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España
El cardenal Omella, en la Fundació Pere Tarrés Esglesia Barcelona
Desde aquí hago mi adhesión pública, personal y de todas las Archidiócesis, a la Constitución Española, que surgió del afán de concordia y reconciliación entre todos los españoles y de anhelo de libertad por parte de todos

(Jesús Bastante/Diócesis de Valencia).- "¿Creéis que es normal que se ayudara a los bancos a salir de esta crisis y ahora produzcan beneficios sin dar nada a la sociedad? Eso es pecado, porque los bienes han de ser para la sociedad, no para nosotros". Simple y rotundo, el cardenal de Barcelona, Juan José Omella, ha criticado que la Banca no devuelva a la sociedad lo prestado tras el rescate.

En una conferencia en el Fòrum Social Pere Tarrés, el purpurado ha instado a los partidos políticos a que dejen sus enfrentamientos y miren "por el bien común". En este sentido, Omella ha abogado por "detener las desigualdades sociales y la corrupción", porque unas condiciones de vida dignas para todos "son necesarias", y ha reclamado a los condenados por corrupción que "pidan perdón y devuelvan el dinero".

Asimismo, ha apelado a la necesidad de "estar atentos a la realidad y necesidades de los otros" para impedir "que se globalice la indiferencia: el hombre es un hermano, no un lobo", según el cardenal, quien ha recordado que medio millón de trabajadores están en situación de pobreza en Cataluña, por lo que ha agradecido a las entidades sociales, en especial a la Fundación Pere Tarrés, el trabajo que hacen "para los más excluidos de la sociedad".

 

 

Por otro lado, el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, ha afirmado, sobre la reforma de la Constitución, que "seguramente algunos puntos podrían ser perfilados un poco más, pero los principios en que se asienta son básicos y difícilmente reformables".

"No hemos de olvidar que la Constitución proclama el principio de libertad religiosa, no el principio de laicismo. La libertad religiosa debe respetarse entera y absolutamente", apuntó el cardenal, quien vio la Constitución como "fruto maduro de una voluntad sincera de entendimiento y como instrumento en primicia de un futuro de convivencia armónica entre todos".

"Desde aquí hago mi adhesión pública, personal y de todas las Archidiócesis, a la Constitución Española, que surgió del afán de concordia y reconciliación entre todos los españoles y de anhelo de libertad por parte de todos. En su base estuvo el ánimo de llegar a un texto fuese de todos, y subrayo todos, no de unos frente a otros o sobre otros, algo que fue el fracaso de las anteriores Constituciones de España", ha resaltado.

"Tanto un principio, la unidad de España, como el otro, la dignidad de la persona y sus derechos inalienables, son por sí mismos anteriores a la misma Constitución y forman parte integrante del patrimonio cultural y moral que nos configura como personas y como pueblo. El consenso con el que se elaboró no creó ni esos derechos, porque son fundamentales, ni constituyó un pacto en virtud del cual se fragua la unidad de la nación que es España. Ambos aspectos pertenecen al orden previo sobre el que asienta el orden político, un orden moral que se sustenta sobre la verdad. Quebrar esto significaría violar también el orden moral".

"La crisis que padecemos en España tiene mucho que ver con la crisis de la verdad, con el conflicto de autodeterminación absoluto que algunos propugnan, hasta considerarla como algo indiscutible, como una fuerza autónoma de autoafirmación, ciertamente insolidaria, incluido a juzgar las cosas según los propios intereses y con voluntad de poder que se impone sobre los demás, es uno de los problemas principales a mi entender con los que, a casi cuarenta años de Constitución nos enfrentamos", añadió.

"Con los límites que puede tener nuestra Constitución, incluso en el desarrollo del articulado donde se explicitan los principios o fundamentos de toda ella, y más todavía en ciertos desarrollos legislativos o en estados de opinión que se han creado, nuestra Constitución en sus mismas bases respeta y se asienta en ese vínculo de verdad-derechos-libertades. Por eso hago mías las palabras de una instrucción pastoral de la Conferencia Episcopal Española sobre el terrorismo que decía: Pretender unilateralmente alterar este ordenamiento jurídico en función de una determinada voluntad de poder local o de cualquier otro tipo es inadmisible. Es necesario respetar y tutelar el bien común de una sociedad pluricentenaria. Sólo así seguiremos respetando nuestra Constitución, todavía muy joven, que exige de todos concordia, unidad y paz social. De otra suerte la conduciremos -si no se está haciendo ya- por los caminos de la desintegración de la sociedad pluricentenaria que es España".