consecuencias de una independencia, respecto a los problemas que antes he apuntado, de pertenencia a la UE y demás...

- También un diálogo entre politólogos y teólogos para determinar el alcance exacto de todas las declaraciones (de la ONU y de la Iglesia Católica) sobre el derecho de los pueblos a decidir su independencia: si se refieren sólo a las colonias en otro continente (que existían cuando se redactaron esas enseñanzas) o también a partes de un mismo territorio y de qué modo. Porque curiosamente se apela mucho a estas declaraciones, dándoles siempre la interpretación que conviene a cada parte.

 


3.- Esta vez es muy difícil. Diga lo que diga recibirá grandes ataques porque los sentimientos están ahora en plan de: "totalmente conmigo o totalmente contra mí". Por eso ha de procurar que esos ataques le vengan por defender el Evangelio y no algún interés propio. Pues lo que el futuro juzgará de la Iglesia es si ha sabido proclamar grandes valores y denunciar cuando no se cumplían. Por ejemplo: el respeto y la no violencia que brotan de la fraternidad universal entre los hijos de Dios. En este sentido:

- Debe denunciar la actuación de la policía el domingo 1, aunque la culpa de esas violencias quizás no estuviera en los mismos policías (¡pobres de ellos muchas veces!) sino en quienes los forzaron a actuar así.

Debe denunciar que nombres como Isabel Coixet, Juan Marsé, J.M. Serrat, Jordi Évole, A. Boadella, X. Vidal-Folch, Angels Barceló, J.A. Durán i Lleida o J. Coscubiella y otros muchos, sean tildados de malos catalanes o catalanes no auténticos, fascistas o traidores, simplemente por pensar como piensan y decir lo que piensan. Denunciar por eso el clima de silencio miedoso que impera ahora en buena parte de Cataluña.

Debe denunciar la falta de imparcialidad y universalidad en los medios de comunicación cuando ésta se dé. Pero, para poder hacer eso, ha de evitarla rápidamente si esos medios son propios.


Esto en sentido negativo de denuncia. En el sentido positivo de anuncio, debería fomentar una espiritualidad cristiana que cure los sentimientos heridos, con los cuales es imposible el diálogo. Una de mis plegarias favoritas es pedir a Dios: "purifica mi corazón" (cuando más tiempo lleva uno en eso de querer ser cristiano, más cuenta se da de cuántas impurezas le van quedando en el corazón, que antes quizás no veía). Creo que algo así debería rezarse durante un buen tiempo, en todas las iglesias de Cataluña y del resto de España. Porque, como dijo muy bien Eduardo Mendoza en El País, las heridas en los sentimientos son de las más difíciles de cicatrizar. Y en estos momentos hay en Catalunya sentimientos profundamente heridos, por un lado y por el otro.

Debe enseñar además que ni la unidad ni la división de España (por más que muchos las quieran con toda su alma), son verdades teológicas ni morales. La moral empieza a la hora de poner los medios para eso. Y por tanto, proclamar que sólo el "fin último" de nuestras vidas justifica todos los medios, como dice san Ignacio en los Ejercicios: ante el fin último es "indiferente pobreza que riqueza, honor que deshonor, vida larga que corta". Pero creer que un fin bueno y legítimo justifica también todos los medios es ponerlo como "fin último", y pecar así de idolatría. No soy el primero que dice que el sentimiento patrio es de los más tentados de convertirse en idolatría, después de la pasión por el dinero.

Finalmente creo que debería trabajar entre bambalinas (como ha hecho a veces el papa Francisco) para ir consiguiendo esos diálogos a que me referí en la pregunta anterior. Y por aquello de que hoy está vigente que las religiones trabajen todas juntas por la paz y la justicia, añado algunos principios de espiritualidad, del libro más extendido por todo el mundo después de la Biblia, y que he citado en otro sitio:

"Si un gran país puede rebajarse a sí mismo ante un país pequeño, lo ganará. Si un pequeño país se rebaja ante un país grande, lo ganará. El primero ganará inclinándose, el segundo permaneciendo humilde.
La mejor manera de conquistar a un enemigo es ganarle sin enfrentarse a él.
Considerar nuestra ignorancia como conocimiento es una enfermedad mental.
Quien es valiente de manera temeraria perecerá; quien es valiente sin temeridad, sobrevivirá... El camino del cielo es conquistar sin luchar, dar respuestas sin hablar, atraer a la gente sin llamar, actuar conforme a los planes sin premura...
¿Por qué es el pueblo difícil de gobernar? Porque los de arriba intervienen demasiado y sirven a sus intereses personales. ¿Por qué es el pueblo difícil de gobernar y se toma la muerte a la ligera? Porque los de arriba llevan una vida lujosa.
Mis palabras son muy fáciles de entender pero muy difíciles de practicar"

(Tao te King, 61, 68, 71, 73, 75, 70).